Mi poder sobre la constitución: una historia de superhéroes
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Mi poder sobre la constitución: una historia de superhéroes

The boys, la serie original de Amazon Prime, ha logrado lo que muchos pensaban imposible: acelerar de manera desmedida y polémica la evolución de las franquicias de superhéroes. No es para todo el mundo, pero quizás todo el mundo debería verla.

“En una sociedad cerrada, en la que todos son culpables, el único crimen es que te atrapen. En un mundo de ladrones, el único pecado capital es la estupidez”.

Hunter S. Thompson

Por Juan Fernando Andrade / @pescadoandrade

Se puede escribir en caliente, en vivo, pasando de una pantalla a otra sin detenerse en el qué dirán o en el qué diré. Es arriesgado, pero abre puertas. Activa ciertas ideas y ciertas imágenes y ciertas emociones que, de otra manera, serían secuestradas por el buen juicio. La urgencia, la necesidad, la militancia, la alegría, las ganas de decirle a alguien o decirle a todo el mundo: The Boys es mi Game Of Thrones.

Me imagino a un niño de, no sé, diez o doce años, esperando que sus padres vuelvan a inclinar la cabeza hacia el teletrabajo o se duerman, ya hartos de estar hartos, para conectarse y ver esta serie y poder hablar con sus amigos online y ser parte de una conversación que hay que tener.

Digamos que alguien le contó que es como DC pero con sangre, y mucha, mucha más que en una película de zombis, brazos y piernas que se arrancan (se ven los huesos, los tendones) y cabezas que explotan como fuentes, y una filosofía gore cuyo arresto radica justamente en el exceso. ¿Cuánta sangre puedes ver antes de perder el deseo? Somos vampiros y este es un bufet abierto las veinticuatro horas con cadáveres frescos y no tan frescos cayendo uno sobre otro, amontonándose en las bandejas calientes. O capaz le dijeron que es como Marvel pero con malas palabras, las palabras que usarían Iron Man y Thor en un baño de hombres jalando un pase, palabras que él usará de aquí en adelante con total autoridad y conocimiento de causa, queriendo decir lo que dice, como las usan sus padres cuando se cae Internet.

Y, loco, aguanta, no sabes: peladas, peladas en bolas, peladas ricas.

Mientras todo esto sigue pasando, contando ya más de un año yendo de la cama al living, ver The Boys puede ser como debutar en un chongo: la puerta hacia ese lugar que te llena de miedo, que te paraliza, ese lugar al que siempre habías querido ir pero que igual te asusta porque, no lo olvides, eres un niño: pero no es eso lo que quieres ser. Y sí, obvio, en The Boys también mandan las mujeres y son al final la razón y la consecuencia.

Lo siguiente es producto de mi propia ignorancia, lo reconozco, pero vale decirlo. Había, hasta ahora, un régimen bipartidista dominado por estas multinacionales. DC tocó el cielo con su versión de Batman en The Dark Knight y desde entonces esperamos que se supere a sí misma, cosa que, seamos sinceros, no ha pasado. Marvel, en cambio, logró imponerse como un universo emocionante, aparatoso, divertido y dramático a la vez, una dimensión que se extendió como una novela decimonónica con invaluables lecciones de vida; y sirvió para formalizar vínculos entre padres e hijos que crecieron juntos mientras veían esas películas: varios amigos me dijeron, súper en serio: No puedo verla sin mi hijo, no puedo traicionarlo, es algo que debemos hacer juntos.

Pero un padre no debería ver The Boys con su hijo y, más importante aún, un hijo no debería ver The Boys con su padre. La vida te da oportunidades para soltar las primeras manos que apretaste cuando llegaste a este mundo y hay que aprovecharlas. Soltar esas manos y salir corriendo o salir volando.

¿Hablamos de escapar? No necesariamente.

Más bien de salir a buscarse y ten cuidado con lo que buscas porque podrías encontrarlo.

En The Boys, y esto es sine qua non en el género, los superhéroes existen y como todos nosotros tienen una doble vida. No me refiero a una identidad secreta sino a una doble vida: la pública (redes sociales incluidas) y la privada (frustración y cuestionamientos incluidos). Son, por así decirlo, superhéroes profesionales, empleados de una corporación, figuras públicas que combaten el crimen pero también promocionan bebidas energizantes, parques temáticos, cosméticos para desinflar esas odiosas bolsas debajo de los ojos y esos rollitos indeseables, querida amiga. Son el símbolo de todo lo que está bien en este mundo. Eso que tú también podrías ser si te levantaras un poco más temprano, si hicieras ejercicio, si creyeras en ti mismo y hablaras con la chica que te gusta; si apostaras por tus sueños y no trabajaras en los sueños de los demás, si tomaras las riendas de tu propia vida: siempre y cuando esas riendas sean las que esta gente te dice que tomes, y que no sueltes nunca más.

Dicen que lo realmente difícil no es escribir sino escribir todos los días. Lo mismo pienso yo del amor: amar todos los días es una cosa muy brava, muy brava y muy feliz. Ahora bien, ¿quién puede ser bueno y honrado y ejemplar siempre? Nadie, ni siquiera un superhéroe, aunque tenga que parecerlo. Recuerdo esa frase legendaria que repetían las abuelas con aliento a Cartier: No solo hay que serlo, sino parecerlo.

Un niño puede entrar a la adolescencia viendo The Boys y sentirse emocionado por lo que vendrá, por eso que aún no conoce pero que lo ha estado esperando desde que nació, sabiendo, de antemano, que no será nada fácil, que habrá que irse en contra del orden establecido y que los buenos, los que salen en televisión diciendo que nos protegerán de todo mal, necesitan del mal (así: el mal) para que nosotros los necesitemos a ellos y compremos sus juguetes y veamos sus películas y nos vistamos como ellos en fiestas de disfraces. Y que repetirán esta frase hasta el cansancio: los verdaderos héroes son ustedes.

Un adulto que vio de The Boys en el momento adecuado habrá crecido también con principios musicales sacados de su banda sonora, que no está nada mal para esa época en la que se adolece: desde Iggy Pop hasta las Spice Girls, pasando por mucho Billy Joel y coronando con The Rolling Stones. Déjenme decirlo: si un ser humano descubre y luego explora la obra de Los Stones gracias a The Boys no puede quejarse de la televisión que lo crio.

Ese mismo adulto volverá a verla, estoy seguro (no con su hijo, espero), o al menos tropezará con un capítulo y se enganchará enseguida porque estará viendo otra historia, algo para los grandes que discuten lo que ven en las noticias todas las noches. El conflicto central en la serie es el siguiente: los superhéroes corporativos mantienen una maquiavélica campaña por formar parte del ejército americano para, entonces sí, tener el poder absoluto y poder ajusticiar a quien sea y como sea y donde sea. Todo en nuestro nombre.

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