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Todo empezó en la cervecería

por Jorge Ortiz

Hitler. Cervecería Bürgerbräukeller, 8 de noviembre de 1923.
Cervecería Bürgerbräukeller, 8 de noviembre de 1923.

Desde las seis de la tarde el lugar estaba repleto, abarrotado por tres mil personas tensas y nerviosas, que presentían que algo especial sucedería aquella noche. Esa no sería una jornada cualquiera. La ‘Bürgerbräukeller’ era la cervecería más concurrida de la ciudad y, sobre todo, el lugar más intenso y vibrante, donde sucedían las conversaciones más apasionantes, los debates más ardientes y, también, las conspiraciones más siniestras, en una época de alta politización y absoluta radicalización, en la que las calles eran escenarios diarios de enfrentamientos armados cada vez más sangrientos.

Alemania entera hervía en ese turbulento 1923: al terminar la Primera Guerra Mundial, Inglaterra y Francia, las potencias europeas vencedoras, habían colocado a los imperios derrotados, en especial al alemán, en una situación humillante de vasallaje, incluida la obligación de pagar unas reparaciones de guerra aplastantes. En enero los pagos se habían retrasado, por lo que tropas francesas y belgas ocuparon la región del Ruhr, el corazón de la producción de carbón, hierro y acero, lo que terminó de devastar la economía alemana. La inflación se disparó y la moneda se pulverizó.

Al empezar la ocupación, el 11 de enero, un dólar estadounidense costaba 17.900 marcos, en agosto estaba en 4’620.000, en septiembre subió a 98’860.000, en octubre a 25.260’000.000 y en noviembre llegó a 4’200.000’000.000. Los billetes eran papeles sin valor. Con los precios enloquecidos y la pobreza generalizada, la agitación social se volvió estruendosa. Alemania entera se incendió. Múnich, con la ‘Bürgerbräukeller’ en el centro, se convirtió en el eje de la agitación. Algo, y muy grave, tenía que suceder pronto.

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Acerca de Jorge Ortiz

Si bien la televisión ha hecho que el público lo conozca, su mejor faceta es la de la escritura, donde demuestra no solo un envidiable conocimiento histórico, sino un estilo terso e impecable. Él dice lo que piensa y lo que cree.
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