Mi Negra
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Mi Negra

Por Martín González Sánchez

Edición 460 – septiembre 2020.
Ilustración: Shutterstock

Él le escribe una carta a ella. Le cuenta las cosas que ha visto, las cosas que ha escuchado, y lo mucho o poco que ha podido aprender de este año en cautiverio. Muchas ideas convulsionando en el piso. Mucho corazón. Mucho feeling. Ambos tienen veinticuatro años de edad.

Mi Negra,
Qué jodido es hablar de amor.
Como si una sola persona pudiera explicárselo al resto.

¿Qué puedo decirle yo, que vengo de un hogar roto, a un montón de desconocidos que seguramente vienen de hogares aún más rotos, sobre esa cosa que se supone sirve para pegar todas las grietas? ¿Qué puedo decir yo, que he contradicho mis propios consejos tantas veces y que tantas veces he jurado no volver a amar(te)? ¿Con qué autoridad le hablo a la gente, si entre ellos ya hay corazones más rotos y mucho más curtidos que el mío y también, seguramente, un montón de nervios deshechos y cuentas bancarias vacías?

Cuando he intentado hablar de amor, al menos con honestidad, me han devuelto lo siguiente: “Pero si todavía estás jovencito” (o peor: todavía eres un niño)”. Supongo que sí. A los veinticuatro años que tenemos (aunque te guste jactarte de los ocho meses que me llevas de “ventaja”), uno no se da cuenta de que la relación entre lo que cree que sabe y lo mucho que en verdad ignora es inversamente proporcional.

No sé cómo hablar de amor. Pero sé hablarte a ti, en todo caso, porque a ti te amo. Y sé que te amo porque, si no, no te lo estaría escribiendo, sentado, solo, en mi casa, en la noche, con lágrimas en los ojos, después de haber discutido por teléfono. Esta distancia nos ha puesto a prueba. Y duele.

Nos conocimos hace siete años. Entre los que se cuentan tres intentos fallidos de noviazgo, un noviazgo de dos años con final estrepitoso, cuatro años diferidos de silencio, resentimientos, otras parejas, y dos reencuentros de los que fácilmente podrían desprenderse el guion de una tragicomedia-romántica-indie, y el de una telenovela brasileña, en el mejor de los casos. Ah, cierto, se me olvidaba el documental que hay de por medio, en el que yo le cuento a todo el mundo cómo aprendí a quererme a mí mismo después de que nuestra relación (la primera) fracasó, y que supuestamente me sirvió para superarte, pero terminó siendo la puerta de salida por la que regresaste cuando fuiste a verlo contra todo pronóstico en el festival en el que se proyectó.

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