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Mundo Diners al día

Curazao: le presentamos al país más pequeño que ha llegado a un Mundial

por Amanda Granda

curacao Willemstad
Vista panorámica de Willemstad, capital de Curazao. Foto: Shutterstock
TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS

Horas antes del encuentro entre Ecuador y Curazao en el Mundial 2026, le proponemos un viaje por esta pequeña isla caribeña con alma de postal holandesa. Un rincón de América Latina con playas deslumbrantes, barrios coloniales, un mercado flotante, transformado por la migración venezolana, y un idioma que desafía los diccionarios. 

Este 20 de junio, Ecuador se enfrenta a Curazao, el país con la menor población en la historia en participar en un Mundial (158. 000 habitantes), pero inmenso en mezclas: caribe neerlandés, memoria africana, arquitectura colonial, migración y cuatro idiomas que se cruzan en la calle como si Willemstad, su capital, fuera una torre de Babel con olor a mar.

Willemstad, la ciudad de los cuatro idiomas 

Aterrizar en Willemstad convencido de que el español y el inglés alcanzarán para sobrevivir, después de todo Venezuela está a apenas 65 kilómetros de distancia, es un error. Al llegar al aeropuerto ya se escucha una mezcla de sonidos: un saludo en neerlandés, una respuesta en inglés, una conversación en papiamento. 

El papiamento suena familiar y extraño al mismo tiempo. Palabras del portuguesas, del español, del neerlandesas y de dialectos africanos se mezclaban en frases que creía haber entendido. La que más se repetía era "Bon bini" ¡Bienvenida!

Willemstad parece una ciudad construida por un niño obsesionado con los colores. Sus fachadas están llenas de amarillos, turquesas, rosados y naranjas. Así es Punda, un sector que conserva la herencia neerlandesa y que convirtió a la ciudad en Patrimonio de la Humanidad. Sus calles tienen aroma a café, a sal y a cerveza.

En Willemstad, los restaurantes ofrecen a los turistas comida variada. Sin embargo, en las mañanas, el pastechi -unas empanadas doradas rellenas de queso, carne o atún- se convierte en el desayuno más popular. Se vende en cafeterías familiares, pero también en puestos callejeros donde los trabajadores hacen fila antes de comenzar la jornada. 

Por las tardes, la gastronomía de la ciudad revela las múltiples identidades de la isla. En Pietermaai, uno de los barrios más vibrantes de Willemstad, donde antiguas casonas coloniales del siglo XIX se transformaron en hoteles boutique y bares elegantes, está el restaurante Bistro 9, uno de los más visitados entre viajeros y residentes.

En Bistro 9 se mezclan técnicas francesas con sabores peruanos. El resultado son platos donde un lomo saltado se marina con vinos europeos y el ceviche se disfruta acompañado de productos locales. Andy Carmona es peruano. Llegó a Curazao en 2020. Ahí conoció a Elena, venezolana que cruzó el mar en 2018. Ambos trabajan en Bistro 91, viven juntos y “a la fuerza” ahora hablan inglés y algo de papiamento.  

El Mercado Flotante de Curazao 

Hay lugares donde la geografía se impone a la política. El Mercado Flotante de Curazao es uno de ellos. Apenas a unos pasos de las fachadas color pastel de Punda, el agua del canal Sha Capriles guarda historias de migración. Durante décadas, pescadores y comerciantes venezolanos navegaron desde el estado Falcón hasta Curazao para vender pescado y frutas directamente desde sus embarcaciones.

A mediados del siglo XX, cuando Curazao vivía un auge económico impulsado por la refinería de petróleo de Shell, estos comerciantes se volvieron indispensables. El Mercado Flotante llegó a recibir decenas de embarcaciones. Los turistas fotografiaban los botes coloridos sin sospechar que estaban frente a una de las rutas comerciales más antiguas del Caribe contemporáneo.

Hoy el paisaje cambió. Quedan pocas lanchas. Cinco -exactamente- están ancladas al muelle. Algunos puestos, entre ellos de artesanías, funcionan en tierra firme. Aquí un llavero, una pulsera, un pañuelo para la cabeza (lensu) cuestan desde USD 5  hasta USD 50. Los vendedores recuerdan cuando el canal rebosaba de mercancías y acentos. La crisis económica, el cierre temporal de fronteras en 2019 y las restricciones migratorias redujeron una tradición centenaria a sus últimos sobrevivientes.

