Mujeres en el fútbol: en cancha inclinada

La Tri, como se le conoce a selección femenina de fútbol del Ecuador, es el equipo representativo del país en las competiciones oficiales de fútbol femenino.

Fotografías: Cortesía Primicias, cortesía Universidad Católica y Juan Reyes.

Hacia los ochenta, en un equipo de varones del barrio Miraflores jugaba una chica. Defensa central decidida para el choque, con anticipo y salida. Audaz motociclista, roquera: única en su género. Entonces, en el fútbol, ellas estaban para madrinas. Tener protagonismo, reconocimiento y respeto en un deporte considerado solo para hombres ha sido y sigue siendo un camino largo y tortuoso.

Los lejanos comienzos

Nicolás Vega, gerente de la Asociación de Fútbol No Amateur (AFNA), afirma que el fútbol femenino “siempre existió, aunque amateur, de última hora”. El periodista Antonio Ubilla tiene indicios del tema en Guayaquil. “Mediados de los setenta, en los colegios, como diversión. En 1975 el de la primera mujer árbitra, en el ascenso, fue debut y despedida. En 1993 un intercolegial, con tres categorías”.

Amílcar Mantilla, presidente de la Comisión de Fútbol Femenino de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF), cita años fundacionales. En 2004 con él de presidente de la Asociación de Fútbol Amateur de Pichincha (AFAP), fue a un primer torneo organizado por una entidad relacionada con la FEF. Luego, la Copa Pichincha, con todos los cantones.

El dirigente afirma que la presencia de las entidades que gobiernan al fútbol local e internacional, en el practicado por las mujeres, fue crucial. “En 2013 solicitamos que la FEF autorice y apoye el primer Campeonato Nacional Femenino de Clubes. Un éxito, se creó experiencia; debe ser el origen de lo que hoy es la Superliga Femenina”.

El mundialista José Francisco Cevallos, entonces ministro de Deportes, acreditó —según Mantilla— trescientos mil dólares al citado torneo, que tuvo una final alentadora: el Quito Fútbol Club y Rocafuerte de Guayaquil, ante veinte mil hinchas, en el icónico estadio Atahualpa.

“En 2015 la corrupción en la FIFA es detectada por la fiscal norteamericana Loretta Lynch. En 2016 Conmebol, vía reglamento, impone el fútbol femenino, para obtener licencia de club profesional”, cuenta Ubilla. “La FEF lo aprobó en 2017; en 2018 lo reformó y rige desde 2019; entonces, con veintidós clubes con el debut de la Superliga Femenina”, precisa Mantilla.

Vega añade que en 2021 se creó la Liga Nacional de Fútbol Femenino. Un torneo de ascenso que AFNA organizó con diez clubes, entre sus socios y otros, como Ñañas, Cumbayá Spirit e Ibarra. Los dos primeros subieron a la Superliga: Deportivo Ibarra y U. Católica.

María Sol Rodríguez, analista futbolera, advierte avances: “La primera Superliga 2019 fue una obligación de los clubes para sus licencias Conmebol. Al apuro, nivel y gestión amateur. Hoy pagan salarios, así sean pequeños y el entorno es más profesional”.

Ubilla es crítico: “No hay procesos. Las goleadas del Mundial Canadá 2015 fueron de espanto, la Tri compite por obligación. Hoy está la brasileña Emily Lima al mando. Debe capacitar monitores a nivel nacional para que trabajen en los colegios. Una cosa es que jueguen las mujeres, otra que haya fútbol femenino”, sentencia.

Amílcar Mantilla va por optimizar esfuerzos: “Una apuesta seria, de la FEF, incluso. Los medios con una agenda igual que la de los varones, que posicione una industria de entretenimiento, una oportunidad de crecer económicamente”.

Fernanda Vásconez, presidenta del club Ñañas, lamenta que ellas no sean el foco del mercadeo ni en la FEF. “Vamos de yapa, en paquetes con las selecciones menores de varones. Nos restan valor”.

Superliga Femenina, ¿será?

La FEF inscribió dieciséis clubes, que este 2022 juegan la Superliga Femenina en canchas amateurs y estadios de Quito, Guayaquil, Ambato, Patate, Ibarra y Cuenca. Los hinchas son pocos. Los varones son profesionales desde 1957; igual, algunos clubes juegan ante familiares y heladeros.

Desde 2020 DirecTV es auspiciante de la Superliga, apoya con su marca, dinero y transmite los juegos más importantes; este año los play off y finales. “Vamos bien. Damos visibilidad al torneo y, con eso, promovemos que otras marcas se sumen. Creemos en los procesos: en 2010 lo hicimos con Independiente del Valle, hoy sabemos su historia ganadora”, dice Antonio Cárdenas, gerente de Contenidos y Mercadeo.

