Aleyda Quevedo Rojas, poemas en clave de herbolario femenino

La práctica de la observación es noble. Otorga pureza. Sí, purifica. Más, si se eleva la relación que podamos entablar con las plantas, sus hojas y raíces.

El nuevo planteamiento de la poeta ecuatoriana Aleyda Quevedo Rojas (Quito, 31 enero 1972) lleva de la mano a sus lectores a un viaje enriquecedor, para encender nuestro lenguaje y sincronizarlo con la naturaleza.

Su poemario titulado ‘Herbolario íntimo’ es un manual emocional para que nuestras “emociones piensen y nuestros pensamientos emocionen”.

La escritora contestó a Revista Mundo Diners varios cuestionamientos sobre su más reciente obra (agosto, 2022), su evolución como poeta tras más de tres décadas de trayectoria y cómo la pandemia por covid-19 se convirtió en un tiempo de reflexión y producción literaria.

Hablemos de ‘Herbolario íntimo’, ¿cuál es el concepto de tu más reciente obra y cómo lo presentas a tus lectores?

‘Herbolario Íntimo’ es mi décimo libro de poesía escrito y publicado. Trabajo sobre dos cuerdas: la voz poética principal es la de una mujer que entra en comunión con la botánica y se dedica a observar, recoger y usar las propiedades y bondades de las plantas, las flores y los árboles ancestrales; y, es cuando el libro se convierte en una especie de catalogación de plantas, flores y árboles desde la imaginación y la intuición, tensando el lenguaje al máximo de las sintaxis evocadoras, las imágenes meditativas y la elegancia de la brevedad en los poemas cortos de la segunda parte del poemario, hasta el poema río, en la tercera parte; un poema largo que explora el límite y la carne del deseo.

La contemplación de la naturaleza es el trasfondo, susurrado por el incansable brillo de Eros, que es un tema esencial de mi escritura, desde que comencé a escribir a los 13 años de edad, hasta hoy que tengo 50 y me sigue interesando muchísimo.

En un video publicado en YouTube por el canal ‘Inventario Documental’, explicas que los árboles y hojas tienen espíritu y alma. Tu libro lleva a “volver la mirada a la naturaleza”. ¿Qué tanto nos hace falta como sociedad humana observar detenidamente la naturaleza?, ¿a amarla?, ¿a apreciarla?, ¿a no pasarla por alto?

Herbolario Íntimo’ recibió el Fondo de las Artes Literarias otorgado por el Instituto de Creatividad e Innovación del Ministerio de Cultura del Ecuador. El libro fue seleccionado por un notable jurado internacional integrado por dos escritores y editores argentinos y un poeta y catedrático colombo-ecuatoriano, bastante notables y destacados los tres. Menciono todo esto porque gracias a este apoyo financiero logramos no solo publicar el libro, sino también producir el video arte en alta calidad, dirigido por el artista ecuatoriano Jorge Vinueza.



Cuál fue la necesidad de llevar tu expresión a un formato audiovisual?

El video es un soporte magnífico que llega a las personas y a los lectores que no están dentro del Ecuador (el público se amplía) y que, además, llega a nuevas generaciones de personas que se descubren como lectores pero que están más familiarizados con el lenguaje audiovisual. Hay gente que primero se acerca a mirar el video y tiempo después adquiere el libro. Para mí fue un proceso estético riquísimo el involucrarme en todo el trabajo de ayudar a producir el video arte y el de cuidar del diseño e impresión del libro.

Por si fuera poco, tuve la suerte de presentar el libro y el video en seis ciudades de seis provincias del Ecuador con audiencias diversas y lectores agudos como los que encontré en Cuenca, Azogues, Ambato, Pujilí, Otavalo y en las dos presentaciones en Quito, en el sur y en el norte de la ciudad.

Tanto en el libro como en el video el mensaje para el público es el que sugieres en tu pregunta. Es decir, estamos obligados en este momento que vive la humanidad de terrible desgaste de los sistemas capitalistas y socialistas, de terrible desigualdad económica, de guerras por más poder y de atroz avance del cambio climático y su impacto en la vida diaria, a regresar la mirada a la naturaleza y volver a observarla con otros ojos, en otro estado de ánimo y con otra actitud.

No sé si más contemplativa, serena y reposada, pero en todo caso mirarla como el único dios y la única casa y madre que tenemos y que siempre ha estado allí para alimentarnos y curarnos.

Propongo una lectura sagrada de esa naturaleza que nos rodea y que exige nuestro absoluto respeto; un acercamiento más sensorial y emocional con los árboles de nuestros parques y jardines, con las flores de nuestras macetas de casa, con las plantas medicinales que consumimos. En cada uno de estos seres hay un espíritu que nos está diciendo algo…tenemos que callar nuestro cerebro para poder escuchar.

¿En qué tono llevas al lector a través de los 80 poemas de tu libro?

He tratado de alcanzar un lenguaje fluido y sin hermetismos, un tono muy luminoso a pesar de la oscuridad en ciertos poemas, en general creo que la música del libro es como la música del video arte: cadenciosa y esperanzadora.

¿De dónde salió tu fascinación por el eucalipto, el jengibre, la lavanda, la menta, el tomillo y tantas otras especies?, ¿es su aroma?, ¿los tés?, ¿un parque botánico?, ¿algún viaje?

