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La muerte o la luz al final del túnel

por Anamaría Correa Crespo

En este año nuevo, les tengo buenas y malas noticias. Empezaremos por las malas, para dejar el trago dulce para el final.

Heidegger nos recuerda…

Como les dije, comienzo por lo aciago. Todos ustedes lo saben, pero pocos habrán podido aceptarlo. La muerte, la parca nos persigue. No importa lo buenos o malos, exitosos o fallidos, santos o viles que hayamos sido, todos nos vamos a morir. Ya lo sabían y no querían que se los recordara, ¿cierto? No es lo que querían leer en este inicio de año.

La muerte o la luz al final del túnel
Ilustración: María José Mesías

Martin Heidegger, el filósofo cancelado por sus vínculos nazis, pero no por ello anulado en su inmenso pensamiento, lo sabía hace más de setenta años. Estamos marcados por nuestra propia finitud y por nuestra conciencia de ello. ¡Vaya humanidad la nuestra, conscientes de nuestra propia muerte!

Luz al final del túnel

Pero existe luz al final del túnel. Sí, existe luz al final del trayecto y no solo porque así lo hemos oído o porque tengamos algún tipo de fe religiosa en la vida después de la muerte. Ahora la ciencia ha comprobado que el tramo final y el paso decisivo, es decir, aquel de nuestra partida, no es tan amargo como algunos temíamos.

Ha comprobado científicamente la existencia de la experiencia antes relatada por miles de personas quienes habían experimentado la muerte en situaciones de salud extremas y que habían “vuelto a la vida” para contarlo.

El novedoso experimento relatado en un artículo que será publicado próximamente muestra que la conciencia de una persona no muere cuando el corazón deja de latir, sino que perdura con actividad cerebral aun cuando la persona esté biológicamente muerta.

El experimento

El estudio más grande realizado sobre este tema lo realizó el profesor Sam Parnia, entre un grupo de 567 pacientes que habían recibido RCP, tras un paro de su actividad cardíaca entre los años 2017 y 2020; de estas personas se pudo estudiar a 85.

Entre los sobrevivientes había algunos que recordaban, de forma clara, lo que habían vivido mientras estaban muertos. Todos ellos coincidían en la sensación de final y paz, la separación del cuerpo físico, el haber realizado una evaluación concienzuda de su propia vida, sentimientos y pensamientos, y la realidad de encontrarse en alguna forma de túnel que representaba un destino auténtico y del que no querían retornar.

El final feliz

Los médicos de varias universidades involucrados en el experimento no se atreven a afirmar que los resultados constituyan ningún tipo de evidencia de la existencia de una vida después de la muerte, sin embargo, aun manteniendo nuestras expectativas bajas, quizá Heidegger se alegraría de saber que, en el momento definitorio de nuestra existencia, nuestra condición finita nos ilumina lo suficiente como para recordar incluso lo que nuestra memoria consciente había borrado y que el trago final es tan plácido como para regresar al punto de inicio.

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