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Mundo Diners al día

“Llegar a la edición 500, más que un mérito es algo heroico”

por Gabriel Flores Flores

Maria Fernando Ampuero 1 1

Esta es una de las reflexiones que María Fernanda Ampuero suelta en la entrevista, a propósito de la publicación de la edición 500 de Mundo Diners. Próxima a lanzar ‘Visceral’, su nuevo libro de crónicas, la escritora guayaquileña habla de su faceta como lectora y colaboradora de la revista. 

¿Cuáles son tus recuerdos como lectora de Mundo Diners?

En el Guayaquil de los años 80, la revista significó algo así como un erial cultural. Nunca supe cómo llegaba a mis manos, quizás por algún tío o tía, pero llegaba. Tengo el recuerdo de ver arte ecuatoriano por primera vez en la portada de la Diners, porque mis padres no eran de ir a museos o galerías. Y no era solo la portada, adentro te encontrabas con una enciclopedia de artistas ecuatorianos, que si no los hubieras visto en la revista habrías pensado que su trabajo solo era posible si nacías en Europa o Estados Unidos. Coleccioné los pocos ejemplares que aterrizaron en mis manos, porque veía que compartía país con personas que hacían cosas hermosas y propias, sin pedirle favor a nadie. 

¿Te acuerdas de alguna portada en particular?

Quizás una en la que aparecía la obra de Manuel Rendón Seminario, pero no estoy segura. Lo cierto es que esa memoria borrosa pone en este momento a uno de los artistas que más me gustan en esa portada hipotética. Sé que en esas portadas vi mucha belleza del trabajo de artistas ecuatorianos, y del arte contemporáneo del mundo, que en ese momento no se veía ni en las enciclopedias. Para una niña, con esta maldición o bendición, de querer ser parte del mundo y ver lo que hay más allá de las fronteras de su barrio, todo eso era impagable. Sin Diners, seguro la vida hubiera sido mucho más pobre y más triste. 

Con el tiempo, de lectora pasaste a colaboradora, ¿cómo fueron esos primeros años?

Comencé en Dinediciones en Fucsia, en 2003. De ese trabajo salió ‘Lo que aprendí en la peluquería’, el primer libro de crónicas que publiqué. Ahora mismo no recuerdo el primer reportaje que publiqué en Diners, pero seguro fue uno de arte. Llevo 19 años en España y he escrito mucho sobre exposiciones y museos de Europa. Lo que sí recuerdo es una de las primeras columnas que escribí. Se llamaba ‘Mama, nieva’. Era sobre la primera gran nevada que hubo en España y sobre que las cosas no son del todo reales hasta que se las contamos a nuestra mamá, una pulsión que no dejas de tener, esté o no viva tu madre.

Por esos años había una redacción en Guayaquil.

En la oficina de Guayaquil, que estaba por el World Trade Center en la Orellana, nos reuníamos con Francisco Santana, Marcela Noriega, Verónica Garcés y Juan Fernando Andrade. En la revista seguían los grandes cronistas, pero también estaba este grupo de excelentes cronistas jóvenes. Esto permitió que Diners dejara de ser capital-céntrica y se abriera a las historias con más olor a manglar y a playa; creo que eso fue valioso y valiente por parte del ‘Pájaro’ Febres Cordero, él tuvo la inteligencia y la sensibilidad de ver en este montón de costeños y costeñas la capacidad de hacer crónica. 

Escribías columnas pero también reportajes y crónicas de largo aliento, ¿qué recuerdos tienes de ese trabajo?

Tengo que aclarar que no soy una especialista en arte y eso fue lo primero que le dije a Pablo Cuvi, cuando me invitó a escribir en la sección Galería. Su respuesta fue que la gente que lee la revista tampoco es experta y que necesitaba una aproximación al arte, a las exposiciones y a los artistas desde una visión más cercana. Ahora no puedo ir a una muestra sin pensar en cómo la escribiría. Escribir sobre cuadros y la experiencia que te generan es muy difícil, porque pasas a palabras cosas que son solo visuales y que además tienen mucha subjetividad. Recuerdo que una vez fui a las afueras de París, a una galería pequeña que rendía un homenaje a Chagall y quién me hubiera dicho a mí, cuando era pequeña y leí la revista, que años más tarde iba a ver un Chagall en vivo y escribir sobre eso, o que podía escribir sobre El Bosco, uno de los reportajes que más adoro. 

Por lo general, las revistas duran unos cuantos números y desaparecen. Mundo Diners celebra su edición 500, ¿dónde radica su valor? 

Que haya llegado a la edición 500 y siga existiendo en un país como el nuestro, más que mérito es algo heroico. He escuchado críticas de que es una revista elitista o intelectualoide.. ¡y, no!. Me parece que en el mundo la belleza es necesaria. La belleza también es trinchera. El espacio que Diners ha dado a escritores y artistas plásticos, durante más de 40 años, ha permitido que en nuestra sociedad haya menos espacio para el odio. Hay muchas revistas circulando en el país, pero ninguna que tenga un lugar para la belleza. Además, Diners sigue siendo un sueño para quienes hacemos periodismo de largo aliento. 

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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