Estos fideos se hacen mediante un proceso que es parte de una tradición milenaria que se niega a desaparecer.
En un patio escondido entre varias casas, en la pequeña localidad rural de Fuxing, situada en la costa oeste de Taiwán, un matrimonio de sesenta años se mueve con vigor de un lado a otro para colocar al sol lo que desde lejos parecen enormes sábanas. Hace años, esta misma escena se podía ver en muchos patios del barrio, pero hoy la familia Lin es una de las últimas que siguen preparando fideos a mano, siguiendo un proceso que ha pasado de generación en generación. “Ahora la mayoría los hace a máquina, porque es menos pesado y se puede producir más, pero nosotros seguiremos la tradición hasta que nos jubilemos”, dice Lin Zheng Yi de 63 años. Él trabaja desde las cinco de la mañana y, al cabo de seis horas, cuelga las finas tiras de fideos en su patio.
Zheng Yi es la tercera generación que se dedica a elaborar a mano este tipo de fideos, en Taiwán, cuyo nombre es misua o mian xian en mandarín. “Mi familia proviene de la provincia de Fujian, al sureste de China, desde donde trajeron esta técnica que tiene más de dos mil años”, dice Zheng Yi, que aprendió el oficio de su padre cuando era pequeño. “Son fideos extralargos y delgados que tradicionalmente se comían los días festivos o para celebrar los cumpleaños como símbolo de longevidad, pero hoy en día se comen todos los días”, añade Liao Li Mei de sesenta años.
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