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Mundo Diners al día

Luzmila Carpio: "De niña quería volar como los cóndores"

por Gabriel Flores Flores

TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS

La carrera musical de Luzmila Carpio no se ajusta a los estándares tradicionales. Nunca estuvo en un conservatorio ni en clases particulares de canto. Sus maestros fueron los pájaros que escuchaba desde niña en su natal Potosí, Bolivia. Siempre ha cantado en kichwa y ahora mezcla el folclore con música electrónica y rock.

Con la presentación de Luzmila Carpio se cerró, el 30 de marzo, la edición 2026 del Festival de Música. El concierto estuvo marcado por su canto fino y pausado y por la mezcla de los sonidos de los Andes con la de instrumentos como el violín, el bajo y la batería. Un día antes de esta gala, Mundo Diners conversó con ella sobre su carrera y su relación con la música.

¿Cómo se gesta su conexión con la música?

Mi conexión con la música se dio gracias a mi mamá. Ella me enseñó cómo cantar. Cuando tenía 5 o 6 años iba con ella a los sembradíos de maíz, papa y quinua. Comenzábamos la caminata a las cinco de la mañana, y a esa hora se escuchaban muchos pájaros. Ella me decía que pusiera atención y que intentara imitarlos. Al inicio me costó, pero me dediqué y aprendí. Mi madre siempre me decía que cantara finito, como nuestro cabello, porque así la tierra los iba a recibir mejor.

En esa recomendación de su mamá había un ejercicio espiritual, casi místico.

Vengo de Qala-Qala, en Potosí, una comunidad aymara muy pequeña que, con el paso del tiempo, se fue kichwizando. Ahí mi mamá me fue transmitiendo esta conexión espiritual con el cosmos y con la Pachamama, a la que siempre me decía que había que querer y respetar. Uno de mis lugares favoritos en la comunidad se llama Kuntur Chukuña, una montaña hasta la que llegaban los cóndores. Me gustaba ir hasta allá para mirarlos, y me preguntaba por qué los humanos no podemos volar. Yo quería volar como esos cóndores.

¿En qué momento la música se convierte en el motor de su vida?

Llegué a Oruro cuando tenía 10 años. Una de las primeras cosas que llamó mi atención fue el radio transistor. Me maravillaba que dentro de ese aparato la gente pudiera hablar. La primera canción que aprendí en castellano fue el Himno Nacional de Bolivia. Un día fui a Radio Universidad de Oruro y ahí estaba Ricardo Cortez y Cortez, compositor y pianista, él me hizo una audición. Siento que él es la persona que las divinidades pusieron en mi vida, para que me dedicara a la música. Me enseñó más canciones en castellano y pronosticó que un día yo iba a cantar mis huainitos (género musical andino) por todo el mundo.

Luego de eso vinieron sus primeros discos de estudio.

En el día trabajaba en un estudio fotográfico, retocando fotos; y en las noches estudiaba el bachillerato. A los 17 años ya había grabado dos discos de vinilo. El primero fue solo en kichwa y no se vendió ni una sola copia. El señor del sello me dijo que intentara con temas más criollos, porque mi público era muy pobre y no tenía plata para comprar el álbum. Con el segundo disco me fue mejor, porque uno de esos huainos tuvo mucho éxito. Gracias a eso me invitaron de una radio en Potosí, y ahí me sentí artista por primera vez.

Más sobre Luzmila Carpio

Nació en la comunidad de Qala-Qala (Potosí), en 1949.

Su trabajo no solo abarca la música, sino también la defensa de la naturaleza (Pachamama), el empoderamiento femenino y la visibilización de los pueblos indígenas.

Ha publicado 25 discos y compuesto alrededor de 120 canciones.

En 2011 fue condecorada como Gran Oficial de la Orden del Mérito de la República Francesa.

En octubre de 2023 fue reconocida por la revista Rolling Stone como un ícono de la música folclórica de América Latina.

luzmila carpio

Entonces, ¿a la larga, cantar en kichwa no resultó negativo como le decían?

Hasta hace poco, los pueblos originarios éramos marginados por no hablar en español. Eso fue lo que me impulsó a seguir mi carrera cantando en kichwa. Al inicio, guiada por los consejos de mi madre y por los sonidos de la naturaleza. Escribía canciones sobre Bartolina Sisa y Túpac Katari, líderes indígenas, y también sobre la vida en el campo.

Ahora usted no solo sigue cantando en kichwa sino que mezcla los sonidos de los Andes con los de la música electrónica.

Ese proceso empezó gracias al interés de una etnomusicóloga francesa que me escuchó en un concierto en Italia. Ella me dijo: “El mensaje de su música tiene que esparcirse por el universo, pero hay que vestirlo de otra manera para que llegue a más personas”. Así que buscó a cinco solistas franceses de jazz y grabamos un disco. Me sentí tan feliz tocando con ellos, porque los arreglos que se hicieron guardaron la esencia de mi música.

Luego, dos jóvenes de un sello independiente encontraron en YouTube los temas que grabé en los años 90, con un proyecto de Unicef. Eran tres casetes con mensajes sobre el cuidado a la Pachamama y sobre el valor de los conocimientos de los pueblos originarios. Ellos me contactaron, escogimos varios temas y grabamos un disco. Este álbum lo escuchan en ZZK Records, un sello independiente de Argentina, y preguntaron si podrían hacer un remix de las canciones; al proyecto se sumaron músicos como Charlie Wilder (Captain Planet), Nicola Cruz, que es paisano suyo, y cuatro músicos más que se presentan en discotecas de todo el mundo.

Luzmila Carpio
Luzmila Carpio durante su última visita a Quito. Foto: Glauber Guerra.

 ¿Y le gustaron los remixes cuando los escuchó?

No me gustaron, me encantaron. Tanto que con ZZK grabamos mi último disco, que se llama Inti Watana (El retorno del sol), que salió en 2023. Todos los temas tienen arreglos electrónicos. Es mi álbum más conocido y lo que más me hace feliz es que no se ha perdido la esencia de mi música. Sigo cantando en mi kichwa, porque las nuevas generaciones necesitan raíces que las conecten con la tierra.

Esta es su tercera vez en Quito; y la primera en el Festival de Música Sacra.

Las dos primeras veces vine a Quito gracias a la invitación del colectivo Humanizarte; ellos fueron los primeros que coreografiaron mi música, eso no ha pasado ni en mi país. De eso ya son 30 años. Hace un mes y medio fui contactada y me invitaron al Festival de Música Sacra; acepté porque me pareció hermoso volver a una ciudad con la que siento mucha conexión.

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