Edición 444
El músico ecuatoriano, ganador de varios premios Grammy, se identifica como “un sonero, un cantante de salsa”. Aquí tratamos de verlo un poco más de cerca, solo para descubrir que, en ciertos casos, es verdad eso de que cierta gente camina lo que predica. Un, dos… un, dos, tres, cuatro…
Marco Bermúdez y su hermano Eduardo estaban cenando en un pequeño restaurante mexicano. Llevaban ya varios meses viviendo en Chicago, la ciudad de los vientos, pero nunca habían visto lo que estaban a punto de ver. Al mirar por la ventana, entre bocado y bocado, se dieron cuenta de que del cielo caían pequeños y cristalinos copos de nieve.
Dejaron los cubiertos sobre la mesa, tragaron lo que estaban masticando, se levantaron de las sillas y salieron a la calle. Allí, afuera, abrieron los brazos y las palmas de las manos para sentir la nieve, que les caía también sobre la cara y se les derretía en las mejillas. Marco solo la había visto en los libros en los que estudiaba inglés en el colegio, cuando su profesor, señalando las manchas blancas en la página, decía: “This is winter time”.
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