La cerámica como medio utilitario, según Claudia Anhalzer

Cerámica minimalista pero cálida. Hecha notablemente con las manos. Con materiales nobles. Que se note lo imperfecto. Las claves creativas de la ceramista ecuatoriana Claudia Anhalzer (Quito, 1 octubre 1988).

Otros que añadir: simple, sobrio y que roce con lo humilde. En la cerámica, esta artesana se enfoca en crear objetos utilitarios para la vida casera cotidiana: jarras, teteras, vasijas, tazas y cernidores. Sus colores preferidos actualmente: beige y negro.

Revista Mundo Diners conversó con Claudia desde su taller ubicado en el barrio San Marcos, centro de Quito. Se siente a sus anchas y serena en su lugar de trabajo. La vista desde ahí es espectacular, con todo el Pichincha en el horizonte.

No se define como ‘artista’ sino directamente como una ‘creadora’ multidisciplinaria.

“Me gusta mucho tocar el material, pensar mucho mientras hago una pieza (…) me gusta aprender de diferentes materiales y técnicas, pero no me gusta definirme como artista, sino como diseñadora, ilustradora y creadora”, aclara.



Su tía abuela fue la gran artista y promotora del arte ecuatoriano Olga Fisch (1901-1990). En general viene de una familia muy artística. Su padre Jorge Anhalzer (apellido de origen húngaro) se dedicó a la fotografía profesional.

Claudia pasó gran parte de su niñez en una hacienda familiar en la parroquia rural de Uyumbicho (Pichincha). Ella cree que estar conectada al campo a temprana edad le inclina a tener una vida creativa y, más que todo; hacer “las cosas con mis propias manos”.

El dibujo fue una primera gran pasión. Durante su época colegial, no se apartaba del arte botánico y el realismo. Dos corrientes que le acompañaron algunos años. Sin embargo, no sabía que iba a vivir de la rama creativa manual.

Su trayectoria académica la inició en la carrera de Diseño Industrial en el Pratt Institute de Nueva York, entidad especializada en artes. Rechazó la idea de diseñar productos para futura producción masiva, sino más bien de manera muy artesanal y con fines utilitarios.


“Me gustan mucho las herramientas, aprender como funcionan los sistemas. En esta universidad de arte lo que más me gustó fue que tuve acceso a muchos talleres: computación, impresión 3D, joyería, pintura y cerámica”.

Se graduó por el año 2012. Desde allí aprendió a usar el torno de cerámica, casi de forma muy empírica. Inspirada en los grandes ceramistas japoneses, con esos tonos sobrios y modestos, ella marcó su propio estilo.

El casco histórico de Quito es un hervidero vivo lleno del trabajo de muchos artesanos. Un factor que inspira a Claudia a diario.

Cerámica Claudia Anhalzer
Foto: cortesía/Martina Orska

La cerámica y sus exploraciones


Para ella, tiene mucho más sentido tomar té en una taza creada por un trabajador local que en una creada genéricamente y en masa proveniente de algún país asiático. El alma de los objetos está ahí: en rodearse de lo mágico, de lo artesanal.

Viajar por provincias, practicar senderismo ocasionalmente y recolectar materiales arcillosos forman parte de otras actividades que toma como excusa para su exploración artística.

Su materia prima se basa principalmente en terracota ecuatoriana y gres (pasta de arcilla) peruana. Suele adornar algunas piezas con arena volcánica o esmaltes de cenizas para dar algún color.


Piensa y enumera sus colecciones en series. Es un proceso que requiere mucha paciencia: tras el uso del torno para cerámica, se dejan secando las piezas y luego ingresan al horno hasta casi 1.225 grados centígrados por más de 24 horas. La ‘quema’ puede hacerse hasta dos o tres veces por cada pieza, según se requiera. Luego, se aplican los esmaltes.

“Hay algo del barro que es sumamente terapéutico, ¡eso me atrae un montón! Además, me encanta el torno, estar diseñando mientras se hace la pieza y todo eso”.

A mediados de 2020, el período de confinamiento no le afectó en lo absoluto. Ella vive a unas pocas cuadras de su estudio, así que pudo seguir trabajando en sus cerámicas. Prácticamente, “el taller me salvó la cabeza y no me fue tan mal, porque soy muy introvertida”.

Esta ceramista coquetea de forma permanente con la serigrafía y la ilustración. Como otro hobbie paralelo se encuentra la joyería, en la que suele hacer sus propias joyas o regalos. Ella muestra varias de estas inclinaciones en su red social Instagram.


Sus objetivos para 2022 se enfocarán en crear nuevas colecciones, lanzar una exposición individual a fines de año e impulsar su faceta como ilustradora.

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