Fausto Altamirano, del arte plástico al diseño de alta costura

Un amante de los colores, de la luz y las curvas de la mujer, para deslizar sus diseños bañados en cristalerías, joyas y horas de dedicación. El diseñador de modas ecuatoriano Fausto Altamirano (Guayaquil, 19 agosto 1975) tiene una trayectoria de 22 años, de colecciones y trajes exclusivos a quienes tengan una “personalidad y fuerza”.

De padre arquitecto y madre diseñadora de modas, este artista multifacético encontró rápidamente la respuesta a sus inquietudes artísticas sin mayores esfuerzos. Sus prendas han sido utilizadas por celebridades como Britney Spears, Jennifer López o París Hilton. Hasta Miami, Nueva York, Ciudad de México, Las Vegas y Londres se venden sus vestidos.



“Las mezclas de mis diseños son algo colorido. Es que así somos los latinos. Somos luz, vibra. Así nos miran en el mundo. En Estados Unidos nos ven con un alma muy colorida. En eso se basan mis diseños, con muchos colores y animales”, cuenta el artista a Revista Mundo Diners vía Zoom desde Guayaquil.

En su viaje de memoria al pasado, Fausto Altamirano se recuerda como un niño inquieto. La pintura y la plastilina tranquilizaron sus travesuras. Estudió en el colegio municipal de Bellas Artes de Guayaquil. Convencido de su vena artística. Dibujar cuerpos fueron sus primeras lecciones.

Fausto Altamirano moda
Fausto Altamirano. Foto: cortesía.


“Siempre quise ser artista, desde que tengo uso de razón. Siempre estuve buscando donde estudiar pintura. Estuve en un concurso de la municipalidad de Guayaquil para jóvenes artistas”, dice.

A los 17 años de edad, deja Ecuador y estudia en la Universidad Internacional de Arte y Diseño de Miami. Rápidamente, consigue un primer trabajo como diseñador de la marca Harley Davidson, personalizando motocicletas con sus creaciones.

Del arte plástico al diseño de modas


Poco tiempo después, ayudó a su madre Nora Garay a sujetar y bordar intrincados detalles de encaje en vestidos de novia de la marca Versace. Esa experiencia despertó el alma de diseñador de modas de Fausto. A partir de 1997, ser artista plástico ya no fue su prioridad.

De hecho, los diseños de Gianni Versace y Roberto Cavalli ejercieron una fuerte influencia en las primeras colecciones del artista guayaquileño.

A inicios de 2001, establece su primer local en Miami, bajo la marca ‘Baccio Couture’. ‘Bacio’ significa ‘beso’ en italiano. Un nombre grande y atractivo que descubrió en un diccionario. Se ha convertido en su hijo predilecto. Tanto, que tiene este nombre tatuado en su antebrazo derecho.

Define sus colecciones como ‘pinturas’. Empezó con encajes franceses, con características strecht (ajustados) o spandex, con cristalería de la marca austríaca Swarovski. Cada pieza original, sin parecerse una a la otra.

Al pasar los años, sus exclusivos diseños cambiaron con otras experimentaciones, con el uso de pinturas metalizadas, silicone, sedas italianas con sublimación y cristalería. Un elemento que nunca faltó por supuesto.

“Yo pongo la tela, pongo joyerías o medallones encima. Me pregunto si queda o no queda. Lo cambio. Vamos a darle opciones a esta pieza. Comienzo a jugar con todo. Para mi, es importante tener todos los accesorios sobre mi mesa y así poder jugar con todo”. Un proceso creativo que repite casi a diario, señala.



Su taller se ubica actualmente en la localidad de El Doral, en Miami. Su equipo tiene 10 miembros. Se declara como un workaholic, es decir, un adicto al trabajo. Alcanza a producir entre 20 a 30 piezas al día. Dedica hasta 14 horas al día a su jornada laboral. “Incluso en mi estudio tengo donde descansar. Cuando se me prende una idea, no me acuesto hasta acabarlo (risas)”.

‘Chloe Collection’ es el nombre de su más reciente colección estrenada en septiembre de 2022. Se caracteriza por el uso de tela tipo scuba, cristalería y pinturas, que busca realzar las figuras curvilíneas de la mujer. Incluye 40 diseños en total, con una amplia gama de colores vivos.

Esta línea está “dedicada a la mujer Bond, a esas empresarias que no necesitan un hombre al lado para verse bellas”.

El período de confinamiento por la pandemia de covid-19 se convirtió en su mayor reto. Toda su producción se detuvo. Se reinventó y creó mascarillas, de varias capas lavables y cristalería. A partir de allí, se desafió a expandir su proceso creativo a los diseños de trajes de baños. Y funcionó comercialmente. Fue “un boom”, dice convencido.

A mediados de 2022, Fausto Altamirano abrió su primer establecimiento en Ecuador, específicamente en Guayaquil. Quito será su próximo desafío artístico y comercial.

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