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EDICIÓN 500

Moda

Si no te representa, no te lo pones.

Título: Damas Puga en el parque Seminario. Fotógrafo: Peña Echaiz, Rodolfo. Fecha: ca. 1921 - 1923. Técnica/soporte: Negativo-placa de vidrio/Vidrio. Dimensiones: 9,00 x 11,80 cm. Colección o titularidad: Ministerio de Cultura y Patrimonio. Repositorio digital: Archivo de Fotografía Patrimonial - INPC

1980~2024 Moda sin patrones

por Leisa Sánchez

¿Alguna vez ha sentido que lo desnudan con la mirada? Seguramente sí y es muy probable que su look haya provocado curiosidad, impacto, asombro… algo así como someterse al escrutinio público en un espejo diferente al de la propia casa.

Pese a parecer un asunto banal y pasajero, con qué y el cómo nos vestimos es un tema muy serio, reflejo de circunstancias políticas, económicas, sociales y culturales, que afecta a cada individuo y a la sociedad en su conjunto.

Como dice Giorgio Riello, autor del libro Breve historia de la moda. Desde la Edad Media hasta la actualidad, “no solo se trata de comprender qué puede aportar la moda a la historia, sino también qué puede hacer la historia para comprender la moda”.

Cada estilo fashion no solo refleja y representa el espíritu de una época concreta, sino que cambia y evoluciona tal cual un reloj; puede ser revolucionaria en un momento dado, pero también rompedora al imponer nuevas visiones.

Por decir algo, si en los años ochenta la creatividad se volcó a las mujeres trabajadoras, en los noventa los avances tecnológicos y la expansión de internet se tradujeron en un vestuario global que mezcló diferentes estilos e influencias.

Con la llegada de un nuevo siglo, en los años 2000, las nuevas tecnologías, las celebridades y el comercio electrónico desempeñaron un papel clave en las elecciones de los consumidores. Pero una década más tarde la frontera entre la alta costura y la moda urbana se difuminó, mientras las redes sociales irrumpieron con blogueros compartiendo sus propios looks.

El metaverso, ese mundo virtual de interacción en tiempo real, sedujo también a la industria de la moda. La primera edición del Metaverse Fashion Week se celebró en marzo de 2022 y no lo hizo con marcas desconocidas, sino con firmas afincadas en la vida real como Balmain, Dolce & Gabbana y Tommy Hilfiger.

Y para su segunda edición (2023) en la popular plataforma virtual Decentraland se reafirmaba como “un evento histórico en la industria de la moda mundial” con desfiles, experiencias inmersivas y compras, respaldado por más de sesenta marcas, artistas y diseñadores.

Otras circunstancias también han cambiado. Desde hace una década se habla mucho de nuevas generaciones de consumidores que prefieren la ropa atemporal, sostenible, inclusiva y diversa.

La moda sin género es el acto de vestirse sin adherirse a las normas típicas masculinas o femeninas.Incluye atuendos, ropa, accesorios, maquillaje y peinados.
La moda sin género es el acto de vestirse sin adherirse a las normas típicas masculinas o femeninas.Incluye atuendos, ropa, accesorios, maquillaje y peinados. ® SHUTTERSTOCK.

Nuevos estándares

Todo esto sin olvidar las demandas comerciales frente a un mundo interconectado y sincronizado digitalmente.

La mentalidad cambia gracias a campañas internacionales por detener la fast fashion o moda rápida, que se produce en masa y en precarias condiciones laborales y se vende a bajo precio.

Además, el panorama se empaña aún más con la explotación descontrolada de recursos naturales que demanda la industria textil, una de las más contaminantes del ambiente.

En contraposición, la slow fashion o moda lenta promueve un consumo ecológico y ético con prácticas que van desde el comercio justo hasta vestirse con ropa reciclada o de segunda mano.

Los creadores no se han quedado de brazos cruzados en el Ecuador. Un ejemplo de visibilización colectiva es la plataforma Lifestyle Kiki, creada por Estefanía Cardona, especialista en marketing y comunicación.

Su motivación, precisa, fue mostrar “la moda desde un punto de vista elemental de nuestra cultura, cuestionarla también y preguntarnos a quién compramos, por qué compramos y a qué damos valor”.

Ese espacio digital combina moda, arte y cultura desde la investigación, la difusión y la gestión de proyectos. Fue la primera plataforma digital en recibir fondos concursables del Ministerio de Cultura (2016-2017).

