Mauricio Rodas, la cara nueva de Quito
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Mauricio Rodas, la cara nueva de Quito

Por Pablo Cuvi

Cuando Mauricio Rodas se lanzó como candidato para las elecciones presidenciales de 2013 era el ejemplo extremo del outsider: casi nadie sabía quién era él, más allá del pico a pico que había protagonizado con el presidente, quien le hizo el favor involuntario de rechazar agresivamente su índice de pobreza, posicionándolo como antagonista. Luego, Rodas presentó la lista de los 171 insultos presidenciales y se lanzó a la campaña. No le fue mal: obtuvo el 3,9% de la votación, superando a candidatos mucho más conocidos y trajinados. Pero detrás de esa historia sorpresiva había una personalidad que se venían forjando desde la infancia. Contaba su mamá, doña Victoria Espinel Elizalde, que a la edad de 8 o 9 años ya tenía su eslogan: ‘Mauricio es servicio’ y jugaba a ser presidente. Sus estudios universitarios en Derecho, Administración Pública y Ciencias Políticas no harían más que reforzar ese proyecto de vida.

Ahora nos encontramos en la Casa de los Alcaldes, cuyas ventanas miran a la Catedral y a Carondelet, símbolos de los poderes religioso y político. Le digo que él tuvo al mejor jefe de campaña del Ecuador, el economista Rafael Correa, que debería estarle agradecido. Sonríe, pero dice que su victoria respondió más bien “al deseo de los quiteños por impulsar una nueva visión en la ciudad, porque Quito recupere el orgullo de la quiteñidad, porque nuestra ciudad recupere también el rol del liderazgo que tradicionalmente había ejercido en el  país”.

–Sí, pero antes de eso debían conocerle, y hubo la bulla de los índices de pobreza.

–Yo, lo que siempre he hecho, es exponer mis puntos de vista. Cuando trabajaba en la Fundación Ethos con el Índice Ethos de Pobreza y con otros trabajos de investigación, todos ellos fueron técnicamente sólidos; y como una organización de la sociedad civil, independiente, apartidista, con un enfoque regional como es la Fundación Ethos, lo que hicimos fue presentar los estudios y, sobre todo, difundir las recomendaciones para mejorar la política pública.

–¿Y por qué se pusieron tan bravos en el Gobierno?

(Hace un gesto de no saberlo). Por cierto, fue el único Gobierno de América Latina que reaccionó de esa manera. Más bien en otros países, por ejemplo, México, fue el propio Gobierno el que elogió el trabajo e incorporó muchas de sus recomendaciones para mejorar sus políticas públicas de combate a la pobreza.

(Pasamos a la historia familiar. Su bisabuelo materno fue gobernador de Manabí, nombrado por Alfaro. Su abuelo, Armando Espinel Mendoza, ahijado de don Eloy, migra a Guayaquil, donde se casa con una señora Elizalde y se queda a vivir. Su padre nació en la provincia de Cañar y a los doce años vino a Quito a estudiar la secundaria y Leyes en la universidad. Fue diputado independiente, auspiciado luego por la Izquierda Democrática.)

–¿Y cómo así le puso en el Intisana, el colegio del Opus Dei?

–Era un colegio con una fortaleza académica importante, fue básicamente por eso, no por una afinidad con ese tipo de pensamiento, yo no pertenezco al Opus Dei, mi familia no pertenece ni ha pertenecido al Opus Dei.

–¿Por esa época es que fue mascota de Liga?

–Sí y fue una de las grandes lecciones que me dio mi padre a propósito de un hecho cotidiano. Yo era, y soy muy aficionado al fútbol, aunque no lo juego tan bien como querría. Como buen hincha de la Liga era fanático de Polo Carrera, y cuando Polo Carrera iba a jugar su partido de despedida, le dije a mi papá que me encantaría ser mascota de la Liga en ese partido. Yo nunca lo había sido, y él me respondió que yo viera la forma de hacerlo, que si es que realmente tenía deseos de hacerlo lo iba a lograr. Lo que se me ocurrió fue tomar la guía telefónica. Busqué el teléfono de Polo Carrera y le llamé: “Vea, señor Carrera, yo quiero ser mascota de su partido de despedida”. Y claro, él accedió, me dijo: “Sí, encantando, nos vemos a tal hora en el camerino”.

