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Mundo Diners al día

'Bouquet’, la ofrenda narrativa de Óscar Molina V.

por Gabriel Flores Flores

‘Bouquet’ es el primer libro del ecuatoriano Óscar Molina V. pero también un ramo de flores literario, en el que hay crónicas, perfiles, entrevistas y testimonios atravesados por la ternura, la resistencia y la perseverancia de los protagonistas de cada texto y, claro, del autor.

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Óscar Molina, autor de 'Bouquet'. Foto: Pedro Duarte.

El periodista 

El texto con el que se inicia el libro se llama ‘Amor y resistencia’, ¿a qué has tenido que resistir como periodista y escritor marica?

He resistido, sobre todo, a mi búsqueda estética y con el lenguaje. Ahora que se publicó el libro he reflexionado en voz alta sobre algunos textos, que para mí son una reivindicación del periodismo cultural, que siempre ha sido visto como ese lugar fácil, de esos letraheridos de las redacciones. Mi resistencia también ha tenido que ver con insistir en temas que pueden parecer banales, que no son investigaciones de corrupción o temas políticos, y darme cuenta que hablar de la comunidad Lgbtiq+ no solo tiene que ver con la diversidad sexual sino que puede ser un pretexto para abordar otros temas; como el texto de Purita, que habla de la historia del país y de la represión policial. No quiero ponerme el sombrero de escritor marica porque eso puede constreñir el lugar desde el que estoy creando. Si bien me reconozco como hombre queer y abrazo lo marica, no es lo único que me interesa. 

Marica y maricón son palabras que atraviesan buena parte de tu escritura.

Son palabras fuertes, pero hay un gesto de la comunidad Lgbtiq+ de reapropiarse de esos insultos. Marica y maricón son palabras que ya no me duelen. Las he usado mucho en los últimos textos, porque al menos en mí ya se ha desactivado esa carga de miedo. Soy orgullosamente marica y orgullosamente maricón, sobre todo, porque estoy entendiendo la diversidad como apertura para otros temas. El ser queer me ha conectado con otras diversidades. Estoy trabajando mucho en la ficción con lo animal. Para mí, la animalidad y la naturaleza son muy queer. No lo digo yo sino la teórica colombiana Brigitte Baptiste. Lo queer es lo adaptativo, lo que se expande, lo que se permite el cambio, lo que se permite fluir. La naturaleza lo hace y creo que los humanos también tenemos esa capacidad, pero la cuestión social y cultural siempre nos encamina a apagar ese lado. 

¿Publicar historias de la comunidad Lgbtiq+ se ha convertido en una forma de activismo dentro de tu escritura? ¿Lo ves así? 

Es un poco delicado, porque creo que el activismo está muy cercano al panfleto, a lo panfletario, a una defensa quizás un poco ciega de una causa. Si te fijas, en el libro hay textos en los que yo soy crítico con la comunidad. En ‘El último, maricón’ no nos romantizo y digo que podemos, como seres humanos, ser mezquinos y arbitrarios. Hay un cierto activismo que intenta no ver esas cuestiones, que como grupo humano siempre van a existir. La diferencia entre lo panfletario y lo que no intenta serlo tiene que ver con las formas. Puede ser activista el hecho de que alguien lea una historia sobre diversidad de la que no haya conocido y de repente se sienta conmovido, que se ponga a pensar en cosas. El activismo no es necesariamente recoger firmas o plantarse frente a un lugar, que es válido y meritorio, pero pienso que una columna podría ser un ejercicio activista. 

En una de tus entrevistas, Giuseppe Caputo te dice que la ternura es una herramienta política, ¿para ti qué es la ternura?

Para Pedro Lemebel la rabia era el combustible principal de lo político. Caputo dice que es la ternura y yo concuerdo con eso. Él relaciona la ternura con la vulnerabilidad, con bajar la guardia y estar abierto a sentir. Nos da miedo sentir, porque eso nos pone en un lugar de indefensión y si bien es cierto que el mundo es duro, confío mucho en que cuando hay esos procesos se genera vulnerabilidad. Una vulnerabilidad real, porque también se puede fingir. En redes sociales mucha gente se pone a llorar en vivo y no sé qué tan vulnerable es alguien cuando está pensando en likes. Creo en una vulnerabilidad desde el reconocimiento de las contradicciones, de los errores, de no ponernos en el lugar del héroe. No quisiera que los textos del libro se vieran como historias de víctimas, sino como historias de personas que han atravesado muchas violencias, pero que sin embargo encuentran un lugar en el mundo. 

