Espacio Pueblo, una galería rural de arte contemporáneo

Imagina una galería de arte contemporánea, abrazada por un cálido bosque y rodeado del aroma del eucalipto. Espacio Pueblo abre esa posibilidad visual de despertar frente a decenas de obras ecuatorianas en diferentes soportes. Un hospedaje con mucho carácter contemplativo y único.

A 40 minutos de Quito, el turismo se combina entonces con esta ‘galería rural’, ubicada en la parroquia Amaguaña (cantón Quito).

El sonido a baja frecuencia de las aguas del cercano río San Pedro, más de 100 piezas artísticas (en su mayoría pinturas) y las diferentes áreas abiertas brindan un espacio ideal para la creación, la meditación o retomar libros olvidados por la rutina caótica citadina.

Revista Mundo Diners recorrió esta particular galería de la mano de su gestor: el fotógrafo, periodista y coleccionista de arte Édgar Dávila Soto (Quito, 1988).

Él abre sus brazos para recibir con la energía más calurosa a sus visitantes. Cada detalle cuenta. Desde su recibimiento en un gran portón entre las calle Antonio José de Sucre y Pasaje Sucre, su guía para contar la historia de cada cuadra hasta encender velas aromáticas en cada rincón.

En el siguiente video, este comunicador/artista explica de dónde surge su idea de crear una experiencia que une lazos familiares, turismo campestre, talleres de medicina y por supuesto: arte ecuatoriano.



Édgar se conectó a la fotografía desde muy pequeño, bajo influencia de su abuelo materno, quien era médico y aficionado a tomar imágenes de todos sus viajes. A la par, creció rodeado del campo, compartiendo con su familia en diferentes propiedades en la provincia de Pichincha.

El confinamiento por la pandemia de covid-19 se convirtió en una oportunidad para escapar de ese encierro en medio de la selva de concreto. Una amiga cercana dio pistas de una casa inhabitada en Amaguaña. Édgar contactó a los dueños (familia Falconí) para crear un proyecto para ofrecer diversos talleres al aire libre en medio de la emergencia sanitaria. Allí también nace la iniciativa de ofrecer hospedaje.

“Tuvo tanta potencia y a la vez me siento tan confortable en este lugar que decidí seguirlo yo solo como un espacio propio. Pese a la pandemia, tuvimos muchas visitas, incluso de personas del extranjero, como de Japón o Inglaterra. Hay gente que viene en familia o algunos que vienen a pasarla solo, caminar por la montaña”, cuenta.

El nombre de este lugar está influenciado de la obra ‘Casa Pueblo’, del artista uruguayo multidisciplinario Carlos Páez Vilaró (1923-2014).

Édgar vive en Espacio Pueblo desde junio de 2020. La casa se construyó desde hace unos 24 años con materia prima local. Posee dos pisos, cuatro espaciosas habitaciones, tres baños, una sala con chimenea, dos grandes patios y un par de senderos alrededor. Para el artista, la cocina de Espacio Pueblo es el núcleo que unifica todas las áreas.

En la cocina empieza este camino visual al autocuestionamiento, la búsqueda de nuevos recursos que sorprendan, a nuevos mensajes de ida y de vuelta entre cada pieza y el espectador (esto podría llevar horas o días enteros).

Cada sala te lleva a otra. Si tienes un cafecito o té de manzanilla a la mano, mucho mejor. Los balcones funcionan como paradas atemporales. No hay televisores, radios ni conexión directa que te lleve a la distracción mundana (no te preocupes, sí hay WiFi). Lo que importa es que aquí puedes reconectar con tu familia o, mucho mejor, contigo mismo.

Cualquier turista puede tomar a Espacio Pueblo como una parada temporal. Desde aquí, se pueden visitar destinos locales como la Cascada del Fuego, las piscinas de Cachaco, el Refugio de vida Silvestre Pasochoa, el Parque Nacional Cotopaxi o el Refugio Ecológico Molinuco.


Espacio Pueblo: conexión con el arte


Desde 2014, Édgar inició proyectos fotográficos de registro junto a artistas contemporáneos desde sus talleres.

En ese momento nació “la chispita” de realizar trueques con sus aliados artísticos. Intercambiar sus fotografías por pinturas, bordados, esculturas, origamis o cartulinas de sus amigos. Así fue creciendo una colección de arte muy personal, que transmite diferentes tipos de fuerza, tiempos y mensajes.

Espacio Pueblo alberga obras de artistas nacionales e internacionales como Rocío Soria, Francisco Maldonado, Olga Dueñas, Mugre Diamante, Alice Bossut, David Cevallos, Pepe Pistolas, entre otras decenas más. Incluso, el mismo Édgar deja entrever en algunos rincones de la casa sus piezas fotográficas, especializadas en su visión de ángulos arquitectónicos.

“Y sigo coleccionando. Es uno de los motores de mi vida. Al final, mi profesión es solo parte de mi vida, coleccionar me motiva mucho también”.

Desde talleres de cerámica, gastronomía, ungüentos medicinales hasta la confección de títeres se imparten en Espacio Pueblo, con profesionales en cada rama.

Hasta seis huéspedes de forma simultánea alberga Espacio Pueblo. La estadía se puede extender desde un día hasta meses completos. Cada experiencia es personalizada, bajo acuerdos previos.

Reitero, el olor a árboles de eucalipto queda impregnado en las fosas nasales. El enriquecimiento sensorial llega desde todas las direcciones. Lo vibracional se mezcla con lo simbólico, para alejarte del frenesí caótico de Quito.

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