Hombres sin plan B. Los negros en el fútbol ecuatoriano

Fotografía: API y El Comercio. Ilustración: Camilo Pazmiño

La poderosa camioneta americana irrumpe, levantando polvareda en El Juncal o cualquiera de los caseríos del valle del Chota. Bajan dos estrellas del fútbol. Visten deportivo y de marca; las joyas destellan. Ganadores, vuelven a la aldea que los vio nacer.

Jovencitos, tímidos, carentes, fueron a Quito a triunfar en un club. Y lo consiguieron: él y su familia, anónimos números en las letales cifras de desarrollo humano, pasaron de parar la olla con lo que dé la tierrita, a disfrutar del salario del crack; por ahí, cinco cifras de las altas.

Un grupo de niños mira a sus héroes y se proyecta en ellos. Escapar de la pobreza que les pega, en ayunas y como gancho en el estómago. Vestir bonito, tener casa, agua y energía, saciar hambres atrasadas; una yapa de respeto.

Dioses negros en canchas verdes

“El fútbol es un espacio laboral para esa anhelada movilidad social, gracias a su inteligencia muscular y herencia genética. Hay una escuelita, pero no: se trata de hacerlo rápido”, afirma el antropólogo Óscar Chalá, amigo de algunas de las estrellas del Chota.

Suman casi un millón y medio; cuatro de cada diez son pobres; en las ciudades el 12,6 % son analfabetos y en el campo 23,3 %. Si estudian, lo hacen 8,7 años. El 43,8 % de familias vive en tugurios y cuatro de diez en hacinamiento. 2,7 % son gerentes o directores y el 1,87 % científicos o intelectuales. El 4,14 % son patronos y el 3,59 % empleados públicos. El 9,3 % de mujeres con trabajo hacen labores domésticas. Son datos del INEC, último censo.

Los chicos tienen razón: volar en pedazos la lápida de la exclusión. Y hacerlo ya, a balonazos, como sus ídolos. Chalá asegura que el imaginario afro está habitado de estos campeones. “Portada de Vistazo, año 72: Dioses negros en canchas verdes, el gran titular. En la foto, Pelé”. Tampoco olvidó un regalo de cumpleaños. “Una camiseta con un estampado: Pelé, Eusebio y Spencer”.

¿Un destino social? Si se es negro y, por ello, dotado de atributos y destreza física diferenciados; si las condiciones para su desarrollo no existen, ¿tienen otra opción para su realización humana? Son el 40 % de los que viven en pobreza, subraya Naciones Unidas.

La primera universidad de Quito, San Fulgencio, data de 1586. La Luis Vargas Torres de 1970. Un Estado que te inclina la cancha: no serás doctor, científico. ¡Olvídalo! Salvo el vuelo de la pelota, estos chicos serán hombres sin plan B. “La miseria les empuja y sostiene. Peregrinan al páramo, al llano: donde haya fútbol, ahí pelean. ¡Y se juegan enteros!”, dice Luis Baldeón, investigador y periodista deportivo.

Ulises de la Cruz, pionero tricolor y ganador en la liga inglesa, cree que “mejor si la educación es formal, pero con el fútbol y la universidad de la vida se puede salir”. Su fundación en Piquiucho atiende las necesidades básicas y cambió la vida de su gente. “El Estado, como quiera, está. Y la autogestión, el convenio con LDUQ, por ejemplo. Mi fundación es sostenible”, dice, orgulloso. “Me metí al fútbol para que nuestros pueblos sean visibles, que el Estado nos incluya y trate como a cualquier ciudadano”.

Tienen el hambre, el espacio y el tiempo

Esteban Ávila, director de la radio Redonda, es un especialista. “El 7,2 % de la población es afro. En el fútbol su representatividad es de 70 %. Tienen condiciones, el tiempo; las playas y el campo para luchar su última tabla de salvación. Si el panita que pateaba cocos en Esmeraldas pudo, ¿quien dice que yo no?”.

Francisco Correa, exjugador, hoy gerente deportivo de U. Católica, sorprende. “No es que a todos les encante: es lo único que tienen. Aprenden, logran trabajo y, pocos, fortuna. Una vez, me pararon el auto, pidieron mi licencia. ¡Era un excompañero que se hizo policía!”.

Ulises cuenta que algunos compañeros volvieron al campo. “Tomate, mango, aguacates; hoy buscamos exportar. Tenemos policías, un doctor. Pero, ante la necesidad, hay quienes migran o le dan al cacharreo”.

Correa enfatiza en la naturaleza muscular. “Son fibra 2B, que es velocidad y explosión; oro para un carrilero o extremo. En los blancos esa fibra es 2A, más lenta”. Luis Fernando Suárez, gran mundialista en Alemania y hoy DT de Costa Rica, citó la cantidad de glóbulos rojos en la sangre de los negros de altura, para captar oxígeno: velocidad, capacidad aeróbica y resistencia extrema. Y siglos hace, ¿de qué diablos trabajaron los abuelos?

