Dominiky: “el arte es un juego que me lo tomo en serio”
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Dominiky: “el arte es un juego que me lo tomo en serio”

Adentrarse en el taller artístico de ‘Dominiky’ es como entrar en un colorido y surreal laboratorio: pinturas secas por aquí, cuadros colgados en el techo y vigilar tus pies por si tropiezas con algún nuevo experimento. Marcelo Méndez Endara (Quito, 14 marzo 1960) es un artista plástico ecuatoriano con más de 40 años de trayectoria.

Dentro de las esferas artísticas se le conoce como Dominiky. Tras ganar el Premio Nacional de Pintura organizado por la Fuerza Aérea Ecuatoriana (1984) requirió un nombre artístico. Él se inspiró en la canción popular francesa titulada ‘Dominique, nique, nique’, utilizada en viejos programas radiales para niños.

En entrevista para Revista Mundo Diners, confiesa que a estas alturas de su carrera se dedica a jugar con las brochas y los pinceles. Desde su acogedor taller en el norte de Quito, Dominiky cuenta cómo se balancea entre el expresionismo, el constructivismo y el neofigurativo.


Unos tres años de curso en la carrera de arquitectura en la Universidad Central del Ecuador bastaron para cambiar de opinión y dirigir su rumbo académico y profesional hacia el arte.

Su hermana Ivette también se dedicó un tiempo a la pintura. Ella le inspiró a continuar el legado familiar artístico. Sus influencias artísticas provienen del pintor quiteño Camilo Egas (1889-1962), del arquitecto Celso Rojas (1951) y el lojano Eduardo Kingman (1913-1997).

Dominiky se define tajantemente como un “expresionista-constructivista”. En cambio, sus retratos apuntan hacia el neofigurativo. Lo metódico y lo esquemático lo mantiene como un recuerdo de hace décadas. Actualmente, pinta y compone de manera más suelta. Más espontánea.

Rostros de niñas, mujeres y paisajes andinos forman parte de su repertorio en la pintura. Coquetea con lo folclórico, aunque sin caer a fondo en ello. Horizontes multicolores de Quito, la denuncia social y los ojos enormes caracterizan su obra.

“Son mujeres hermosas, sencillas, trabajadoras. He querido enaltecerlas. Son heroínas que trabajan por el país todos los días.

El gran traspaso de los pinceles a las brochas “me liberó muchísimo”, dice. Eso conllevó a que sus piezas se convirtieran cada vez más en lienzos mucho más grandes, que ocupan considerables espacios en su íntimo taller.


La escultura en base a maderas de embalaje funciona como una válvula de escape creativa para este quiteño.

Desde 2014, se apasiona en construir a peculiares personajes: desde políticos hasta el ciudadano de a pie. Les llama ‘esculto-pinturas’. Al comparar su pintura y escultura en un contexto general, se podría pensar en que se observa a dos artistas completamente distintos.

“El lazo de unión está en ciertos detalles. Mis esculturas tienen cierta ingenuidad. Yo juego con brochas y juego con las esculturas, que son como especies de cubos. El arte es un juego que me lo tomo en serio”, detalla.


En tiempos paralelos ha sido el único ecuatoriano en participar en la Bienal de Hamburgo en los años 2014 y 2016. De esta experiencia internacional trajo su apertura artística para trabajar distintos tipos de madera e incluso materiales reciclables.

En 2017 presentó su exposición individual titulada ‘Terra’, dentro de los espacios de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en Quito. Dominiky llevó a los espectadores a través de un viaje por el planeta Tierra y evidenció los logros y fallas del ser humano en “nuestra única nave espacial en el Universo”.

Para él, el tiempo de la pandemia por covid-19 fue un refugio. Su “útero social” apartado del mundo. El período de confinamiento fue propicio para ampliar sus trabajar en esculto-pinturas.

Dominiky contabiliza unas dos mil obras en su catálogo de creaciones. Unas 500 dentro de su taller. Resalta que trabaja entre 8 a 10 horas diarias o mejor dicho “de juegos”.

Hoy considera que el rol de los medios de comunicación y una acertada labor de los curadores de arte son vitales para investigar la obra de los artistas de todo el país y, desde allí, dar a conocer su productividad.

“Carecemos de verdaderas galerías de arte. No incursionan en la vanguardia del país. Muchos se quedan en cosas elementales. Vale la pena que se desarrollen más las galerías y se profundicen las críticas al arte”.

Entre sus sueños próximos, le emociona algún día seguir pintando cerca del mar.


Por Víctor Vergara

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