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Mundo Diners al día

Cuatro caminos para volver a Unda, Iza, Román y Jácome

por Gabriel Flores Flores

Los cuatro son parte de la historia del arte ecuatoriano de la segunda mitad del siglo XX. Se juntaron en un grupo que duró poco, pero cuyo trabajo encuentra ecos en la actualidad. Su obra, la grupal y la individual, se exhibe en el Centro Cultural Metropolitano (CCM). 

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La exposición se exhibe en el Centro Cultural Metropolitano.

Mural’ 

En el piso de la Sala 1 del CCM hay cuatro tiras de colores: azul, rosa mexicano, rojo y amarillo. Si usted sigue el recorrido de cada una de esas tiras, al final se encontrará con una fotografía en blanco y negro, en la que aparecen cuatro jóvenes veinteañeros junto a una pintura gigante formada por cuatro paneles. 

Si sigue la línea de color azul se encontrará con Nelson Román, el rosa mexicano, lo llevará a Washington Iza; la roja, a José Unda, y la amarilla lo conectará con Ramiro Jácome. Descubrirá a los ‘Cuatro Mosqueteros’ a finales de los años 60, dentro del Convento de La Merced junto al ‘Mural’, una obra pintada a ocho manos, algo poco usual en el arte. 

Si gira 180 grados y camina unos pocos pasos estará en frete del ‘Mural’. La obra, que ahora pertenece a la Fundación Hallo, ocupa una de las paredes de la sala. Esta pieza es una de las más de 80 que son parte de ‘4 Mosqueteros, 4 caminos’, la exposición que busca tender un puente entre la obra de estos artistas y las nuevas generaciones. 

Nelson Román, uno de los ‘4 Mosqueteros’, cuenta que cada uno pintó esta obra a su manera y con su estilo pero que antes de comenzar acordaron poner en relevancia a la figura humana a través del dibujo, romper con las propuestas abstractas de la época y con el trabajo individual para dar paso a un ejercicio de creación colectiva. 

Cuando los frailes se cansaron de nuestro bullicio soltaron a un mono que tenían; y el animal comenzó a subirse en nuestras cabezas y a jalarnos las orejas”. 

Nelson Román.
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'Mural' (1969) pintado por Jácome, Unda, Iza y Román.

‘El Anti-Salón’ 

Hay varias formas de recorrer la exposición, una de ellas es entrando por la puerta que está a unos pasos de la calle García Moreno. Allí se va a encontrar con un texto introductorio escrito por Sonia Kraemer, la curadora de la muestra, y una serie de gigantografías y de recortes de periódico de 1969; en uno de ellos se lee: ‘Pintores quiteños arrestados’. 

La historia de ese titular es la siguiente: en octubre de 1969, ‘Los 4 Mosqueteros’ viajaron a Guayaquil y en el marco del Salón Oficial de Arte impulsaron el ‘Anti-Salón’. Animados por el gestor cultural Wilson Hallo, realizaron una performance. 

Kraemer cuenta que protagonizaron una marcha por algunas calles de Guayaquil en una carreta tirada por un asno, mientras un chamán shuar realizaba una limpia para ‘exorcizar’ el evento oficial. Luego colocaron sus lienzos sin marcos en el lote donde se construía el Hotel Continental y pintaron grafitis con frases alusivas a las nuevas ideas sobre arte. 

Aunque suene descabellado, esa intervención artística los llevó a la cárcel. Periódicos como ‘El Tiempo’ se hicieron eco de la noticia y contaron la historia con un retrato de cada uno.

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Publicación de diario El Tiempo.

‘Los 3 Mosqueteros’ 

Son cuatro pero en un inicio fueron tres. Unda, Iza y Román se conocieron en la Escuela de Bellas Artes de Quito. Juntos formaron un grupo al que llamaron ‘Aguarrás’, como el aceite de trementina que se usa para disolver pinturas y barnices. Román cuenta que la idea de trabajar juntos apareció después de la primera Bienal de Quito, a finales de los años 60.

Por esos mismos años, él y Unda fueron a exponer en Bogotá, invitados por la crítica de arte Marta Traba. Unda también fue el culpable de que el grupo pasara de tres a cuatro, después de presentarles a Ramiro Jácome, el más expresionista de estos ‘mosqueteros’.

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Los Cuatro Mosqueteros en el Convento de la Merced, 1969.

La obra de Jácome, que falleció hace 20 años, se caracteriza por una fuerte presencia de figuras amorfas cercanas al feísmo, en las que se burlaba de la sociedad quiteña y hablaba de varios momentos históricos y políticos del país. Un ejemplo de este trabajo es ‘Desfile del barril’, en el que ironiza al dictador Guillermo Rodríguez Lara. 

Para Kraemer, la obra de Jácome y la del resto de mosqueteros tiene sus particularidades. Todos han dejado la neofiguración de sus primeros años para emprender su propias búsquedas. En ese proceso -dice- su arte no ha “caducado” y los temas que abordan siguen interpelando a los jóvenes de las nuevas generaciones. 

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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