Para esto, en esa época no era como es ahora que venden las camisetas de los equipos de futbol en cualquier almacén, de todo tamaño. Yo tenía una camiseta blanca a la que mi mamá le bordó una U roja, y con esa camiseta llegué a la hora pactada, al camerino del estadio Atahualpa y salí junto con Polo Carrera, fui mascota del partido. Es un lindo recuerdo de mi infancia.

–¿Y cuándo fue miembro de la Juventud Social Cristiana?

–En la candidatura presidencial de Jaime Nebot, en la de 1996 contra Bucaram. Luego, fruto de mi preparación académica, tanto en el país como en el extranjero, y de mi experiencia laboral a nivel internacional, mi pensamiento político ha ido evolucionando, hoy defiendo tesis de avanzada.

–Por esa época participa en un grupo de rock: Tabú…

–Un poquito antes formamos Tabú con grandes amigos que lo siguen siendo, muchos de ellos incluso están colaborando con nosotros: Sebastián Ordoñez, por ejemplo, quien era guitarrista del grupo, es un arquitecto muy importante y uno de nuestros asesores en la alcaldía.

Fue un espacio maravilloso de expresión, a mí me encanta la música, toco el piano desde que era niño y en el grupo tocaba el teclado, tocábamos rock clásico en español y en inglés, pero soy un aficionado de la música en general, me gustan todos los géneros, escucho desde música clásica hasta new age pasando por pasillos, por salsa, por merengue, me encanta la trova latinoamericana.

–En eso se parece a su vecino.

–Bueno, es bonita la música de la trova latinoamericana.

–Con la mano en el pecho , ¿tiene mejor oído que su vecino?

–(Sonríe.) Trato de tenerlo todos los días cuando visito los barrios.

–En la campaña presidencial dijo: “Siempre dudé entre la música y la política, finalmente primó la segunda”. ¿Realmente pensó en dedicarse a la música, en ser un rockero profesional?

–Lo pensé porque en realidad me encantó la experiencia de componer. Pero esas composiciones tenían una carga social muy profunda y me di cuenta de que mi vocación iba por otro lado, eran letras con alto contenido político.

–El verdadero rock salía de los barrios obreros de Inglaterra, esa era la fuerza del rock, ¿no? (Asiente.) Luego entra a estudiar Derecho. ¿Por qué Derecho y por qué la Universidad Católica?

–Nuevamente por el nivel académico, la Universidad Católica siempre ha sido una universidad muy prestigiosa y en esa época había grandes maestros en la Facultad de Jurisprudencia, por ejemplo, el doctor Hernán Salgado Pesántez.

–¿El de los derechos humanos?

–Así es. Sin duda, uno de los grandes profesores que he tenido en mi vida, y el doctor Santiago Andrade, Alberto Wray, Julio César Trujillo, Jorge Salvador Lara, tuve la suerte de aprender de ellos. ¿Por qué Derecho? Desde niño sentí inclinación por las leyes. Si bien ahora no me dedico a la profesión de abogado, me dio una base sólida para entender el funcionamiento del Estado, de las instituciones públicas.

–¿Cómo consiguió la beca en la Universidad de Pennsylvania?

–Fue un proceso muy competitivo, gané una beca Fulbright y obtuve varias becas que en conjunto me permitieron financiar dos maestrías, una en Administración de Gobierno, que tenía un fuerte énfasis en desarrollo local, y la otra en Ciencias Políticas. Hice las dos maestrías a la vez, lo que implicó el tomar un mayor número de materias que lo normal, de forma simultánea, así que fueron años de mucho esfuerzo, pero extraordinarios porque, además, a estos centros académicos de tanto prestigio acuden permanentemente grandes pensadores a nivel mundial.

(Luego participó en un concurso muy competitivo y fue seleccionado por el UN Fulbright  Fellowships para una posición de seis meses en la Cepal, en Chile y en México.)

–La Cepal sonaba mucho en los años sesenta, el pensamiento cepalino identificado con el modelo, que no funcionó, de la sustitución de las importaciones. ¿Qué quedaba de esa Cepal cuando usted llegó?

–Había evolucionado en el pensamiento, hoy mantiene una línea progresista, de vanguardia. En el año 2003 la Cepal defendía muchos postulados relacionados con el desarrollo sustentable, con los cuales me identifico plenamente. De hecho, realicé publicaciones sobre desarrollo sustentable en América Latina.

