Christian Mera y sus ‘Diacronismos’

“Soy un defensor del oficio de pintar”, aclara el pintor ecuatoriano Christian Mera (Quito, 3 febrero 1980). Y así se define: como pintor y no como un artista plástico en general.

Su más reciente exposición titulada ‘Diacronismos’ (2021-2022) resume su experiencia artística en España y confronta sus análisis, reflexiones y arrebatos sobre qué significa vivir como un ser humano de raza mestiza y otras conclusiones sobre la colonización española.

Diacronismos es una serie creada en homenaje a sus referencias artísticas como Francisco de Goya o Pedro Pablo Rubens, con el apoyo de la curaduría de Humberto Montero.

En el siguiente video, amplía el concepto de su obra:



Christian Mera siempre pintó. Los concursos de pinturas eran un paseo para ganar. Su madre Esmeralda y su tía Rocío del Carmen le alentaron a la creatividad. A lo manual. A la búsqueda por resolver problemas con las manos.

Siempre fue tímido. Dibujar y tocar la guitarra eran sus escudos para cubrir esa timidez y revelarse como un chico extrovertido. En esta época dibujaba muchas flores, paisajes, logos de bandas musicales o baterías y percusiones.

Hubo presiones. Su padre le jalaba para alguna profesión menos artística como la arquitectura o diseño gráfico. Sin embargo, al ser el hijo menor, consiguió el apoyo para buscar la manera de sobrevivir como artista.

Luego de graduarse de bachiller, creó numerosas pinturas y expuso en varias ciudades del Ecuador. Logró vender muchas pinturas. Esa aventura duró unos cinco años. Luego, el quiteño entró en lo que llama “un hueco conceptual” que le llevó a estancarse creativamente.

A los 25 años decide estudiar formalmente Artes Plásticas en la Facultad de Artes de la Universidad Central de Ecuador. Fue el mejor alumno de los egresados en mención ‘Pintura-Grabado’ de 2009.

Su primera gran serie indagaba con conceptos surrealistas, inspirado en uno de sus grandes héroes: el español Salvador Dalí. ¡Y Pablo Picasso no lo deja atrás! De sus connacionales, siguió los trabajos de Oswaldo Guayasamín, Oswaldo Viteri, Pablo Kaviedes y Eduardo Kingman. Varios de ellos son sus grandes amigos.

Desde 2012, Christian Mera se especializa en retratos. Con un enfoque céntrico, es decir, sumerge su obra en plasmar rostros en grandes formatos. Sin interesarse en espacios diagonales, creando atmósferas con todos los elementos de un rostro, desde ojos hasta orejas.

“En un retrato lo que más me interesa es el ser humano, no me interesa cómo está vestido o colores de fondo, yo solo quiero ver el rostro. Sacar la temperatura de cada rostro”, comenta.

Al transcurrir los años, los retratos se convirtieron en una forma de verse a sí mismo, más que en el retratado. Su proceso creativo involucra capas iniciales de acrílicos. Encima de eso, sus líneas muy secas y raspadas de óleos. Siempre enamorado del aroma del óleo.

Por ejemplo, su obra titulada ‘Mounstros de Velázquez’ fusiona dos rostros de personajes conocidos pintados por el gran maestro español: su famoso ‘El Bufón Don Sebastián de Morra’ (1645) y el ‘Calabacillas’ (1637).



El ‘lado B’ artístico de este pintor ecuatoriano consiste en la exploración de lo abstracto. Lo considera “lo más difícil del mundo”. Sus series ‘Duelo’ (2016) o ‘Firmas para Chile’ (2019) evidencian su búsqueda, con formas muy propias. Sus abstractos aluden a su propia firma escrita, en una fuerte lucha por romper moldes de rostros.

“Cuando termino de pintar un abstracto, termino con taquicardia, porque es una exaltación muy fuerte. Es una experiencia maravillosa. Lo disfruto como loco, así nace la serie llamada Firmas”.


Tiempos de dificultades para Christian Mera


Christian y su esposa Pamela vivieron juntos un par de años en Madrid. A él le iba bien vendiendo varias piezas e incluso expuso en la Selección Oficial del Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura (2018).  Allí participó con una versión muy propia del ‘Guernica’.

Al poco tiempo la pareja decidió partir a mediados de 2019 a Chile en búsqueda de mejores oportunidades. Y se abrieron círculos interesantes de trabajo. Hasta que reventó el conflicto social en octubre de ese año en el país del Cono Sur.

El pintor ecuatoriano tuvo que regresar a su país tras ver bloqueados sus caminos laborales en Chile. A pesar de todo eso, él dice que “el instinto de supervivencia me hace pintar mejor”. Los problemas no terminaron allí.

La pandemia por covid-19 comenzó en marzo de 2020 y el confinamiento lo vivió en Cuenca. El tiempo de encierro lo aprovechó para producir su serie de abstractos ‘Canto Inútil’, exponer y capacitarse de forma virtual. Una época sumamente productiva. “Es maravilloso el miedo y estar incómodo”.

La muestra ‘Diacronismos’ se levantará próximamente en Guayaquil. El sueño de Mera consiste en realizar una especie de línea de tiempo basada en obras de artistas ecuatorianos para levantar una exposición colectiva. Paralelamente, buscar más tiempo para su faceta abstracta.

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