El local Casa Kiki, en Quito, es la versión tangible del consumo responsable que promueve Lifestyle Kiki. Allí convergen más de sesenta creadores de todo el país, entre diseñadores, joyeros, artesanos, gestores, ilustradores, artistas, etc. Además, exhibe arte local, en ocasiones ligado al diseño y la moda.

Más que una tienda, Casa Kiki es un punto de encuentro. Cardona lo define así: “un espacio físico en el que habitan los creadores y los ciudadanos que nos gusta compartir, escuchar historias y expresarnos, que nos gusta responsabilizarnos y comprometernos con nuestras compras”.

Ni masculino ni femenino

“La moda tiene que reflejar quién eres, qué sientes en el momento y a dónde vas”, opina el músico, productor y empresario Pharrell Williams, una figura influyente en la cultura pop y el estilo urbano.

Sus palabras encajan en la terminología contemporánea que deja en libertad la identidad: “sin género o “genderless”, “no binaria” o “género neutro”.

“Si bien hace años la moda era unisex, hoy es moda ‘genderless’, y se trata de que cualquier persona, sin importar cuál sea su género o su identidad, la pueda llevar. Gracias a ella, son muchas las personas que se pueden vestir como se sienten, sin tener que sufrir ningún estereotipo social”, explica un artículo de la Escuela Superior de Diseño de Barcelona, España.

Celebridades como el cantante Harry Styles, el actor Jaden Smith, la modelo Cara Delevingne y la cantante Billie Eilish abanderan esta tendencia.

Hasta el reguetonero Bad Bunny, dueño del más reciente fenómeno musical global, ha dejado en claro que no hay límites: “Me cuesta adjudicar un género a la ropa. Para mí, un vestido es un vestido. Si llevo un vestido, ¿dejaría de ser el vestido de una mujer? ¿O al contrario? Pues no. Es un vestido y punto. No es de hombre ni de mujer. Es un vestido”, dijo en una entrevista con la revista estadounidense GQ.

Otro asunto en discusión es el de la representatividad de tallas medianas y grandes. La publicación Vogue Business fue al corazón de la industria y analizó la temporada otoño/invierno 2023 de los calendarios oficiales de Nueva York, Londres, Milán y París para determinar la proporción de tallas en los desfiles.

El resultado: solo diecisiete marcas presentaron al menos un look de talla grande. De 9137 looks en 219 espectáculos solo el 0,6 % fueron de talla plus y el 3,8 % de tamaño mediano.

Prendas atemporales.
® SHUTTERSTOCK.

Prendas atemporales

Una prenda reinventada hasta la saciedad es el corsé (data del siglo XVI), asociado a la opresión y la liberación de la mujer, que en los años noventa Madonna llevó al estrellato (diseño cónico de Jean Paul Gaultier) y más tarde acogió la moda urbana.

El jean o pantalón vaquero es quizás la prenda de vestir más universal desde que despuntó en los años setenta como símbolo de la juventud rebelde, de la moda hippie y la música folk.

En su versión clásica, desgastado, con huecos o forma acampanada, es una prenda favorita en looks tanto informales como formales de hombres y mujeres.

Según FashionNetwork.com, “los consumidores europeos y estadounidenses poseen entre cuatro y seis pares de jeans en sus armarios”. La comodidad es lo que más motiva a adquirirlos.

Si se hurga en el estilo deportivo un caso notorio es el del jersey (o sudadera) con capucha que creó la firma Champion en los años treinta, en Nueva York. Fue popular entre los estudiantes universitarios en los años cincuenta y sesenta, y llegó a la cima en los ochenta y noventa con el baloncesto y el famoso Dream Team. El resto es historia, pues esta pieza unisex tiene tal trascendencia que forma parte de la colección del MoMA.

La quimera del cuerpo perfecto

El cuerpo femenino, por obvias razones, es el que con mayor rigor se somete a estiras y encoges, a mostrar más o menos, a dejarse aprisionar o liberarse, a acentuar o disimular ciertas partes de la anatomía. Es decir, un vaivén de estilos moldeados por el momento que ha vivido cada generación.

Hablando de estereotipos icónicos, vale citar la silueta curvilínea de Marilyn Monroe, la extrema delgadez y pecho plano de top models como Twiggy o Kate Moss, el cuerpo tonificado de Cindy Crawford o los glúteos exagerados de Kim Kardashian.

