
Estructuras arquitectónicas y templos naturales muestran la importancia del fuego en Bakú, Azerbaiyán. La ciudad, que fue la sede de la COP29, tiene al petróleo y al gas en las raíces de su identidad.
La ‘tierra del fuego’
Dos torres en forma de llamas de fuego dan la bienvenida a la ciudad de Bakú, la capital de Azerbaiyán (Asia Occidental). Estas estructuras, conocidas como ‘bonfires’ o fogatas, resaltan entre arquitectura con influencia asiática, pero también europea; una característica de esta zona, que se encuentra en la mitad de los dos continentes.
Construidas a orillas del mar Caspio, estas torres son una pequeña muestra de lo importante que es el fuego en este país, una presencia que se repite incluso en sus lugares turísticos más emblemáticos.
Bakú fue la sede de la 29 Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP29), considerado el evento más importante para el futuro del planeta. Allí, los representantes de 197 países se reunieron, como cada año, para negociar nuevas metas de financiamiento para evitar que la temperatura del mundo aumente 1,5C hasta el 2100.
Curiosamente, el país donde se debatió sobre transición energética, fue el lugar del que se extrajo petróleo por primera vez en el mundo (1845). La importancia de este combustible fósil es tan fuerte que en medio de una conferencia Ilham Aliyev, presidente de Azerbaiyán, lo llamó “un regalo de Dios ”. Todo esto frente a la mirada atónita de quienes estaban allí pidiendo mayores compromisos en favor del planeta.
Las calurosas discusiones que se llevaron a cabo dentro del predio del estadio Olímpico de Bakú estuvieron marcadas por el olor a petróleo, que se sentía en sus exteriores. A menos de 40 minutos de la sede la COP29, una montaña en llamas recibía a quienes lograban escapar por un momento de las negociaciones en el único día libre del evento. A pesar de la lluvia y el frío, el fuego salía de la tierr. Este no era el único lugar encendido.
Otros visitantes que lograron tomarse unas horas libres también vieron un espectáculo similar en un templo zoroastra, donde se podía observar una pequeña llama, que es una muestra de lo que pasaba hace 50 años de forma natural. Estas atracciones convocan a dos millones de personas cada año, a un país que se construyó sobre el petróleo y el gas, y cuyo nombre se podría traducir como ‘tierra del fuego’.
Una montaña en llamas

La palabra #Yanardag se impone sobre una montaña. A simple vista no se puede ver lo especial de este sitio, sino hasta acercarse a sus cimientos. Considerada una reserva cultural, natural e histórica, este monumento se levanta sobre el gas natural que emerge del subsuelo y que después se prende.
En Yanardag, las llamas pueden llegar hasta los 15 metros de alto y siempre están encendidas. Los guías que acompañan a los visitantes explican, en un inglés mezclado con azerí, que en invierno incluso la llama es más intensa.
Esto se debe al azufre que emana el suelo cuando se ablanda. En el pasado, dicen, había tres colinas encendidas, pero poco a poco se fueron apagando. Por eso, lo que aún queda, fue declarado, en 2007, como una reserva nacional.
Malik Fatulayev, director de este lugar, cuenta que Yanardag tiene alrededor de 64.000 hectáreas y se encuentra a 116 metros sobre el nivel del mar. “Hay que promocionar este milagro”, explica, en concordancia con lo que dijo el presidente de Azerbaiyán en la COP.
A 40 minutos en vehículo privado, al otro lado de la ciudad, se encuentra un templo que sigue la ruta del gas y el fuego en este lugar. Al ingresar, una especie de altar con una llama recibe a los visitantes. Este espacio está rodeado de una muralla, donde las placas cuentan su historia en inglés y en el idioma local.
Las imágenes colgadas en estos muros muestran cómo se construyó este “templo del fuego”, que data del siglo XVII y XVIII. Sus guías explican que en este punto también había gas natural que salía del suelo y se encendía. Sin embargo, para el año 1969, luego de la extracción de petróleo y gas en esta zona, la llama natural se apagó.
Para el año 2007, el Presidente Ilham Aliyev declaró a este templo como una reserva histórica y arquitectónica del Estado. Ahora, a través de una tubería de gas, se volvió a encender esta llama artificial, que mantiene prendida la conexión entre el fuego y sus habitantes.