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El lector

Violetas es una sección del libro dedicada a textos sobre Pedro Lemebel. ¿Hay unas ‘Yeguas del Apocalipsis’ galopando tu escritura?

Ya me gustaría que sea así, pero sería muy atrevido pensar eso. Lo que sí es cierto es que no tengo miedo a reconocer la influencia de Pedro Lemebel en mi escritura y está claro en el libro porque hay una sección dedicada a él. La primera vez que lo leí fue justo cuando entendí que la cuestión gay no iba solo sobre el tema sexual, sino que tenía que ver con la ternura, con la rabia, con un montón de emociones que no pasan, como él dice, por el meter y sacar. Obvio que han existido momentos en los que he querido imitarlo, pero como dice Óscar Contardo es imposible, porque Lemebel es irrepetible. Leyendo a Cristina Rivera me he dado cuenta de que las personas que escribimos tenemos esta cosa rara de ocultar las influencias y de tener miedo de decirlo, porque capaz se te noten las costuras. Es importante reconocer las genealogías de las personas que a uno le influencian. 

En tu conversación con Joanna Reposi comentan que hay un Pedro Lemebel para cada quién, ¿con cuál te quedas tú?

A mí me gusta mucho el libro ‘Perlas y cicatrices’. Me gusta su desparpajo para analizar personajes que son muy queridos y populares. Lemebel fue muy crítico con Don Francisco (Mario Kreutzberger), porque fue una persona silente durante el régimen de Pinochet. También me conmueve mucho el Lemebel que es adorador de su madre. Fue lindo conocer que su mamá es una persona que lo acompañó y que disfruto de su hijo sin juzgarlo. Ese Lemebel tierno y vulnerable es muy diferente al que podía escupir a los políticos. También me llama la atención el Lemebel romántico, capaz de hacerse un corazón de pelos en el pecho y luego incendiarlo porque está enamorado. Un gesto contrario a lo que él mismo decía: “El amor es tan vulgar que hasta los policías se enamoran”. Pero es interesante ver que cuando él se enamoraba vivía el amor de una forma irracional como todos. 

Si tuvieras que armar un bouquet con sus lecturas imprescindibles, ¿a quiénes pondrías?

Pedro estaría seguro en ese bouquet. Cada vez que lo leo siento que no envejece, para mí sigue siendo una lectura inspiradora, que dispara mis ganas de escribir y de sentir que cualquier cosa puede ser un detonante de la escritura. También pondría a Sharon Olds, una poeta estadounidense que he leído últimamente. Me parece superbuena para indagar en las emociones humanas. De Latinoamérica sumaría a Federico Falco, un autor argentino que siento cercano a mis exploraciones. Y de Ecuador a los poetas David Ledesma Vásquez, Roy Sigüenza y en narrativa a Natalia García Freire, a Mónica Ojeda y a Gabriela Alemán, que son autoras que tienen una obra bien sostenida. 

¿Cómo es Óscar Molina como lector? ¿Por qué reivindicas la lectura como un ejercicio de lentitud?

Sí, soy muy lento para leer. Subrayo, releo, me desespero cuando leo algo y no me acuerdo mucho y ahí siento que no estoy leyendo bien, pero quizá eso es un trastorno obsesivo compulsivo no diagnosticado. No me interesa mucho la presión de tener que leer a un autor de moda sino llegar a ellos cuando tenga que llegar. No estudié literatura formalmente, recién hice un posgrado a los 25, por eso mi camino previo de lecturas fue más a ciegas. Confío mucho en que un libro te lleve a otro y que un autor que respetas te lleve a otro. No soy de los que me desespero por contar cuántos libros estoy leyendo en el año, ni creo que eso sea un determinante de qué tan buen lector seas. También confío en acercarme a las lecturas por necesidad, para encontrar respuestas, o por lo menos pistas de la experiencia humana, y para ver cómo puedes salir de determinado problema.

Óscar Molina

  • Periodista y Escritor. En 2023 ganó la primera beca en español (Emerging Writer Fellowship) de la Feria del Libro de Miami y el Miami Dade Collage.
  • Sus textos han sido publicados en medios como Gatopardo, Infobae, Telemundo, Univisión, El Espectador, The Clinic Online y Mundo Diners.
  • Fue editor de la revista Letras del Ecuador y en 2019 formó parte de la exposición 'Archivxs Lgbtiq+', en el Centro de Arte Contemporáneo, con la obra 'Contengo multitudes'.

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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