Alcanzar las medidas idealizadas 90-60-90 de las supermodelos o la favorable silueta de reloj de arena ha sido una quimera tanto para adolescentes como para mujeres adultas, ya sea con extenuantes ejercicios o dietas imposibles de cumplir, o con cirugías y drogas adelgazantes.

De esa obsesión saltaron las alarmas por la bulimia y la anorexia. A tal punto que, en 2017 una ley en Francia estableció un aval médico sobre la masa corporal de las modelos para participar en desfiles de moda, así como notificar los retoques digitales en imágenes con fines publicitarios.

Durante décadas, la moda se burló de las mujeres que no eran flacas. Las modelos plus size son la verdadera inclusión en la industria de vestir.
Durante décadas, la moda se burló de las mujeres que no eran flacas. Las modelos plus size son la verdadera inclusión en la industria de vestir. ® SHUTTERSTOCK.

“Las personas hacen todo lo posible por lograr y mantener una imagen corporal que responda a arquetipos de belleza que a menudo son completamente irreales y provocan insatisfacción, ansiedad, baja autoestima y síntomas depresivos”, señala la Universidad de Cambridge en la publicación El ideal del cuerpo perfecto.

Eso lo sabe muy bien María Eugenia Donoso, exmodelo ecuatoriana que estuvo a punto de morir por desórdenes alimenticios, pues desde la adolescencia su única ambición “era ser flaca”.

Pero ganó autoestima y en 2011 fundó Plus Trends Company, empresa pionera en el Ecuador y América Latina en crear productos (vestimenta, lencería, perfumes), una agencia de modelaje y asesoría en empoderamiento femenino. Dicho de otra manera, un condumio integral para “la diversidad corporal en un contexto positivo”.

Pertenencia es la palabra clave para alentar no solo a jóvenes sino a mujeres que pasan de los cuarenta años. Más de un centenar de ellas han sido formadas en talleres de capacitación y 65 son modelos activas.

Hay que elevar la autoestima: “Las chicas se convencen de que tienen que cambiar para poder meterse en un pantalón en vez de hacerlo al revés, que el pantalón tiene que adaptarse a uno”.

A diferencia de Colombia, Argentina, Chile y Brasil, que llevan la delantera a nivel regional en la inclusión y diversidad en la moda, dice Donoso, “el Ecuador está en pañales y se ha quedado detenido en el tiempo”.

Lo que significa, añade, que rara vez hay modelos afros o indígenas en desfiles o portadas, y tampoco “empresas con poder económico e influencia para hacer el cambio que apuesten (de manera permanente) por eso”.

En cuanto a tallas plus, no se trata de una ausencia de demanda porque el sobrepeso y la obesidad afectan por igual a mujeres (67,4 %) y hombres (59,7 %). Según el Ministerio de Salud, la proporción femenina es de ocho de cada diez mujeres de 45 a 69 años.

¿Y los hombres de talla grande? Donoso cree que no se habla tanto porque la sociedad “no castiga” el sobrepeso masculino y es más fácil encontrar oferta plus size para ellos: “La presión social y estética es mucho más fuerte para las mujeres, y no solo en la moda, sino también en ámbitos laborales y de relaciones sociales”.

Alta costura

Alta costura.
® SHUTTERSTOCK.

Para empezar la confección artesanal con firma de diseñador surgió con Charles Frederick Worth quien abrió la primera casa de modas en París en 1858 y nació “la alta costura”, un término legalmente protegido (desde 1945) que engloba a famosas maisons como Dior, Chanel, Giambattista Valli, Givenchy, Jean Paul Gaultier, Maison Margiela, Versace, Fendi, Elie Saab y Schiaparelli, entre otras.

Las pasarelas internacionales también involucran marcas emergentes que paulatinamente han ganado reconocimiento por conceptos innovadores en el uso de materiales y atemporalidad en el guardarropa moderno.

La Federación de la Alta Costura y la Moda reúne las casas de diseño francesas e internacionales más emblemáticas. La Semana de la Alta Costura se celebra dos veces al año en París (colecciones para primavera/verano en enero y para otoño/invierno en julio).

Según la revista Vogue (edición México y Latinoamérica), el tiempo que toma confeccionar una pieza de alta costura, según el grado de complejidad, va de 150 horas para un vestido o traje simple a 1600 horas para una pieza con complejos bordados y abundantes detalles decorativos.

Les petites mains, como se conoce a las costureras en los talleres de confección, son las que hacen realidad los diseños exclusivos que, dada la manufactura, alcanzan costos que pueden superar el millón de dólares.

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