–¿Cuál es, muy en resumen, el planteamiento básico del desarrollo sustentable frente al modelo económico de los países del ALBA, que sería la alternativa?

–No he visto que el modelo económico de los países del ALBA tome muy en cuenta los principios del desarrollo sustentable, que son el pensar en un desarrollo armónico que promueva el desarrollo económico y el bienestar social, pero de forma acorde con el respeto al medioambiente, y eso no están haciendo los países del ALBA; por el contrario, tienen un modelo fuertemente basado en la explotación de recursos naturales para sustentar sus arcas fiscales.

–La primera vez que vi su nombre fue en el prólogo de un libro de Enrique  Krauze: El poder y el delirio, donde le agradece haber colaborado con la información económica.

–Yo escribí un texto como de ocho páginas del libro, hice el análisis de las Misiones Sociales. Fue una gran experiencia trabajar con Enrique Krauze, uno de los intelectuales más importante en América Latina. Tuve la oportunidad de conocer tanto a funcionarios como a opositores del régimen chavista a quienes entrevistamos junto con Krauze. Fui a los barrios marginales donde los ciudadanos de las Misiones Sociales y miré de cerca cómo funcionaba este modelo, y las tremendas distorsiones que tienen…

–¿Ya se veía venir el desastre?

–Sí, era evidente, las mismas Misiones Sociales que en su momento fueron el gran sostén de popularidad de Chávez tenían un funcionamiento tremendamente deteriorado que incluso ponía en riesgo a los ciudadanos.

 

NI IZQUIERDA NI DERECHA

 

–¿Por qué le puso Ethos a su fundación?

–Porque ethos en griego significa varias cosas: ética y, por otro lado, significa punto de partida. Para nosotros, la Fundación Ethos representaba un punto de partida respecto al rol de la sociedad civil, un rol mucho más activo que consideramos debe tener la sociedad civil en América Latina dentro del proceso de diseño y aplicación de políticas públicas.

–Bolívar Echeverría, un filósofo ecuatoriano que trabajaba en la UNAM, se preocupaba mucho del ethos barroco, que sería lo opuesto a la ética protestante de la que hablaba Max Weber. ¿Por ahí vienen los disparos?

–Sí, por ahí. También pensamos en el nombre luego de ver un cuadro maravilloso de arte contemporáneo que se llama ethos y refleja esto, justamente cómo es importante partir de un buen punto en la construcción de nuevas cosas.

–No sería difícil rastrear en el ethos barroco el origen de los gobiernos populistas de América Latina. (Sonríe con aprobación.) ¿De dónde sale su Modelo de Gobierno Responsable?

–Siempre me sentí incómodo con lo que considero es ya una falta de relevancia actual de los conceptos de izquierda y derecha, creo que es hora de replantear los términos del debate político y en Fundación Ethos congregamos a un equipo de pensadores de altísimo nivel para discutir el tema: filósofos, académicos, políticos.

–Pero en la campaña le acusaban de que solo eran pensadores de derecha.

–No es cierto, en ese trabajo participaron pensadores de distintas corrientes ideológicas. (Entre ellos, Marco Enriquez-Ominami, quien acaba de participar en la reunión de las izquierdas en Quito, anoto luego). Gracias a este trabajo colectivo desarrollamos el Modelo de Gobierno Responsable que plantea debates mucho más relevantes para el ciudadano. Los términos de izquierda y derecha ya no están necesariamente reflejando los nuevos parámetros de los debates políticos contemporáneos, no han incorporado esas nuevas categorías y muchas veces confunden a los ciudadanos.

–¿Qué categorías deberían incorporarse?

–Por ejemplo, temas relacionados con el desarrollo sustentable. ¿El desarrollo sustentable es de izquierda o derecha? La posición respecto a temas de carácter moral: la eutanasia, ¿es de izquierda o derecha?

–El aborto si es de izquierda o derecha. ¿Cuál es su posición frente al aborto?

–Yo soy un defensor de la vida.

–(Con intención). Esa parte no entendí bien: ¿de la vida de la mamá?

–De la vida en general. Es un tema tremendamente complejo y dentro de la Fundación Ethos tuvimos discusiones encendidas sobre el tema, pero yo soy un defensor de la vida, siempre lo he sido, estoy de acuerdo por ejemplo con lo que señala el actual marco normativo ecuatoriano sobre ese tema.