Los equipos

Dragonas IDV representa a la USFQ y al Independiente del Valle, nació en 2019. “Hemos sido dos veces semifinalistas de la Superliga y buscamos un alto rendimiento deportivo y desarrollo humano. El DT es Rodrigo Castrillón y es la base de la Selección Sub-20 y mayor”, comenta Andrés Larriva, gerente de Comunicación. “Buscamos el título”, advierte.

Guerreras Albas, LDUQ, tiene 31 jugadoras; con dos brasileñas y dos venezolanas. Diez tienen entre quince y diecisiete años, y el resto entre dieciocho y treinta años. Su DT es Verónica Marín, treintañera que llegó tras ascender a la Superliga con U. Católica.

“Todos somos Liga” es el proyecto: vivienda para las cracks de provincia y extranjeras, trato de deportistas de alto rendimiento. Las mayores tienen contrato según la ley, y el resto vivienda, viáticos, contratos amateur. Liga gestiona, con marcas privadas, el desarrollo integral de sus jugadoras.

Universidad Católica, a partir de 2022, con el ascenso a la Superliga, aplica los procedimientos del club. “Jóvenes que aprenden fundamentos técnicos, valores tácticos, manejo sicoemocional y de grupo; desarrollo físico propio de la disciplina y de su género”, dice Ana Rueda, la DT, joven con cancha en el fútbol infantil, colegial, universitario y empresarial; además de su paso en Primera B, con Clan Juvenil varones.

Católica tiene veinticuatro jugadoras, con una extranjera y edad promedio de veintidós años. “Una herramienta para sembrar valores y una fuerte determinación por ser ganadoras. Hay un plan a mediano y largo plazo, mantener el equipo en desarrollo, con la evolución de las jugadoras para entenderse como profesionales”, remata Rueda.

Barcelona, el objetivo es ser campeonas este año y destacar en Copa Libertadores. Para eso contrataron a la DT Wendy Villón, campeona con Deportivo Cuenca y El Nacional; con experiencia en Libertadores y ganadora de tres títulos en tres años. Está al mando de veinticinco jugadoras, entre unas que ya han sido campeonas y las canteranas.

La DT Emily Lima y el reto tricolor

Emily Lima, 41 años, nacida en São Paulo, hincha de este club; titulada en Gestión Deportiva y Dirección Técnica, fue verde amarillo desde la Sub-14 hasta la Sub-21. En 2008 se nacionalizó portuguesa y jugó por esa divisa tres años. “En lo organizacional y estructural, todo bien. Tenemos las mismas comodidades que los varones y una oficina con todos los servicios. Esto nos motiva”.

Lima suma veintisiete años de experiencia y asegura que acá hay con qué. “Las chicas son bajitas, pero con gran técnica y potencial. Esto no es gasto, es inversión. Si este proceso se mantiene, en unos diez o quince años habrá grandes resultados”.

Fernanda Vásconez, líder del club Nañas, enfatiza el off side. “Lo hago con hombres y gano millones; con las mujeres, puro gasto. Es como criar un hijo: lo alimentas, educas, engrandeces y, luego, resultados”. Ese trato igualitario no existe. “Pero llegará, en cinco, diez, quince años, llegará”.

Jugar las fechas FIFA alienta procesos como el de Emily. Vásconez se alegra. “Antes, para jugar, debíamos esperar los cuatro años del mundial”. Lima es optimista. Destaca que, en marzo pasado, en el clásico entre Barcelona y Real Madrid, por cuartos de final de la Champions League, la capitana catalana, Alexia Putellas, vendió el doble de camisetas que Piqué, Pedri o Busquets. Y la asistencia: 91 553 aficionados. Para la semifinal con el Wolfsburgo, la entrada se vendió, otra vez, completa.

Derechos y equidad, lo simbólico también juega

Desde 2016, gracias a la ecuatoriana Sol Muñoz, representante de Conmebol ante la FIFA, el 7 de marzo es Día del Fútbol Sudamericano Femenino, un día antes del Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, Vásconez acusa discriminación de la bancada de varones. “¿Qué hace usted aquí, señorita? Nosotras lo hacemos por nosotras”, encara.

María Benítez, coordinadora deportiva femenina en LDUQ, es directa. “Derechos, fútbol. No pedimos igual salario, sí iguales oportunidades. Muchas tienen contrato con el IESS; estudian para salir adelante solas. Seremos rentables, es un largo camino sin regreso”, apuesta.

Al equipo de la Universidad Católica se lo conoce como las chicas del Trencito Azul. Fotografía: Instagram.

