
Durante su última travesía en motocicleta, entre Perú y Ecuador, Raúl Guarderas escribió un pequeño diario de viaje. Lo que leerá a continuación son las experiencias y anécdotas de un ‘overlander’, esos aventureros que viajan a sitios remotos.
La travesía empezó a mediados de mayo de 2024, en el último piso de un departamento en Miraflores (Lima). Subí la motocicleta por un ascensor y se quedó orientada junto a un punto cercano al malecón, por algo más de una semana.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define travesía como “salir de los términos del pueblo donde uno mora”. En efecto, eso hice para retirar mi motocicleta. Después de una mañana de mantenimientos y ajustes mecánicos, tomé hacia el norte y comencé un viaje que duró 13 días.
Salir de la inmensa Lima me tomó la primera mitad de la tarde. Al final de la segunda mitad me detuve en Paramong, lugar cercano al desvío que me llevaría al inicio de 2600 kilómetros de un recorrido memorable.
Ascenso a Ocros
Para este tipo de viajes es importante llevar equipo de camping. Lo usé en La Albufera, una zona ubicada a pocos kilómetros de la ruta 106. Entre Huaylillas Grande y Ocros hay apenas 45 kilómetros. La ceja que asciende al poblado y su carretero, entre caminos de segundo y tercer orden, es la zona con la más alta diversidad de aves del norte peruano. Más de 240 especies han sido identificadas y un centenar permanecen en las inmediaciones de esta ruta.
Caminata y camping en Parón
En 2010, la laguna Parón fue declarada Patrimonio Cultural de Perú. La opción de encontrar un recodo y poner mi carpa, para recorrer sus senderos y miradores, resultó totalmente recomendable (hay que tener un equipo apto para montaña). La laguna constituye un depósito importante de agua dulce, que viene de los deshielos de los glaciares de la Cordillera Blanca ubicada dentro de la región de Áncash.
De Caraz a Cabana
Estuve tres largas jornadas recorriendo la ruta que de Caraz continua bordeando el Cañón del Pato, carretera que ha motivado a muchos viajeros a cruzar el Atlántico o bajar desde el hemisferio norte para atravesar sus aproximadamente 40 túneles. En Chuquicara tomé un desvío para nuevamente ascender y encontrarme con túneles adicionales que permiten el acceso hasta Cabana, distrito donde se encuentra el Sitio Arqueológico de Pashash. Caminar por el anillo superior de esta atalaya me ofreció un panorama de observación único, lejano a las hordas de turistas.
De Pallasca a Mollepata
Este trayecto me resultó desafiante por sus miles de curvas. Ascendí hacia el norte, donde la carretera 3N dejó atrás Áncash para acceder a La Libertad. En mi paso por Cachicadán -uno de los pocos lugares donde pude repostar combustible- se abrió una tarde de sol. El recorrido hacia Shorey (tal como se pronuncia en portugués “lloré”) fue trabado y cadencioso, pero terminé la jornada en el único trayecto asfaltado hasta Huamachuco.
De Huamachuco a Cajamarca
Si bien la carretera 3N avanza hasta cerca de la frontera ecuatoriana, en Cajamarca decidí desviarme al este. Antes, recorrí la vía que tomarían los libertadores saliendo de Huamachuco, ciudad en la que se yergue el asta más larga del Perú. A Cajamarca la encontré diferente a otras ciudades peruanas y con similitudes a ciudades andinas ecuatorianas. Sus cuatro puntos cardinales ofrecen muchas opciones de turismo, entre ellas sumergirse en sus aguas termales, poseedoras de propiedades curativas.




















De Cajamarca a Chachapoyas
Para hacer este trayecto salí muy temprano y con el tanque lleno hacia un sinuoso ascenso en contraluz durante los primeros 100 kilómetros, en la carretera 8B. No me di por enterado cuando llegué a una rotonda no señalizada y llegué a la carretera más linda del mundo. Parece más una ciclovía que un eje vial en el que uno no quiere encontrarse con un camión en una curva ‘ciega’.
Leymebamba
Para ascender al páramo de Calla-Calla hay un paso obligado: un puente moderno que cruza el Marañón. A partir de ahí transité por diferentes pisos climáticos que activaron los bastoncillos de mi retina. Después de páramos, la retama tiñe de rosa la montaña y de inmediato en Leymebamba vuelve el clima tropical. Allí se respira historia. Este enclave chachapoya está cerca de la Laguna de los Cóndores, donde se puede visitar las muy bien conservadas momias que se exhiben en el museo local.
De Kuelap a la catarata Gocta
En noche de luna llena acampé en el museo. Retome la ruta y rodé por la ribera del Utcubamba. Los últimos kilómetros de la 8B estuvieron llenos de arqueología, gente amable y venta de frutos frescos. En Nuevo Tingo está la estación de partida del único teleférico en Perú que va a Kuelap. Me incliné a continuar hasta el final del carretero, para desviarme hacia Gocta. Sus más de 770 metros de altura la sitúan entre las 17 cataratas más altas del mundo, y los senderos permiten observar al gallito de la peña.
De la carretera 682 a Zumba
Camino al puente fronterizo de Namballe consideré oportuno llevar café de esta ceja de montaña. Cruce rápido de vuelta al país. El asfalto llega solo al puente y eso se traduce en naturaleza prístina cercana al trazado ecuatoriano: cascadas, biodiversidad y aves emblemáticas como la gralaria.
Desde el norte, la carpeta asfáltica que data de la pasada década, facilita acceder a Palanda donde tuvo lugar la domesticación del cacao y donde se han encontrado evidencias arqueológicas de su uso social que datan de siglos atrás. Allí se cultiva la cepa ‘arriba’ caracterizada por su particular aroma y sabor. El trazado de hormigón topa el Parque Nacional Podocarpus, cota donde, a un lado podía ver una franja verde de Zamora Chinchipe y al otro el valle terracota de Vilcabamba.
Carretera 47 de Bucay a Tixán/Alausí
Después de una noche en la Hacienda Gonzabal, avancé hasta La Troncal con horas de lluvia. Ya entrada la noche crucé un antiguo puente ferroviario hasta llegar a un ecolodge. Con el alba, pude entender lo agreste de este recodo de Bucay donde estaba desayunando. Tomé un camino secundario para acceder a la ruta 47, que asciende hasta Alausí y pasa por Huigra. Seguí por el otro lado del cauce del río. La carretera ofrece parajes símiles a los que quitaban el aliento a los turistas del tren, los recibí como regalo para concluir este largo viaje, los 380 kilómetros fianales hasta llegar a casa.

