La espía que no era espía

EDICIÓN 485

Después de su muerte, hace 105 años, Mata Hari adquirió proporciones míticas como símbolo sexual y prototipo de femme fatale.

Mata Hari triunfó como bailarina exótica y sucumbió por intrigas de espionaje que motivaron su muerte en 1917. Fotografía: Wikimedia.org
Mata Hari triunfó como bailarina exótica y sucumbió por intrigas de espionaje que motivaron su muerte en 1917. Fotografía: Wikimedia.org

Al amanecer del 15 de octubre de 1917, una mujer de 41 años pidió que no le vendaran los ojos antes de ser ejecutada por un pelotón de fusilamiento en la localidad de Vincennes, en las afueras de París.

Así se cumplió la sentencia de pena de muerte contra la holandesa Margaretha Geertruida Zelle, tras ser juzgada en Francia por espionaje y complicidad con el enemigo durante la Primera Guerra Mundial.

Esa ejecución no hubiera alcanzado notoriedad si no fuera porque se trataba de Mata Hari (en malayo “ojo del día”), el seudónimo artístico con el que alcanzó fama en toda Europa.

Margaretha nació el 7 de agosto de 1876 en Leeuwarden (Países Bajos). Se casó muy joven, en 1895, con John MacLeod, un militar de servicio en las Indias Orientales Holandesas (actual Indonesia) que le doblaba la edad, la maltrataba y le contagió sífilis, enfermedad que heredaron sus dos hijos; Norman y Jeanne Louise (murieron a los dos y veintiún años, respectivamente).

Su vida matrimonial no fue precisamente placentera y en la cultura javanesa encontró una tabla de salvación e independencia. Según el historiador Frédéric Guelton, “se convenció de su destino como bailarina oriental en París, inventando un maravilloso pasado de princesa de Java, que modificaba según sus fantasías, sus conquistas masculinas y sus necesidades económicas”.

En 1905 se dio a conocer en la capital francesa y triunfó en escenarios y salones privados como una sensual y exótica bailarina. También fue la cortesana consentida de ministros, empresarios, banqueros y militares.

La guerra la sorprendió fuera de Francia y fue el comienzo de su fatal desenlace. En 1916 se convirtió en la agente H-21 al comprometerse a dar información a los alemanes a cambio de facilitarle el retorno a París.

Greta Garbo fue la intérprete perfecta para encarnar a Mata Hari en la película dirigida en los años treinta por George Fitzmaurice.
Greta Garbo fue la intérprete perfecta para encarnar a Mata Hari en la película dirigida en los años treinta por George Fitzmaurice.

De vuelta en la capital gala también accedió a brindar los mismos servicios a la contrainteligencia francesa y una vez más por un favor: visitar a un oficial ruso herido del que se había enamorado.

La actitud de Mata Hari durante la guerra “no tuvo nada que ver con el espionaje”, señala Guelton, al asegurar que el motivo real era que “necesitaba dinero para vivir en un momento en que su belleza se marchitaba”.

Según varios análisis históricos, el juicio careció de pruebas contundentes y la pena de muerte fue una medida excesiva que sirvió como chivo expiatorio para justificar los reveses militares franceses, mientras el servicio secreto alemán le tendió una trampa para deshacerse de ella.

Al respecto, National Geographic afirma en uno de sus reportajes que “las pocas informaciones que reveló eran casi todas simples cotilleos e historias picantes acerca de la vida íntima de algunos oficiales, y los escasos datos que realmente interesaban a la inteligencia militar eran anticuados y probablemente sacados de los periódicos de los países neutrales, no sujetos a la censura de guerra”.

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