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Mundo Diners al día

Didier Álvarez: ‘el alma de la biblioteca ecuatoriana está enferma’

por Damián De La Torre Ayora

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El reconocido bibliotecólogo colombiano estuvo en Ecuador. Didier Álvarez fue parte de los invitados internacionales de la Feria de Libro de Quito. Continúa difundiendo su filosofía de la biblioteca.

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Didier Álvarez es experto en bibliotecas.

Sin bibliotecas no habría ni pasado ni futuro. De eso está convencido Didier Álvarez Zapata, uno de los bibliotecólogos con mayor reconocimiento de la región. Catedrático y politólogo colombiano, no solo forma estudiantes en la Universidad de Antioquia.

Álvarez, desde hace décadas, imparte una serie de cursos y consultorías por el continente. Por eso, cuando caminaba por el Encuentro Feria del Libro de Quito (EFIL), parecía una estrella de cine, un cantante de rock. Libreros, escritores, bibliotecarios y funcionarios públicos se le acercaban como si fueran groupies.

Es su paso por la capital ecuatoriana, fue parte del panel inaugural de la EFIL. Allí expuso sobre su filosofía de la biblioteca, que se concentra en entender estos espacios como el alma de las sociedades. Y, con total sinceridad y sin falsos espiritismos, compartió con Mundo Diners cómo se encuentra el alma de la biblioteca ecuatoriana.

¿Cuáles son las problemáticas que viven las bibliotecas en la región?

La vida de una biblioteca en cada país es distinta y tiene situaciones específicas. Por eso me esfuerzo en abordar sobre la necesidad de una filosofía de la biblioteca. No hay que olvidar que estos espacios son una obra humana y reflejan el alma y el sentir de las sociedades. 

¿Cómo define Didier Álvarez a esta filosofía?

La filosofía de la biblioteca apunta a la construcción del significado en la vida humana. Hablamos de una relación ética, estética, pedagógica y política. Hay que entender que la biblioteca debe tener los mismos atributos humanos. En ella está una perspectiva de sensibilidades. Esto permite que se cumpla una función de encarnar y reproducir un orden social y así recuperar esa dimensión de aprendizaje inherente a nosotros. Hay que entenderla como el alma de la sociedad.

¿Cómo está el “alma” de la biblioteca ecuatoriana?

Ciertamente, tiene un alma enferma. Lo digo abiertamente y en una perspectiva un tanto polémica. En Ecuador existen deficiencias en relación con la circulación social del libro. La biblioteca no encuentra su lugar en la propia cultura. Siento que sigue representando a las élites y está distante a las prácticas sociales y educativas regulares. Me sorprende e indigna que en un país no se presten libros. Desde ahí existe un contrasentido. Y si soy crítico es porque quiero mucho al Ecuador. 

¿Qué se podría hacer a corto, mediano y largo plazos?

Para empezar, dos acciones: un trabajo intensivo en la cultura de la biblioteca, donde unan esfuerzos los antropólogos, los comunicadores, los periodistas, los maestros y demás actores para construir un plan transformador. Segundo, mientras esto se prepara, sí ejercer prácticas bibliotecarias significativas a los usuarios. Esto, por un lado, implica que quienes visitan una biblioteca se sientan en su casa y ganen un sentido de pertenencia. Pero cómo sentir que algo es tuyo si ni si quiera te lo llevas a casa. Empezar ya a prestar libros implica un ejercicio de apropiación.  

En Colombia, ¿cómo es la relación del público con la biblioteca?

Tengo que aceptar que mi país ha hecho un esfuerzo muy grande en las últimas décadas por constituir una red cultural. Hablamos de 1.600 bibliotecas que trabajan bajo un mismo lineamiento. Se trata de una institución que guarda esperanza para la sociedad. Hablamos de pensar en presente y futuro. Por ejemplo, en Medellín representa un espacio muy fundamental en la crianza de los niños en sectores muy populares.

Se trata de un lugar de acogida social, donde los niños de escasos recursos son tratados por su nombre y con respeto. Los niños van a la biblioteca porque es el único lugar grato y limpio. También, hay bibliotecas hasta donde los novios se encuentran para admirar el paisaje, como sucede en la Parque Biblioteca Fernando Botero de San Cristóbal. A lo que voy es que estos espacios se convierten en sitios seguros y cotidianos. 

Expone a la biblioteca desde lo ontológico, desde un alma que mueve a lo humano. ¿Qué decir de la inteligencia artificial?

Creemos que las bibliotecas solo sirven para recuperar información y que sustenten proyectos educativos: esto es una escolarización de la biblioteca. Mira, lo filosófico involucra el pensar en lo colectivo. La biblioteca es un dispositivo colectivo, de memoria cultural y social. La tecnología no define a la biblioteca, pues se ha transformado tecnológicamente a través de la historia de la humanidad. Hablamos de un proyecto de 3.500 años. Hablamos de ir de las tabletas de arcilla a los contenidos impregnados en el cuero de animales hasta pasar al papel. Se siguen inaugurando bibliotecas en el mundo, porque es nuestro proyecto de memoria.

Pero, ¿podría cambiar como se la va concibiendo en la actualidad?

Su naturaleza informativa y documental no es inerte. Una biblioteca es una institución esencialmente del futuro, porque encarna un proyecto a largo plazo y permite, a la par, reconocer nuestro pasado, es decir, nuestra memoria escrita.

Su trayectoria

  • Ha sido bibliotecario escolar, público y universitario.
  • Trabaja en la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de
  • Antioquia, Colombia.
  • Especialista en Animación Sociocultural y Pedagogía Social.
  • Cuenta con una maestría en Ciencia Política.
  • Desde 1998 se desempeña como profesor de la Universidad de Antioquia.

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Acerca de Damián De La Torre Ayora

Damián De la Torre Ayora (Quito, 1984). Periodista cultural. Estudió Ciencias de la Educación, Lengua y Literatura y Comunicación Social. Fue redactor, editor y jefe de información de Diario La Hora y condujo el programa radial In-Cultos. Ganador de los premios Eugenio Espejo UNP y Artes Vivas de Loja.
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