Andrea Samaniego expande legado familiar con arte textil

“Para mí es muy importante divertirme en el proceso”, cuenta la artista textil ecuatoriana Andrea Samaniego Rosero (Quito, 20 enero 1985). Lo divertido se evidencia en el resultado de sus creaciones. Tan manuales y coloridas. Con historias y discursos notables.

Muñecas, bolsos, figuras indígenas, mandalas, collares y zarcillos forman parte de sus diferentes formatos de elaboración artesanal. Y es que ella se refiere a sí misma como artesana. Que moldea. Que rehace. Teje y une partes. Siempre, en colaboración con los colectivos artesanos con quienes trabaja, integrado principalmente por mujeres.

En entrevista para Revista Mundo Diners, la artista abre las puertas de su establecimiento comercial en Quito para contar su proceso creativo, sus orígenes y reconocimiento por su labor con productos textiles.

En el siguiente video, pone en palabras lo que significa ser una artesana y artista textil, que separa en diversos momentos sus dos facetas: el comercial y el artístico.



Andrea Samaniego nació en medio de un taller artesanal, que era parte de su casa ubicada en el barrio Chimbacalle. Un ambiente doméstico y de mucho oficio. Su madre Ruth y abuela Maruja le enseñaron que la artesanía, como un oficio, puede ser un estilo de vida y a la vez lúdico.

Ruth era maestra de literatura, así que Andrea creció con muchos libros en casa. Dos lenguajes educativos y artísticos que se convirtieron en un disfrute cotidiano.

Poco a poco, Andrea sintió la necesidad de expresar sus intenciones creativas. De esta forma, ella aprendió inicialmente a hacer muñequitas de tela y lana, que “se demoraban full tiempo”. Entre sus recuerdos, añora esos momentos de trabajo con su mamá y abuela.

Andrea Samaniego se graduó de Comunicación Social en la Universidad Central del Ecuador, en 2016. Buscó la escritura primeramente como un método de explorar sus gustos por la poesía y literatura. Aunque al poco tiempo se desencantó de esa carrera profesional. A partir de allí volvió al arte textil.

Encontró en el arte tradicional ecuatoriano su gusto. Su relación con el Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares (CIDAP) creció de forma muy orgánica. Allí descubre un universo completo de colegas artesanos que expresaban su cosmovisión por medio de sus creaciones. Andrea quedó deslumbrada.

Por otro lado, una de sus mayores influencias ha sido su colega ecuatoriana Pamela Suasti y la reconocida artista boliviana Elvira Espejo Ayca.

“Entendí que desde las culturas ancestrales de la región andina, siempre el textil está presente como una forma de lenguaje. Cuando vi eso me enamoré definitivamente del textil (…) entendí que el proceso textil es muy significativo en todas sus facetas”, dice desde su acogedor local llamado Nina Folk.

El proceso creativo de Andrea Samaniego se divide en dos momentos: uno comercial y otro artístico. El primero incluye colecciones muy comerciales, con diferentes temáticas y formatos con discursos sociales. Entre ellas, las que tienen imágenes de figuras icónicas indígenas como Tránsito Amaguaña o Dolores Cacuango.

Las colecciones se componen de muñecas con indumentarias indígenas, así como accesorios de aretes y collares. Algunas de las piezas cuentan historias, que se pueden colocar en alguna parte de la casa o en el cuerpo.

La materia prima que utiliza es principalmente lana de borrego o semi industrializada, que proviene de Imbabura o de colectivos de mujeres en Azuay. En ocasiones, aplica técnicas como el ‘embarrilado’, que mezcla lana con alambres.

En el otro momento Andrea Samaniego invierte su tiempo en la exploración de las formas artísticas. Lo que suele hacer es buscar ideas principales sobre temas emocionales propios o intereses que involucran la psicología.

Un ejemplo de ello es su pieza titulada ‘Integración’, fue reconocida con el tercer lugar en el Salón de Joyería Textil de Argentina 2022. Esta obra cuenta su historia personal, sobre sus momentos de depresión y visitas a terapia. Muy íntimo y auténtico.

“Es un collar, que puede tener muchas lecturas. Mucha gente lo ve como una capa. Puede ser polisémica, se puede usar de frente o detrás. Tiene un concepto ambiguo. Son muchas personitas cocidas, que parecen que integran algo”.



Desde 2016, esta artesana empieza a ganar renombre con su serie de trabajos textiles titulado ‘Colores del Ecuador’. También, recibe un reconocimiento en Quito dentro del concurso de moda ‘Scala Project’.

“En ese momento no había mucha gente trabajando el textil integrándolo a accesorios y menos a joyas. Pienso que ganamos por eso, porque fue muy innovador”, recuerda.

Las creaciones de Andrea Samaniego se acercan mayormente a las mujeres. A mediano plazo, proyecta seguir produciendo su propio discurso artístico, donde explora conceptos sobre el psicoanálisis o las terapias. También, publicará el año que viene un poemario sobre sus reflexiones textiles.

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