Un escritor es lo que lee. También es lo que vive y absorbe en los viajes y en la vida cotidiana. Desde mi libro Jardín de Dagas, publicado en México en 2015, venía trabajando el concepto de la vida sexual de las plantas, la emocionalidad de las flores, la poda de un jardín como la limpieza que experimentamos los escritores al pulir y podar los malos verbos o los excesos de imágenes en los poemas.

Yo propongo una botánica femenina que nace de una amalgama entre intuición y búsquedas, imaginación y misterio de las emociones. Las plantas y las flores son las que más se parecen a la feminidad y su complejo universo.

Aleyda quevedo herbolario
Aleyda Quevedo Rojas. Foto: Jorge Vinueza/cortesía

En la poesía, ¿quiénes fueron tus máximos referentes literarios naturalistas?

No he parado de leer a los irlandeses Seamus Heaney y Moya Cannon, a los norteamericanos Emily Dickinson y Robert Frost, a la rumana Ana Blandiana, al venezolano Eugenio Montejo y al ecuatoriano Jorge Carrera Andrade y sus microgramas, sin toda esa fuerza lírica no hubiera podido llegar a mi Herbolario.

¿El confinamiento por la pandemia tuvo algo que ver con la escritura de esta obra? ¿Cómo te trató la pandemia a nivel intelectual? ¿Fue un tiempo de provecho para escribir o todo lo contrario?

Este libro lo trabajé por cuatro años. Ya lo tenía escrito antes de que la pandemia nos encerrara. Lo que sí hice en pandemia fue corregir y podar, pulir y reescribir. Leí mucho y comencé un nuevo libro que he podido continuar en junio 2022 durante mi estancia como escritora invitada en la Residencia Literaria 1863 en La Coruña, Galicia, España.

Los escritores vivimos en un continuo estado de confinamiento. Sin el silencio, la soledad y la calma no es posible leer y escribir. Al inicio de la pandemia logré escribir 5 poemas que están incluidos en Herbolario Íntimo, quizá porque fue el tiempo donde más pude disfrutar del refugio que es mi jardín familiar.

Tienes una larga trayectoria como poeta de más de 26 años, desde la publicación de aquel libro titulado ‘Algunas Rosas Verdes’… ¿Cómo sientes que has evolucionado en todos estos años como poeta? ¿Cómo ha cambiado tu forma de escribir y de percibir?

Son más de 30 años dedicados a la poesía, a la escritura como forma de estar en el mundo; y creo que la intensidad y la pasión por las palabras se mantienen intactas, desde mi primer libro publicado en 1989, hasta este que acaba de aparecer en agosto 2022.

Desde luego que el paso del tiempo va modificando tu modo de leer y de escribir también. Sin embargo, concibo el ejercicio creativo siguiendo a Unamuno: “pensar sintiendo y sentir pensando” o como digo en el video arte: hacer que la emoción piense y que el pensamiento emocione.

Lo que cambió es que ahora creo mucho más, que la poesía es la hermana gemela de la música y de la filosofía. Por eso voy hacia una poesía más concentrada en pocos versos. Los temas de mi proceso creativo siguen siendo los de siempre: amor y muerte (Eros y Tánatos) enfermedad y cuerpo, relaciones de pareja en constante lucha, libertad y siempre el lenguaje y sus bifurcaciones.

Cómo te defines ante los lectores que todavía no descubren tu obra? ¿Hacia dónde vas desde el punto de vista literario?

Ansío el equilibrio que los seres humanos hemos perdido y que quizá es posible alcanzar con la poesía. Por eso ‘Herbolario Íntimo’ es un diálogo sincero con lo que nos queda de naturaleza, con los espíritus que viven dentro de las flores, hojas, plantas y árboles.

Me interesa que el lector ponga a tope su sensibilidad y experiencia contemplativa para lograr escuchar esas voces y sentir esa energía, esa botánica del cuerpo que entra en comunión con el bosque y la selva.

¿Planificas hacer una gira con este libro? ¿Tal vez llevarlo y presentarlo al extranjero? Me mencionabas Colombia…


La primera gira por seis ciudades de los andes ecuatorianos ya la hicimos en agosto con el fondo otorgado por el IFCI.

En noviembre (2022) lo presento en Bogotá y en Cereté, Montería, donde presentaremos ‘Herbolario Íntimo’ dentro de la agenda del Encuentro Internacional de Poetas Mujeres, que se hace en esta ciudad desde hace 29 años, y que goza de mucho público lector. Antes de cerrar el año estaré en Guayaquil y Manta. No quiero cerrar este año tan productivo y creativo sin presentarlo en Guayaquil.


Más sobre Aleyda Quevedo Rojas:


Poeta, comunicadora, editora, ensayista literaria, curadora artística y gestora cultural. Ha publicado 10 libros de poesía dentro y fuera del país. Su poesía reunida apareció bajo el título: “Cierta manera de la luz sobre el cuerpo”, en 2017. 

Aleyda quevedo herbolario
Foto: cortesía



Ella es Premio Nacional de Poesía ‘Jorge Carrera Andrade’ con su libro: “Algunas rosas verdes”. Sus libros “Soy mi Cuerpo” y “Jardín de Dagas” han sido traducidos al francés y este último publicado en Francia.

Ha representado a su país en los más importantes encuentros, ferias del libro y festivales internacionales de escritores en Canadá, España, México, Argentina, Colombia, Nicaragua, Puerto Rico, Perú, República Dominicana, Venezuela, Francia, Cuba, Chile, Uruguay y Brasil. Durante los últimos 19 años ha sido curadora, editora y coordinadora editorial de una docena de antologías de poesía y de libros de ensayo literario.

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