Mientras haya sueños…

Los sueños
Ilustración: María José Mesías

Recién leí que cualquier ser humano sueña durante seis años completos de su vida . Es decir que cada noche de nuestra vida tenemos de seis a ocho sueños que pueden durar hasta veinte o treinta minutos. El 95 % de estos sueños, según los estudios que se han realizado sobre el tema, se olvidan inmediatamente, sin embargo, queda un gran 5 % de esos sueños que sí recordamos. De esos, algunos son tan vívidos y fuertes que se confunden con la realidad. ¿No será que solamente somos un personaje más en el sueño vívido de alguien?

La ciencia aún no se pone de acuerdo en cuál realmente es el propósito de los sueños y alrededor de ellos se han forjado una multitud de explicaciones esotéricas y extravagantes, pero también grandes creaciones literarias y la gran teoría psicoanalítica de Freud que afirmaba que el subconsciente y todo su repertorio de deseos reprimidos se manifiestan en los sueños. A pesar de todos estos intentos por descifrarlos, los sueños siguen siendo un misterio incomprendido tanto para la neurociencia y psicología contemporáneas como para nosotros los creadores de estas obras. ¿No será que nuestros sueños son nuestra vida paralela?

Una de las cosas más fascinantes que suceden cuando soñamos, si es que andamos con mucha suerte, es que tengamos sueños lúcidos, es decir, sueños en los que te das cuenta de que estás soñando o sueños en los que tienes la capacidad de controlar el desenlace. Soñar en que podemos controlar nuestros sueños suena realmente a un sueño cuya posibilidad de existencia aún no me convence; sin embargo, sí puedo decir que en mis sueños he sentido el efecto Inception o Matrix. Es decir que he soñado sueños en los que me he dado cuenta de que estoy en el sueño de un sueño.

Tres capas oníricas de un sentón suena inverosímil y complicado, pero fue cierto y me maravilló. Allí me di cuenta de la complejidad de nuestro inconsciente y el universo infinito e intricado que cargamos dentro sin reparar demasiado en ello. ¿Cuántos secretos albergamos en esos compartimentos sepultados de nuestra caverna cerebral?

¿Se imaginan si alguien tuviera acceso directo al contenido de nuestros sueños? Esa persona tendría una puerta instantánea a nuestros más íntimos y recónditos secretos, esos que ni siquiera sabemos que albergamos o, que si lo sabemos, solo quedan para la penumbra de nuestro espacio más íntimo.

Siguiendo la línea freudiana, podríamos decir que nuestras pulsiones prohibidas aparecerían retratadas como escenas de películas de Almodóvar… Y si nosotros mismos pudiéramos acceder al contenido de nuestros sueños, quizá entenderíamos el principio del ser. ¿No será que somos el sueño de Dios?

Hay noches en las que quisiera un alto completo, parar la maquinaria cinematográfica de mi mente y descansar. Luego me acuerdo de que realmente, a pesar de las tribulaciones de la noche, algún propósito estarán cumpliendo los sueños. También pienso que ese alto completo, probablemente será la muerte, así que mientras haya sueños, vida habrá…

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