–Pero en ese marco, si a una mujer la violan no puede abortar. ¿Usted está de acuerdo con eso?

–Yo creo que hay excesos, ahí hay posiciones radicales que evidentemente no contribuyen a un debate plural, abierto.

–Yo estoy de acuerdo con que una mujer que no quiere tener un hijo porque ha sido violada, aborte. Cómo no voy a estar de acuerdo, es una decisión de ella, no mía.

–De acuerdo, pero lo que yo estoy diciendo es que esa no es una discusión o no de que si estamos a favor del aborto; estamos hablando de que si estamos a favor o no de la penalización del aborto.

–Hablo de la libertad: así como la libertad de expresión, tener la libertad de abortar si la persona decide.

–Yo no estoy de acuerdo con que se le meta presa a una chica por abortar, esa es una posición radical. Pero fíjese usted las contradicciones: normalmente, y usted acaba de decir, se asocia la defensa de la despenalización del aborto con la izquierda. Sin embargo, algunos políticos de América Latina que se proclaman de izquierda están en contra de estas posiciones.

–Por eso mismo les dicen que son de derecha.

–Además, los parámetros bajo los cuales se definen posiciones de derecha o de izquierda en el mundo varían de región a región. En Estados Unidos, en Europa, el ser de izquierda o de derecha ya no tiene nada que ver con el nivel de intervención del Estado en la economía, sino con estos otros temas: el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, etc.

–¿Cuál es su posición frente a la explotación del Yasuní?

–Creo que es un tema que debe ser consultado al pueblo, es un tema que tiene que ver…

–Pero si usted tendría que votar, ¿votaría a favor o en contra de la explotación?

–No es un sí o un no a rajatabla. En la campaña presidencial nosotros planteamos que hay una zona en el Yasuní que debe ser respetada, que no debe ser explotada, y que más bien deberíamos avanzar al desarrollo de la comercialización de bonos del carbono a través de los instrumentos del Protocolo de Kioto en los bosque aledaños del ITT. Ese es el tipo de soluciones que nosotros planteamos: respetar el ITT, mantener el petróleo bajo tierra, esa es mi posición, no explotarlo, pero avanzar hacia otro tipo de mecanismos mucho más innovadores que también pueden generar recursos para el país.

Pero fíjese en la contradicción que hemos caído con el tema de izquierda y derecha: tenemos gobiernos que se presentan como de izquierda, como los veinte años de la concertación en Chile, firmaron el número más grande de tratados de libre comercio que hay en el mundo, gobierno de izquierda; el presidente Chávez que se proclamaba de extrema izquierda tuvo un gobierno que estuvo plenamente inserto en la globalizació: la filial más grande de PDVSA es una empresa norteamericana, CITGO…

Por el otro lado también hay contradicciones: presidentes  como Fox o como Calderón, que fueron etiquetados de derecha, mantuvieron el nivel de subsidios públicos más altos de América Latina, mantuvieron el mayor monopolio estatal de América Latina que es PEMEX; esas son políticas de izquierda que sin embargo las aplicaron gobiernos de derecha. Para mí lo importante no es que un gobierno sea de izquierda o de derecha, sino distinguir si un gobierno es responsable o es populista.

–Usted también ha participado en algunos medios de comunicación, ha sido analista político.

–Sí, en CCN en español yo acudía con mucha frecuencia para analizar temas de políticas públicas para América Latina. Y escribí para algunas publicaciones internacionales, escribí para diario Reforma en México, para Foreing Policy, para la revista Letras Viva, la revista que dirige Enrique Krauze.

 

NO SOMOS RESTAURADORES

 

–¿Cómo así decide volver a participar en el Ecuador?

Siempre tuve claro que iba a regresar, y regresé cuando sentí que estaba preparado para emprender una nueva etapa en mi vida, una etapa en la cual pudiera plasmar a través de la actividad política los ideales y conceptos que por mucho tiempo desarrollé.

–¿Y cómo así decidió tan rápido lanzarse a la campaña presidencial?

Con un grupo de jóvenes empezamos a recorrer el país, es una linda historia, la construcción de un gran sueño sin ningún tipo de recursos, de forma totalmente austera, reuniéndonos con pequeños grupos de ciudadanos, difundiendo el Modelo de Gobierno Responsable, hablando de cuál era nuestra visión para el país. Poco a poco se fue construyendo un gran colectivo que dio paso a la formación del movimiento Suma y consideramos que era necesario que existiera una representación en el proceso electoral que hablara de estas nuevas ideas.