Correa cita el remoto origen africano. “Esmeraldeños y choteños no provienen de las mismas tribus: un Chalá, un Congo nunca va a ser esmeraldeño; de allá son los Hurtado, Tenorio, Quiñónez. El choteño es alto, atlético y delgado; el esmeraldeño es más fuerte, con más masa muscular, más ancho”. Comparemos un Carlos Tenorio y un Tin Delgado.

Jackson Arroyo, pianista y antropólogo esmeraldeño, reflexiona. “Alcanzamos plenitud en el deporte, la poesía, la danza, la música. Nelson Estupiñán, Petita Palma, Segundillo Quinteros, Antonio y Larry Preciado. Y futbolistas de San Lorenzo, Carondelet, Río Verde, Limones, Onzole, Muisne, Quinindé, Atacames; incluso de Coca, Lago Agrio y Galápagos, barriadas de Esmeraldas. Llegan a clubes grandes y muchos cambian su historia y la del país: las Tri de Bolillo, Suárez, Rueda; la de Alfaro, siempre con un alto porcentaje de negros”.

“Linda gente: sanos, leales, alegres. El biotipo suma, pero la clave es el talento y disposición de aprender; se los ha estigmatizado”, afirma Mauricio Toapanta, exfisioterapista de los cinco años del proceso Célico, con la Sub 20 tercera en Polonia. “Yorkaef Reasco ya mismo es administrador de empresas, con Chiqui Palacios tienen muy buen inglés. José Cifuentes pasó el “Ser bachiller”. Llevaban su cuaderno a todo lado, unos caballeros muy educados”.

Liga de Quito, Aucas, U. Católica, Barcelona, entre otros, trabajan ese frente. “Pero faltan procesos para sembrar valores, inteligencias múltiples, inteligencia emocional. Giorgio Chiellini, central de Juventus y capitán italiano, es doctor con una maestría. Y, ojo: la fiscal general del Estado, es Diana Salazar. Se puede, se debe ir por más”, finaliza Toapanta.

Independiente del Valle ejecuta un modelo ejemplar, añadiendo formación integral a los chicos, que crían en su complejo de Los Chillos. En su estadio invirtieron dieciocho millones de dólares y el presupuesto anual es de siete millones. Al perfil humanista, se suman una exitosa gestión del negocio y resultados: 38 torneos juveniles, una Libertadores Sub 20 y una Sudamericana; con cracks que dejaron cuarenta millones; mientras surgen figuras como Méndez, Franco, Plata, Ramírez, León, Pineida, Mou Caicedo, Steven Plaza, entre otros.

Hoy, el know how se exporta: Luis Rogero, joven protagonista de este equipo, fue contratado por la Universidad de Chile para, como gerente deportivo, implantar el modelo en este icónico club.

Es esta pelota, no la que viene

Los sobrevivientes del quinto infierno nos llevan al séptimo cielo; le lavan la cara a una asaltada nacioncilla. Ese origen, el terror a la Navidad sin sopita, provoca una determinación ejemplar para cazar oportunidades y enfrentar fortísimas adversidades. “Dejan escuela, madres, barrio. En camerino se animan con salsa, reguetón. ¡Sueñan! Esa alegría me pone la piel de gallina”, apunta Baldeón, testigo de estas historias, padre de Emiliano, volante central del Sion S. C, segunda categoría.

Así, los pioneros del Mundial de Japón derribaron un trauma nacional. Antes, los partidos se perdían en el camerino: el miedo nos paralizaba. ¿Qué, cuándo, cómo les habló Bolillo para superar esta postración colectiva? De eso hay hasta leyendas urbanas.

A Agustín Delgado —junto al argentino Hernán Crespo, goleador de la eliminatoria a Japón con nueve tantos— un día le pregunté cómo lo logró. “Me dije: si se presenta la oportunidad, será una sola vez. En cancha, es igual: es esta pelota, no la que viene”. Filosofía guerrera de un gran señor que, por la Tri, llegó a jugar infiltrado su rodilla izquierda.

A estos chicos, además de harta pelota, les sobra ese fuego interno que lleva a revertir el pasado e ir por grandes conquistas. Del goleador, su madre, Anatolia Chalá, contaba que cuando pidió una pelota, se la ofrecieron para Navidad, “si te portas bien”. El artillero cumplió, pero en casa no hubo ni para un tallarín con atún. Tin niño salió en llanto, a la orilla del río. Dejó de hablar por meses. De allá vienen los héroes: del silencio, del dolor y las privaciones.

Llantas sin neumáticos, pianos sin teclas

Selección ecuatoriana que logró clasificar para el Mundial 2006.

La primera bici de Carapaz no tenía neumáticos. Es como si el primer piano de Ray Charles no tuviera teclas. A Richard, esa bici le impulsó al desafío de su vida, al que respondió con el oro del mundo; incluso el olímpico, que lo trajo solito, con su pana Narváez.

El primer pianete de Los Chigualeros no tenía todas las teclas. Su percusión, de cuero de chivo, en Quito tocaba calentar con fuego. Hoy son los decanos de la Universidad Esmeraldeña de la Gozadera.

