Los puentes vivientes de India
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Los puentes vivientes de India

Su construcción toma décadas y mantenerlos vivos requiere de un potente esfuerzo comunitario.

Un acantilado gigante conduce al mundo oculto de Meghalaya (“encima de las nubes” en sánscrito), un estado en el noreste de India que quizás es el lugar más húmedo de la Tierra. En verano llueve muchísimo, lo que hace que sus ríos crezcan con gran velocidad. Esto complica la vida de los habitantes, que tienen que buscar soluciones ingeniosas para cruzar sobre los afluentes y trasladarse de una aldea a otra.

Esa necesidad dio origen hace siglos a una obra de ingeniería natural: los puentes vivientes que, además de ser un recurso útil, son puro arte. Su construcción toma décadas y se hace en comunidad. Esa es justamente una de sus principales características: requieren del esfuerzo conjunto de generaciones para funcionar y mantenerse. Por ejemplo, un puente que se inició en 2010 estará listo en 2060 o 2070, es decir, cincuenta o sesenta años después. Es un proyecto épico, que ninguna persona podría concluir en una sola vida, sino que necesita de los suyos para que los conocimientos pasen de una generación a otra y garanticen su permanencia.

¿Cómo se han construido? Primero, se siembran higueras en las riberas de los ríos y se espera a que crezcan y se desarrollen lo suficiente, especialmente sus raíces, que deben ser firmes para entremezclarse y consolidarse. Las raíces enredadas de las higueras son la base de los puentes, pues se van tejiendo minuciosamente y poco a poco alcanzan la forma y solidez de un puente.

La planta que se utiliza para ello es la ficus elástica, más conocida como árbol de caucho, que desarrolla un tronco y raíces que crecen de manera tal que crean un pilar lo suficientemente sólido para que la planta pueda sostenerse por sí misma. Tarda entre 40 y 45 años en lograr el nivel necesario para poder tejer sus raíces y no podrán usarse mientras no hayan crecido lo suficiente.

Las comunidades trenzan las ramas sobre un andamio temporal de materiales naturales, especialmente de bambú, que con el tiempo se pudre, alimentando las raíces y reforzándolas. Se anudan y orientan de tal forma que garantizan la estabilidad del puente y su permanencia por siglos. La construcción se hace en época lluviosa porque allí las ramas son más flexibles.

Los miembros de la comunidad explican que, a diferencia de los puentes construidos con materiales muertos como el cemento o el hierro, las higueras son materiales vivos y, con el tiempo, se vuelven cada vez más fuertes.

Aunque en un principio sirvieron para garantizar la sobrevivencia de las comunidades, hoy se han vuelto atractivos turísticos. Anualmente, miles de visitantes de todo el mundo llegan a Meghalaya a conocer estas estructuras que parecen sacadas de una película de ficción. Si bien esto deja ingresos a sus habitantes, también ha empezado a generar cierta incomodidad por el peso que tiene el turismo sobre las áreas naturales, como ocurre en el Ecuador o en cualquier otro país. Para ello están buscando alternativas que disminuyan el tráfico de visitantes.

Algo importante es que su construcción y mantenimiento no terminan nunca. Hijos, nietos y bisnietos deberán vigilar y cuidar de cada puente para que su vida sea más larga. Es decir, es una alianza entre el ser humano y la naturaleza a largo plazo.

Para conocerlos el sitio web www.lonelyplanet.es explica que el aeropuerto internacional más cercano es el Netaji Subhas Chandra Bose de Calcuta. De allí hay vuelos nacionales a Guwahati, donde se puede tomar un helicóptero para el corto vuelo a Shillong, en la meseta de Meghalaya. La visita a los puentes se puede organizar en autobús o contratar un circuito guiado. De Guwahati a Shillong también se puede ir en autobús o en un auto 4×4.

Los puentes de acceso más fácil están en las montañas Khasi, 53 kilómetros al sur de Shillong, que se recorren en unas tres horas en todoterreno. A partir de allí, hay que adentrarse en el bosque a pie. El puente más famoso es el de dos pisos de Umshiang, cerca del pueblo de Nongriat, pero los senderos de la jungla permiten llegar a muchos más puentes que conectan los valles de Meghalaya. La mejor época para visitar esta obra de arte natural es de septiembre a noviembre. (Ángela Meléndez)

Fotografías: Shutterstock
Edición 467-Abril 2021

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