–En la campaña de 2014 por la Alcaldía, Rafael Correa dijo: “Tenemos toda la derecha unida, la Cámara de Comercio, los bancos, Paco Moncayo, los demócratas cristianos, los socialcristianos, los medios apoyando”. ¿Era eso verdad?

–Creo que teníamos a toda la ciudadanía unida, que es algo muy distinto; había el deseo de impulsar un nueva visión en la ciudad bajo un profundo enfoque ciudadano. Esa fue un campaña con muy pocos recursos, muy austera, que enfrentaba un aparato gigantesco, no solamente de quien entonces era alcalde y todo el aparato municipal que estaba detrás de él, sino del Gobierno nacional que hizo un despliegue sin precedentes de fortaleza proselitista para ayudar a su candidato, lo que incluyó la participación absolutamente protagónica del presidente de la República y de las más altas autoridades del Gobierno de forma permanente en la campaña, eso no se había visto antes. Fue una campaña tremendamente desigual que se pudo ganar gracias, justamente, al profundo enfoque ciudadano que la caracterizó.

–Ahora se está hablando mucho, desde el lado del Gobierno, de la restauración conservadora. ¿Qué opina de eso?

–Todavía no entiendo a qué se refieren con ese concepto, nunca lo han explicado pero yo no me siento incluido en él, nosotros no estamos restaurando nada, estamos construyendo el futuro con una visión diferente, con un nuevo estilo de actividad política basada en el diálogo más allá de las diferencias que podamos tener entre actores, diferencias que son legítimas, que enriquecen la democracia.

–¿Y por qué insisten en identificarlo así? De la reunión de Guaranda inmediatamente dijeron que es un frente de oposición de la derecha que se está consolidando.

–Es curioso que se haya dicho eso, basta analizar quienes participaron: estuvo Paúl Carrasco que de derecha no creo que tenga nada; Ramsés Torres lo mismo; Marcelino Chumpi, prefecto de Morona Santiago que pertenece a Pachacutek. En esa reunión hubo alcaldes de distintas tendencias políticas que nos sentamos no para plantear un esquema de oposición sino para dialogar sobre temas comunes a los gobiernos locales y un esquema de cooperación.

–¿Como ve el fenómeno de la clase media quiteña, que en la generación anterior era muy politizada, votaba por la Izquierda Demócrata o la Demócracia Cristiana, pero ahora es más bien una clase media consumista?

–Las  ideas han ido evolucionando y la clase media, al igual que el resto de la sociedad, no está pensando actualmente en términos de izquierda o derecha sino en innovar, en construir una sociedad moderna que brinde mejores opciones para una calidad de vida óptima. Estamos avanzando rápidamente hacia la sociedad del conocimiento y creo que esa clase media está buscando alternativas para expandir sus horizontes, para estar más conectada con el mundo en tiempo real, para tener acceso inmediato a información, para participar de los procesos de evolución tecnológica que rápidamente se están generando a nivel internacional.

–Sin embargo, no hace mucho, no son siete años que esa clase media se enamoró del discurso izquierdista de Rafael Correa.

–Bueno, pero esa clase media ha ido evolucionando también. El mundo está avanzando en forma tremendamente rápida y las ideas también.

 

LA PAPA CALIENTE DEL TRANSPORTE

 

–Vamos a las papas calientes que tiene en la Alcaldía. ¿Qué pasa con el Metro, cómo pudo haber un desnivel tan grande en el presupuesto?

–Es una pregunta que todos nos hacemos, la Empresa Metro de Quito está determinando por qué hubo ese error en el cálculo. Pero estamos también enfocados en las soluciones, la comisión técnica correspondiente está analizando las propuestas. En paralelo, hemos emprendido un proceso de diálogo tanto con el Gobierno como con los organismos multilaterales para encontrar soluciones a este problema financiero. He reiterado mi compromiso de afrontar de forma responsable el problema de transporte público en la ciudad ofreciendo soluciones de fondo, pero también cuidando los bolsillos de los quiteños y garantizando la sostenibilidad financiera de este tipo de soluciones.

–Eso suena bonito pero varios metros son subvencionados por los gobiernos, de manera que sería imposible, no es un proyecto sustentable.

