Chaplin y su humor natural en blanco y negro
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Chaplin y su humor natural en blanco y negro

Charles Chaplin fue un genio y uno de los grandes creadores del cine en el siglo XX. Desplegó su genialidad en las aventuras tragicómicas y la gestualidad sutil y locuaz de su personaje Charlot.

Charles Spencer Chaplin nació en Londres, Inglaterra, el 16 de abril de 1889. Penurias económicas le obligaron, junto a su hermano Sydney, a trabajar desde niño en el medio artístico, que no le fue ajeno pues su padre fue actor (era alcohólico y murió a los 37 años) y su madre actriz y cantante (sufrió de enfermedad mental). 

Su formación se consolidó en la compañía de pantomima de Fred Karno con la que viajó a Estados Unidos en 1910. Dos años después, al regresar al mismo destino en otra gira, le ofrecieron hacer cine; en noviembre de 1913, se unió a Mack Sennett y la compañía Keystone Film. 

A partir de ahí su carrera cinematográfica no se detuvo. Luego de cumplir contratos en escenarios estadounidenses, cofundó la productora United Artists y éxito tras éxito su popularidad creció en todo el mundo.

Conquistó Hollywood y al público con cortos y largometrajes del cine mudo para el que construyó el imperecedero Charlot, el vagabundo nacido de una improvisación y que su creador describió así:

“Sus pantalones representan, en mi mente, una revuelta contra las convenciones; su bigotillo, la vanidad del hombre; su sombrero y su bastón, su intento de ser digno, y sus botas, los impedimentos que tiene en su camino. Pero él persiste en crecer cada vez con mayores dosis de humanidad”. 

El astro inglés del séptimo arte también se adaptó, a regañadientes, a los nuevos tiempos de la narrativa sonora cinematográfica y, aunque fueron pocos filmes, dejó clásicos memorables en los que el vagabundo se hizo escuchar, primero, con pocas palabras en una crítica a la deshumanización del trabajo; luego, en una inolvidable sátira antifascista y humanista.

Entre las gemas de la corona figuran El chico (1921), La quimera del oro (1925), El circo (1928), Luces de la ciudad (1931), Tiempos modernos (1936, la última silente), El gran dictador (1940, la primera sonora), Monsieur Verdoux(1947) y Candilejas (1952). Su último filme fue como director en La condesa de Hong Kong (1967). 

“Mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero vista de lejos, parece una comedia”, dijo Chaplin, quien, además de actuar, escribir y dirigir, fue un músico autodidacta y creó las bandas sonoras de sus películas. De su autoría quedaron las publicaciones Mis andanzas por EuropaUn comediante descubre el mundoMi autobiografía y My Life in Pictures.

La sátira y el ridículo fueron armas artísticas para exponer la depresión económica, la injusticia social, la mecanización del trabajo, el desempleo y la intolerancia política en Estados Unidos en los años de la Guerra Fría. El gran dictador, en particular, fue una obra maestra en contra del totalitarismo que ridiculizó al nazismo con su “absurda mística de una raza de sangre pura”.

En 1952 el Gobierno estadounidense retiró al comediante inglés el visado de ingreso por sus posiciones políticas, tildadas de comunistas, según se decía.

Con 82 años, y tras dos décadas sin pisar Estados Unidos, recibió un Premio Óscar honorífico en 1972 en medio de una de las ovaciones más largas en la historia de ese certamen. Tenía un reconocimiento similar en 1929 y en 1973 lo ganó por la banda sonora de Candilejas.

Cuatro matrimonios: unas jovencísimas actrices Mildred Harris y Lita Grey (se casaron con dieciséis años) fueron las dos primeras esposas (con la segunda tuvo dos hijos).

La tercera fue la actriz Paulette Goddard, desde 1936 hasta 1942. Oona O’Neill, hija del dramaturgo Eugene O’Neill, tenía dieciocho años cuando contrajo nupcias con Chaplin de 53. Tuvieron ocho hijos y una relación estable hasta la muerte del artista.

Chaplin murió la noche de Navidad de 1977 en su residencia en Suiza. El último acto del genio de la comedia fue de película: dos meses después de ser enterrado en el cementerio de Corsier-sur-Vevey, dos improvisados delincuentes sustrajeron el ataúd a cambio de un rescate. Tras varias semanas de negociaciones y pesquisas, la policía logró detener a los profanadores y recuperar los restos enterrados en un campo de la localidad. Solo así Charlot pudo descansar en paz.

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