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Mundo Diners al día

La espada sobre el trono

por Jorge Ortiz

Damocles fue rey de Siracusa durante un día. Por la noche, cuando se retiraba a los aposentos reales, vio algo de lo que nunca se había percatado: sobre el trono pendía una espada pesada y afilada, sujeta tan sólo por una hebra de la crin de un caballo.

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Sobre el trono de Dionisio II colgaba una espada sujeta por la una hebra de la crin de un caballo.

Su corte era, por aquellos tiempos, una de las más espléndidas y suntuosas del mundo griego, con un soberano, Dionisio II, cultor del lujo, los placeres y la buena vida, que gobernaba con rudeza y sin concesiones. Su comedor estaba siempre lleno de manjares y en sus habitaciones nunca le faltaban las mujeres hermosas. Muchos de sus súbditos lo odiaban, todos le temían y unos cuantos lo admiraban y lo adulaban. Uno de sus aduladores, el más constante, se llamaba Damocles y, por su persistencia y cercanía, se había ganado la confianza del rey.

Valiéndose de esa confianza, una mañana Damocles se atrevió a pedirle a su soberano un favor especialísimo: “déjame ser rey por un día, porque anhelo sentir lo que es tener poder”. Dionisio, sorprendentemente, accedió, por lo que Damocles se convirtió, por un solo día, en rey de Siracusa. Los ministros y los militares le hicieron reverencias, los sirvientes lo colmaron de atenciones, los cocineros le prepararon exquisiteces, comió y bebió en abundancia y, satisfecho, decidió retirarse en buena compañía a los aposentos reales. La leyenda no cuenta qué hacía, entretanto, Dionisio.

Lo que la historia sí cuenta es que por entonces, siglo IV antes de Cristo, Siracusa, en Sicilia, era una de las más notables polis griegas del mar Mediterráneo. La había consolidado Dionisio I, quien durante su reinado, entre los años 405 y 367, enfrentó la influencia de Cartago y la doblegó, con lo que convirtió a su parte de la isla en una polis destacada de la Magna Grecia. A su muerte, en el año 367, tal vez envenenado, lo sucedió su primogénito, Dionisio II, quien no tenía ni el arrojo ni las dotes políticas de su padre, por lo que pronto comenzaron las insatisfacciones y las conspiraciones.

Dion, el tío expulsado

Dedicado a la complacencia y los deleites, mientras descuidaba los temas de Estado, Dionisio II quebró las arcas públicas. Cundieron entonces las protestas, porque la pobreza se extendía y los negocios naufragaban. Como tirano que era, el rey respondió con represión y violencia. Para impedir un desastre, su tío, llamado Dion, hizo ir a Siracusa a Platón, quien vivía en Atenas, con la esperanza de que la guía sabia del filósofo hiciera de su sobrino un hombre educado y un gobernante virtuoso. Pero todo fue en vano: Dionisio expulsó de la ciudad a su tío y le confiscó sus bienes.

Dion, desterrado, organizó un ejército, armó una expedición y volvió a Siracusa dispuesto a deponer a su sobrino y restaurar la prudencia en los asuntos del gobierno. Lo logró, pero su reinado fue efímero. En 346 Dionisio recuperó el poder y, con la soberbia desatada tras un largo exilio, volvió al gasto desenfrenado y la vida licenciosa. Sus excesos se volvieron legendarios, también la creciente oposición de sus súbditos, quienes al final lo derrocaron en el año 344, aprovechando la invasión a Sicilia del general griego Timoleón. Dionisio huyó, se refugió en Cartago y murió en la pobreza.

Fue alguna mañana durante los diez años del primer reinado de Dionisio II, entre 367 y 357, cuando Damocles le pidió que le dejara ser rey por un día. Y, en efecto, lo fue y lo disfrutó. Por la noche, cuando se retiraba en buena compañía a los aposentos reales, vio algo de lo que nunca se había percatado: sobre el trono pendía una espada pesada y afilada, sujeta tan sólo por una hebra de la crin de un caballo. La leyenda no dice cómo reaccionó Damocles. Pero esa espada, la espada de Damocles, pervivió para siempre como un recordatorio del peligro que siempre acecha a quienes detentan el poder.

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Acerca de Jorge Ortiz

Ha sido periodista y corresponsal internacional, articulista, presentador de noticias, entrevistador y colaborador de la revista Mundo Diners, además de autor de cuatro libros de relatos históricos.
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