La activista Lolo Miño dice que “las mujeres incursionando en terrenos masculinos ayudan a superar estereotipos sobre los roles, que no están limitados al cuidado y la crianza; las mujeres siendo delicadas. Son nuevos espacios para destacar y ser prósperas”. “Las niñas deben tener deporte, competencia. Serán más fuertes para la vida”, completa Dayana.

Vásconez coincide: “El fútbol es la acción más visible en la lucha por nuestros derechos”. Como dice Saudia Sánchez, directora regional de Unesco: “Hay un lenguaje, un determinado mundo fútbol y entrar ahí es romper barreras mentales”. Dayana ya entró. “Policía, bombera, futbolista, chef, militar, presidenta: más espacios para nuestra realización”.

Política de Estado, un jugador clave

Madeleine Riera del Barcelona Sporting Club es especialista en romper récords. Este año marcó 44 goles. Fotografía: Cortesía Primicias.

Francia lo volvió política de Estado. El directorio de la Federación Francesa de Fútbol impone presencia igualitaria de hombres y mujeres. Lograron una ley de comunicación que obliga a tener espacios para dirigentes, árbitras, técnicas y futbolistas. Organizaron el Mundial de 2019 y la final, en el estadio de Lyon, tuvo sesenta mil hinchas gritando por igualdad salarial. Otros 82 millones lo vieron por la tele, el doble de Canadá 2015.

Costa Rica es la sede del Mundial Sub-20 a jugarse en agosto. Fernando Ocampo, presidente de la histórica Liga Deportiva Alajuelense, dice que es un reconocimiento al fútbol femenino de su país y la lucha de las mujeres por igualar condiciones en un espacio de hombres.

Pese a estos golazos, la brecha económica entre hombres y mujeres tiene cifras sacatécnicos: la FIFA destina veintiséis millones de dólares para ellas y sus veinticuatro equipos mundialistas. Y 356 millones para los 32 equipos de ellos, que jugarán Catar.

Cuando las estadounidenses ganaron en Francia miles de hinchas les celebraron en el aeropuerto. Su líder, Megan Rapinoe, es una activista homosexual que respaldó a Colin Kaepernick cuando, protestando por la violencia policial contra los negros, el quarterback estableció poner la rodilla en tierra mientras en cancha suena el himno. Megan también le cumplió al presidente Trump: “No iremos a la puta Casa Blanca”, advirtió. Y no fueron.

Dayana en su tanda de penales

Dayana Jiménez vive su sueño infantil: ser futbolista.

En 2005 Dayana Jiménez cumplió siete años. En las canchas de la ciudadela Hospitalaria, Conocoto, soñó algo inusual: ser futbolista. Jugó como la única niña del equipo o integró el de la familia con sus hermanos. Desde entonces, al armar una jugada o marcar un gol, dice alcanzar un estado de plenitud. “Euforia, adrenalina: eso me da vida”.

Dayana sobrevivía a la lenta y dispersa gestación del fútbol femenino en el Ecuador. “En 2014, de la selección del colegio Benalcázar, pasé a la de Pichincha; en los Juegos Deportivos Nacionales, en Macas, fuimos subcampeonas”, cuenta la volante ofensiva.

En 2015 fue reclutada por la ESPE, es subcampeona nacional de fútbol sala, y en 2017, bronce en los Juegos Universitarios. Pero pensó colgar los botines. “Cambié de carrera para jugar, la familia se opuso. En cancha nadie te regala nada. ¡Y aquí estamos! El fútbol te hace resiliente”.

En 2019 fue campeona amateur y defendió la Tri en fútbol de salón. Desde 2021 es volante titular en la Católica, ganaron el ascenso y buscan play offs en la Superliga. Este año será licenciada por la ESPE en Educación Física y pronto celebrará su título en Idiomas.

Cumplió veinticuatro, sigue en Conocoto. Ahora en la Católica, va caminando a entrenar en La Armenia. Antes fue tenaz: desayuno y corre a entrenar en Quito; más de una hora viajando en bus, a veces, con la ñaña menor. La universidad en la noche, luego los deberes o madrugar a estudiar. Días largos, caer y levantarse, reinventarse; solita.

El recreo es mirar a Catalina Usme o Moisés Caicedo, su inteligencia para asistir o marcar. Jovencita, la nostalgia le juega un pase al vacío. “Jugaba en calle de tierra, con arcos de botellas, autos pasando; regresar a casa con la ropa sucia, los zapatos rotos. El barrio cambió, la canchita se salvó y mejoró”.

Emocionada, celebra que ama y vive su sueño infantil, apasionadamente. “Derribé barreras sociales y mentales. ¡Eres niña, no lo lograrás! El mundo ya no es solo de los hombres: más niñas soñarán y se sumarán a la lucha. ¡Yo ya puse mi granito de arena!”, marca. ¡Y de chalaca!

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