Es que la otra es la música. Fernando Segura, brutal conguero del grupo, buscó suerte en Emelec; una lesión le arrojó a la vereda del ritmo. Nataly Delgado, hija del Tin, se abre paso cantando rhythm and blues y soul. “El contexto y la memoria activan atributos genéticos. Hoy lo mío pasa por lo que oíamos con papá, los discos de Inglaterra”, apunta esta futura psicóloga clínica por la PUCE, Guayaquil.

Aprendió a cantar de niña en el coro de una iglesia cristiana, creció con el grupo de la Facultad de Medicina, hoy alista clases profesionales. “Hay chicos que le apostaron a la pelota, eso de ricos y famosos, perdieron y se les acabó el mundo. Hay otras opciones y deben lucharlas”. “Nos aman en la música y deportes, nada más”, dice el rapero Kanye West. ¡Y no puede ser!”, reclama esta émula de Cristina Aguilera, Alicia Keys, Ashanti.

Antes de Villafuerte, los Benítez y otros cracks brillaron en básquet y atletismo. “En fútbol, tras Spencer, hay un boom a fines de los sesenta, con Otton Chávez, presidente de Emelec: Bacán Delgado, Clavo Caicedo, Memín Ortiz”, precisa el historiador Antonio Ubilla. “De ahí llegan los Tenorio, Caicedo, Lupo. Y cuando, desde fines de los ochenta, se suman los Ulises, Tin, Espinosa; los del Chota, los afro son fundamentales”, añade.

Ávila cierra la pinza. “El antes y después lo marca El Nacional, que crea las condiciones para el desarrollo de futbolistas de todo el país, especialmente de Esmeraldas”. Esa promesa consta en la carta fundacional del club, hoy en horas vergonzantes.

Desde su origen militar como el Mariscal Sucre, con los Cheme, Prado, Castillo, Rodríguez, Quinteros, entre otros; el criollo reclutaba —de sus cuarteles— a los mejores y les daba un trato diferenciado, logrando resultados inéditos para un club de puros criollos.

Para Ávila el momento culminante de los afros es camino a Japón. “Coinciden Chota y Esmeraldas, dos poderes. Los imbabureños con su organización de clanes, como prolongación de sus sociedades; los esmeraldeños con su barrio y picardía. Es memorable”. “Y la Tri se mudó a Quito”, precisa Ubilla.

Pero una vez que vuelven al pueblito en sus camionetotas de ganadores, varios no pueden con el éxito. “No es fácil y no se preparan. Tuve un crack que trajimos de Río Verde. En el Cuniburo les dábamos estudio. No aceptó y se fue”, recuerda Correa.

Y es que viven tan al día, con el duende de una lesión merodeando sus vidas. El mítico Bacán Delgado hizo gloria y plata en El Nacional, su cuello lucía joyas como el de Mike Tyson. Marcó un gol de arco a arco y le hice una nota en Las Palmas. El viejo Carlos tapaba un tiempo para un equipo y el segundo para el otro. Así levantaba sendas tarrinas de arroz con carne, menestra y patacones. Y salía del día. Hasta que, tras un balonazo en esa misma arena, la muerte le cabeceó en un hospital y le dejó en off side para toda la vida.

El antropólogo Chalá asistió a la fiesta de un paisano. “Dos orquestas, comida, parranda. Y montoncitos de billete, por ahí en la salita”. Neymar es noticia por genio, por sus chicas, autos y mansiones. “El momento, el que estás viviendo ahora, también pasará. Tenemos que disfrutar, disfrutar todo lo que podamos”, dice el mulato brasileño.

Eliminatorias Qatar 2022. Partido entre las selecciones de Ecuador contra Venezuela en el Estadio Rodrigo Paz Delgado. Ecuador ganó 1-0.

¡Chao pescao!

En Miami pude mirar el trabajo de los Marlins, su equipo de béisbol. Los peloteros famosos saliendo del estadio en sus Cadillac personalizados. Los que inician, entrando, en desvencijados clásicos americanos. Las dos tripulaciones con hip hop a volumen Bronx.

Como la salsa que Hermen Benítez escuchaba en su pequeño piso, con dos estéreos en la sala. “La música para nosotros es demasiado, quizá no lo entiendas”, dijo el goleador de El Nacional, primer criollo exportado a España. De un crack como él, cuenta la leyenda que fue al merendero donde, de niño, le daban arroz con jugo de carne. De joven estrella, le pasaron el mismo platito de sobras. El crack perdió la cabeza.

Por estas playas y barriadas, el camino va largo. Baldeón, autor de El Nacional, 50 años de gloria y Ernesto Guerra sin mentiras, la historia del fútbol ecuatoriano, cree que estos chicos aún no tocan techo. “Seguimos en ciernes”.

Ávila y su pase al vacío. “Y por años, la realidad será la misma. Ellos seguirán con hambre y una pelota rebotará para, desesperadamente, buscar un lugar en este mundo”. El lío es que, por ahí, la misma jodida vida te pone el brazo o te come un menisco. ¡Y chao pescao!

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