–En los proyecto de metro hay dos grandes variables: primero, los costos de construcción que generalmente nunca se amortizan, nadie pretende recuperar esa inversión en el caso de los metros; por otro lado están los costos de operación. Ahí lo que se pretende es que no haya subsidio o, si lo hay, que sea lo menor posible; en ese sentido los estudios de Metro Madrid hablan de que aparentemente con una tarifa de 0,45 centavos se cubrirían costos de operación y no sería necesario un subsidio; estamos corroborando esa información sobre cuánto debería costar el pasaje para cubrir….

–Desembocamos en lo mismo: las tarifas del transporte.

–Respecto al tema de las tarifas, no estamos rehuyendo nuestra responsabilidad, los diálogos con los señores transportistas están avanzando, consideramos que sus criterios son legítimos, pero nuestra obligación es cuidar el bolsillo de los quiteños, lo más importante, y, segundo, velar por la mejora en la calidad del servicio. También consideramos que el Gobierno debe cumplir con lo que señala la Constitución en su artículo 394, el artículo 30.5 de la Ley Orgánica de Transporte Terrestre y la disposición 006 del Consejo Nacional de Competencias; estas normas señalan que es el Gobierno, a través del ministerio del ramo, el que debe fijar la política y la estructura tarifaria en materia de transporte terrestre.

–Pues el Gobierno dice que no; además, ellos son los que tienen la plata.

–Pero no es cuestión de lo que el Gobierno diga, sino de lo que ordena la Constitución y la ley que se debe cumplir.

–¿Y qué piensa hacer con el problema de la contaminación, que cada vez es mayor?

–Quito es de las pocas ciudades en América Latina que obtuvo no solamente la medición de su huella de carbono, sino también de su huella hídrica. A partir de esta información lanzamos el proyecto Ciudad Sustentable, que involucra tanto al sector público como al privado para promover mejores prácticas en materia ambiental, en lo que tiene que ver con el transporte público, que es el causante en un 56% de las emanaciones de dióxido de carbono. El programa incluye buenas prácticas en materia de uso de energías renovables, de protección de los ríos, de los bosques, del cuidado del agua, de la flora, de la fauna, y también de la contaminación visual y auditiva que es muy importante.

–Este impuesto a la plusvalía es para obtener recursos, pero también alguien dijo que era para frenar la burbuja especulativa. ¿Cree que funcione así?

–No, yo creo que es un elemento distorsionador del mercado, que afectaría tremendamente el desarrollo inmobiliario y el sector de la construcción, que es un gran generador de empleo, por lo tanto sería lamentable. La plusvalía es un incentivo para quienes operan dentro de las reglas naturales del mercado, y cualquier impuesto artificial proveniente del Gobierno nacional podría afectar el desarrollo urbano.

–La reelección indefinida…

–Siempre he mantenido la misma posición, yo no he cambiado de opinión.

–¿Quién ha cambiado?

–Otra persona. Soy un demócrata convencido y uno de los elementos fundamentales de la democracia es la alternabilidad en el ejercicio del poder, jamás podré estar a favor de la reelección indefinida.

–Pero su aliado Ricaurte dice que sí ha cambiado en una cosa: “Él era un hombre humilde y sencillo y ya no es así, ya no me consulta, ya no puedo hablar con él”. 

–Quienes me conocen saben que no he cambiado y no tengo por qué cambiar, no creo que consultar a otra persona o dejar de hacerlo me resta humildad.

–¿Cómo cree que va a evolucionar la relación política, o más bien el enfrentamiento con el Gobierno en la medida que se aproxima el año 2017 y las elecciones?

–Nosotros vamos a mantener nuestra línea de apertura al diálogo y la coordinación de acciones porque estamos convencidos de que eso es lo responsable, eso es lo que permite poner en marcha proyectos que beneficien a los ciudadanos, manteniendo una relación que debe ser mutuamente respetuosa y constructiva.

–¿Usted no va a ser candidato el 2017?

–Mire, Pablo, estoy tan enfocado en este enorme trabajo que tenemos en la ciudad, en resolver los problemas de los quiteños, en mejorar su calidad de vida, que no me quiero distraer.

–Para terminar, ¿sigue tocando el piano en sus ratos libres? 

–No como quisiera, es difícil encontrar un momento para hacerlo. Además, siempre tenemos el deseo, con mis otros compañeros de banda, de reunificarla algún día y poder tocar, ojalá tenga la oportunidad.

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