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Mario Puzo

por Redacción Mundo Diners

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El mundo literario celebra el centenario de su nacimiento, ligado indisolublemente a la historia ficticia de los Corleone, el clan de la mafia más famoso del cine.

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Mario Puzo convirtió en ícono popular a la mafia italiana.

El escritor y guionista estadounidense Mario Puzo hizo historia al establecer un género literario de ficción que captó la atención no solo de la crítica, sino de un público extasiado con secretos de la temida mafia italiana. Una sola novela le bastó para entrar en la lista de autores de mayor éxito mundial y, junto a Francis Ford Coppola, consagrarse en la industria cinematográfica.

Puzo, de una familia de inmigrantes italianos, nació el 15 de octubre de 1920 y murió el 2 de julio de 1999 en Nueva York. De joven fue empleado en el ferrocarril neoyorquino y ya abrigaba el sueño de convertirse en escritor. Uno de sus autores favoritos fue el novelista ruso Fiódor Dostoievski. A su regreso de cumplir el servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial, estudió en la New School for Social Research y en la Universidad de Columbia.

Se ganó la vida escribiendo en revistas y a los 35 años publicó su primer libro, La arena sucia (1955). Una década después llegó El peregrino afortunado. Ambas recibieron muy buenas críticas, pero no suficientes ventas para sostener la situación económica del escritor, agobiada en parte por el juego y las apuestas.

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Con una familia de cinco hijos y deudas acumuladas, llegó el momento de poner la mira en un libro con garra comercial. Un agente editorial aconsejó a Puzo mantener el hilo del relato sobre la comunidad ítalo-americana, pero esta vez sobre la mafia. Le tomó tres años dar forma y materializar esa idea en una novela.

En 1969 publicó El padrino y se desató el éxito tanto en librerías, con veintiún millones de copias vendidas, como en el cine con una saga de tres partes (1972, 1974, 1990) dirigida por Coppola con Puzo como guionista. Las dos primeras arrasaron en los Premios Óscar y la crónica ficticia de la familia mafiosa Corleone se convirtió en un ícono de la cultura popular estadounidense.

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El padrino, un clásico insuperable del cine contemporáneo.

El padrino que salió de “la investigación y la imaginación”, no le satisfizo del todo porque siempre afirmaba que podría haber sido mejor. Su gran obra sobre el crimen organizado “cambió el rostro del gánster estadounidense en la literatura y el cine moderno” y “fueron historias tan fascinantes que sedujeron incluso a la propia mafia”, señaló un artículo de la revista Entertainment Weekly, al analizar el legado del escritor estadounidense, quien se inspiró en el carácter de su madre para modelar el de Vito Corleone, el patriarca amado y temido de uno de los mejores superventas de todos los tiempos.

La paradoja, destaca por su parte el sitio web informativo www.infobae.com, “es que el crimen organizado terminó copiando a El padrino. Algunas costumbres que ya habían quedado en el olvido, que eran ritos olvidados en las prácticas cotidianas, fueron retomadas por los jóvenes gánsteres. El doble beso, los rituales exagerados y otros gestos. Muchas de las frases pronunciadas por los protagonistas (deben ser los filmes que más one liners y sentencias dejaron grabadas en la cultura popular de fines del siglo XX) se convirtieron en modismos habituales en el habla de los mafiosos. El léxico mafioso se nutrió de El padrino. La realidad imitando a la ficción”.

En la producción literaria de Puzo figuran otros títulos como Los tontos mueren (1978), El siciliano (1984), La cuarta K (1990), El último don (1996), Omertá (2000, póstuma) y Los Borgia: la primera gran familia del crimen (2001, terminada por la compañera sentimental de Puzo, la también escritora Carol Gino). También hizo guiones cinematográficos para dos películas de Superman, Terremoto y The Cotton Club.

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La literatura fue el gran placer del autor estadounidense, quien padeció de diabetes y sobrevivió en 1991 a un infarto cardíaco. Devoraba los libros. “Leía dieciséis de las veinticuatro horas del día” y en ese sentido se consideraba “un adicto”, según dijo una vez en una entrevista con el diario The New York Times, en la que se confesó sorprendido de su fama y de que gente de todas las edades hiciera fila durante varias horas para verlo y obtener un autógrafo.

Edición 461-Octubre 2020

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