Pepe Pistolas, el escultor

Pepe Pistolas tiene un millón de cosas por decir. A Pierre Durand Pusdad (Guayaquil, 20 septiembre 1988) se le conoce en las esferas artísticas con ese nombre: ‘Pepe Pistolas’. Es un escultor que transforma chatarra en enormes figuras relacionadas con temas sociales o personajes pomposos casi extraídos de la ciencia ficción.

Su taller se ubica en el centro cultural El útero, en pleno barrio de La Mariscal en Quito. Desde la entrada, una enorme araña de metal en la puerta crea presentimientos de lo que se verá después.

Una planta carnívora, un escarabajo con enormes dientes. Un ángel giratorio y otras estatuas móviles. Todo hecho con hierro, aluminio o metales de diferentes clases. En este espacio, el tiempo transcurre más lento. Aquí, se siembran las ideas de un artista que construye, aunque para eso siempre debe existir destrucción.

Revista Mundo Diners conversó con Pepe Pistolas en medio de su caos ordenado. Bajo la mirada de su escultura titulada ‘Hombre orquesta’. Del otro lado, un gigante tótem creado en colectivo junto a jóvenes entusiastas. Herramientas, cascos para soldar, sobras de su materia prima.

En el siguiente video, señala su postura hacia el obligatorio impacto emocional que debe tener cualquier tipo de arte. También, describe alguna de sus obras y responde sobre sus sueños a cumplir:

Pepe Pistolas nació en Guayaquil, pero a los 12 meses su familia llegó a Quito. Creció en la parroquia de Carcelén. No viene de una familia de artistas.

Desde los 12 años de edad trabajó como cocinero, barman o mesero. Él tenía (y tiene) un enorme gusto por la música punk. En este tiempo, su principal expresión era transmitida al tocar el bajo en algunas bandas locales.

Su padre Jean Pierre era de origen francés. Pepe partió a sus 18 años a Francia, gracias a su doble nacionalidad, para estudiar y convertirse en un buen sommelier. En la búsqueda de su independencia, trabajó como mesero profesional y ahorró algo de dinero.

Sin embargo, al año y medio regresa a Ecuador. En este contexto, el artista cuenta que nunca se sintió inspirado por ningún artista ecuatoriano en ese período de su vida. Inmediatamente, su curiosidad lo lleva a Argentina. Allá estudia maquillaje y efectos especiales, guiado en las enseñanzas de un amigo cercano. Luego regresa a Francia, determinado a culminar sus estudios sobre vinos.

La ciudad de Bordeaux fue el entorno preciso para cambiar su vida. Allí conoció en la gran plaza pública de Les Vivres de l’Art las enormes esculturas de metal del reconocido escultor francés Jean-Francois Buisson. Durante un año, el artista francés le abrió las puertas de su taller para aprender su oficio, ser su asistente y encargado del taller. Pepe estaba encantado de trabajar incluso gratis.

“Durante mis horas extras, a partir de las seis de la tarde hasta las tres de la mañana, creo mis primeras obras. Luego de 3 años, Jean me propone hacer una exposición llamada chúpamel art“, recuerda.

Al poco tiempo, cuando tenía 21 años perdió a su padre. La tristeza le derrumbó las ganas de continuar sus estudios y aprendizaje sobre escultura en Bordeaux. Solo tenía fuerzas para trabajar y sobrevivir.

Buisson le ofrece una segunda oportunidad en su taller. Pepe acepta. Casi ocho años en total permanece el ecuatoriano allí con un sueldo fijo. Nace su pasión por esta disciplina y crea su propio concepto del arte, la importancia de la colectividad y el rol de los talleres creativos.

A finales de 2012, exhibe por primera vez algunas de sus creaciones, en pequeños formatos hechos de metal. Por esos días nace su apodo artístico: Pepe en vez de Pierre. ‘Pistolas’ por sus primeras piezas realizadas y vendidas desde el taller de Buisson, alusivas a diversos modelos de armas de fuego. Solo su madre o amigos muy cercanos le dicen Pierre.

“Me puse a hacer muchas pistolas y las vendía. Así empezaba a hacer mi dinerito extra. Trabajaba hasta las tres de la mañana todos los días. Dormía en el taller. Hasta que Jean-Francois me dice que exponga. Me pagaba para que hiciera mi obra. Así hice muchas de mis ‘armas de paz’, como juguetes o moledores de café. Y así vendí todo lo de mi expo”, recuerda.



Pepe Pistolas: “porque me da la gana”

El proceso creativo de este escultor comienzo por el caos, dice. No hay horarios, justificación o cronologías. Solo necesita expulsar lo que necesita declarar a la sociedad. Se enorgullece de carecer de estudios académicos artísticos que, probablemente, le puedan haber causado sesgos inconscientes.

“Mi proceso creativo nace de lo que me haga falta y de crear. De simplemente cicatrizar plasmar algo para sentirme tranquilo (…) si hubiera estudiado tuviera una mente tan cuadrada donde tendría que hacer las cosas por una razón, porque se vea bonito o parecerme a alguien. Hago esto porque me da la gana”, comenta, mientras bebe café. Añade que es “muy cafetero”.

Además de hacer pequeñas y grandes esculturas, Pepe se dedica a la cerrajería de alta gama. Una forma de asegurar sus ingresos económicos. Su materia prima la obtiene de donaciones o compras al por menor de chatarra para culminar una pieza, sea acero inoxidable, hierro forjado o aluminios. Trabaja con su máquina para soldar, moladoras, guantes, gafas y taladros.



A Pepe le fascina estar solo. El período de confinamiento causado por la pandemia de covid-19 lo describe como “el momento más hermoso que he vivido, haciendo lo que amo y sin que nadie me hable (risas) pude crear bastante, presenté el trabajo en la sede de la Alianza Francesa y se titulaba ‘Pandemonium’, fue en mayo de 2021”.

Acepta que del arte es difícil vivir. Hace lo que tiene que hacer para sobrevivir, sea en la cerrajería, vendiendo sus obras, trabajos particulares o impartiendo sus conocimientos.

Su mayor meta es articular esfuerzos regionales para atraer artistas internacionales a su taller para impulsar residencias artísticas y, en algún punto, visitar otros países para circular su propuesta y crear redes de colaboradores.

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