Medellín fue la ciudad más violenta del mundo, pero ahora sus atractivos pasan por el clima y la fascinación por la narcocultura y una rumba con mucha droga, sexo y reguetón.
A partir de la década de los ochenta a nadie se le ocurría ir a hacer turismo a Medellín. La ciudad de la eterna primavera y la pujanza paisa fue, durante mucho tiempo, la más violenta del mundo.
Crecíamos entre árboles de madroños, pomos, guayabos y ceibos, como quien no se da por enterado que la muerte le respira en la nuca. Como si nuestros paraísos silvestres fueran búnkeres blindados a la película de milicias y policías que pasaba afuera.
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