No son necesariamente los últimos. Pero sí forman parte de la última generación que mantiene vivo este oficio. Don Braulio es venezolano, tiene 48 años y vende plátanos o bananos. El comerciante habla de sus hijos y sus nietos. Los primeros viven en Caracas, mientras que sus nietos están regados por el mundo. Se fueron. A los jóvenes ya no les interesa pescar o navegar para vivir”, dice. Para un latino, este lugar explica mejor que cualquier estadística cómo la migración transforma territorios, economías y vidas.

Kenepa Grandi, un playa que parece hecha con IA

Kenepa Grandi, también conocida como Grote Knip, es una playa que se ubica en la costa occidental de Curazao. Sus aguas cambian de color entre turquesa, azul eléctrico y verde jade según la posición del sol. Aquí, la gama de colores del paisaje caribeño es tan deslumbrante que parece generada por algún tipo de inteligencia artificial.

A diferencia de otros destinos convertidos en clubes privados, en Kenepa Grandi no hay exclusividad ni protocolos sofisticados. La entrada es gratuita. Los curazoleños llegan con hieleras gigantes, mesas plegables y recipientes llenos de comida. Las familias ocupan las sombras escasas de los árboles mientras los adolescentes se lanzan desde las rocas que bordean la bahía.

Kenepa Grandi también es uno de los mejores lugares de la isla para practicar esnórquel desde la orilla. Basta avanzar unos metros para ingresar a un ecosistema submarino sorprendentemente vivo. Entre los corales aparecen peces de colores fluorescentes y cardúmenes que se desplazan como si obedecieran a una coreografía invisible.

No es raro encontrarse con tortugas marinas verdes, una especie catalogada como amenazada a nivel mundial. En Curazao, estos reptiles encontraron refugio gracias a la relativa buena salud de algunos arrecifes y a los esfuerzos locales de conservación. 

La geología explica parte del espectáculo. Curazao se formó hace millones de años a partir de actividad volcánica submarina y posteriores elevaciones coralinas. Por eso sus playas no son infinitas franjas de arena blanca como en otras islas del Caribe. Son pequeñas bahías protegidas por acantilados de piedra caliza que mantienen aguas tranquilas y extraordinariamente transparentes.

La playa también guarda una curiosidad cinematográfica. En la década de 1970 fue escenario de la película romántica estadounidense The Blue Lagoon (Laguna azul) mucho antes de que el turismo masivo descubriera este rincón escondido. Desde entonces, el mirador se convirtió en uno de los lugares más fotografiados de Curazao.

Shete Boka, donde el Caribe “muestra sus dientes”

Si Kenepa deja ver la calma de las playas caribeñas, Shete Boka muestra su fuerza. Aquí las olas golpean las rocas volcánicas con  violencia. El agua explota contra los acantilados y aparecen columnas blancas que alcanzan varios metros de altura.

Shete Boka es parte del parque nacional que lleva su nombre. La reserva natural de aproximadamente diez kilómetros está ubicada en la costa norte de Curazao y protege una sucesión de entradas de agua de mar. El nombre significa "siete bocas", en papiamento y hace referencia a las cavidades naturales abiertas entre los acantilados coralinos. Algunas son pequeñas playas escondidas; otras, cuevas marinas donde el agua entra y sale con furia. La más famosa es Boka Pistol.

Boka Tabla, probablemente el rincón más espectacular del parque, tiene un estrecho túnel natural que conduce hasta una cueva abierta al mar. Estas costas fueron habitadas por los caquetíos, los primeros habitantes indígenas de la isla. En 1499 llegaron los españoles y en 1634 los neerlandeses tomaron control y la transformaron en un importante centro comercial del Caribe, incluido el tráfico transatlántico de esclavos. 

Este sábado 20 de junio, Ecuador se enfrenta a Curazao en la ciudad de Kansas (Estados Unidos). El marcador importará. Pero quizá no sea lo único que valga la pena recordar, porque los mundiales también son una invitación para mirar más allá de la cancha.

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Acerca de Amanda Granda

Periodista especializada en prensa escrita. Cronista y escritora. Trabajé en medios nacionales como El Comercio, El Telégrafo y Notimercio. También he colaborado en medios como Expreso, Ekos y GK. Soy una artesana de las letras.
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