Los grandes paisajes de David Hockney
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Los grandes paisajes de David Hockney

Una antigua colaboradora que ahora vive en Londres, Susana Cárdenas, visita la exhibición del famoso artista inglés en la Royal Academy of Arts. Hockney empezó con el Pop Art y su obra como pintor, ilustrador, escenógrafo y retratista ha ejercido enorme influencia desde los años sesenta en todo el mundo.

Por Susana Cárdenas Overstall

Seis años atrás David Hockney regresaba a Londres con una magnífica exhibición de retratos de amigos, familiares y pinturas pop, con cuerpos de sus amantes masculinos besados por el sol. Se había despedido de su vida en Los Ángeles, donde se asentó desde 1964, y amenazaba con una exposición apoteósica que le tomaría cuatros años elaborar.

Mucho y nada queda del artista que dejó Inglaterra en busca de espacios amplios, días luminosos y fama en América. A primera vista, le queda su pinta excéntrica, la audacia de transformar situaciones cotidianas en extraordinarias, de trazar paisajes en tamaños casi reales y el uso de la tecnología en sus obras. Pero la temática rasguña la superficie. A Bigger Picture, su última exposición que se exhibe en el Royal Academy of Arts de Londres, evoca la visión, el tiempo, la memoria del artista. Es su primera exposición con pinturas de paisajes a gran escala de su tierra natal y actual residencia, Yorkshire, al noreste de Inglaterra.

Ya en el verano de 2007, el museo había presentado su cuadro Bigger Trees near Warter. Era una pieza de 4×12 metros que requirió el uso de fotografía digital e impresiones en computadora que Hockney trasladó de lienzo a lienzo para formar una vista panorámica. Esa obra se convertiría en la antesala de A Bigger Picture, una grandiosa vista de la campiña de Yorkshire.

La mirada de Claude Monet

La pasión de David Hockney por el paisaje se me revela apenas ingreso al corredor central del Royal Academy. Allí se encuentran cuatro enormes óleos de árboles pintados cerca del lugar donde el artista compró una casa para su madre en 1991. En ese tiempo Hockney residía en California y después de adquirir la vivienda regresaba a Yorkshire con frecuencia. Durante esas visitas, madre e hijo recorrían constantemente la zona donde Hockney trabajó arando la tierra en su adolescencia. La muerte de su madre en 1999, y la de su mejor amigo, generaron un compromiso artístico y emocional con esa zona de Inglaterra que hoy retrata.

Más allá de los vívidos colores, los árboles atrapan, envuelven, casi devoran. En primavera, el artista captura la abundancia de follaje de tonos amarillos, mientras que el invierno los llena de azules, naranjas y verdes. ¿Tendrá el invierno en Thixendale esos colores? Temo que no. Sin embargo, la sensación de frío penetrante provoca encoger los hombros.

La temática obsesiva de la naturaleza ha fascinado a muchos pintores. El impresionista Claude Monet dedicó los últimos años de su vida a pintar 250 nenúfares de su jardín en Giverny. “He pintado muchos nenúfares, he modificado mi punto de vista cada momento… El efecto varía constantemente, no solo de una temporada a otra, sino de un minuto a otro. Tantos factores indetectables al ojo transforman el color y distorsionan los planos del agua”, dijo Monet en 1896. Ocho de esos nenúfares decoran dos salones ovales en el museo de L’Orangerie de París. Esta exposición inspiró a Hockney al ubicar los Árboles de Thixendale en el corredor central del Royal Academy of Arts. El paralelo es evidente: un deseo compartido de crear obras al aire libre; motivos recurrentes al crear piezas durante largos períodos; obras de gran tamaño logradas a través de múltiples lienzos para envolver al espectador, y una incisiva dedicación a la observación. Como dijo Hockney: “Monet miró al mundo con ojos muy duros”; por lo visto, él también.

Desde Los Ángeles

David Hockney no siempre admiró la luz y el paisaje de Yorkshire. De niño anhelaba abandonar la Inglaterra gris y sombría en busca de sol y amplios espacios. “El espacio es una de las razones por las que vine a California. Soy un poco claustrofóbico y Londres me parece cerrado y oscuro. California en contraste es amplia y llena de luz”, dijo en su momento. El artista se estableció en Los Ángeles, lejos del oscuro, gótico, industrial Bradford de su infancia. Vivió en Los Ángeles casi cuatro décadas y, a pesar de lo disímil del paisaje y el clima, algunos obras trabajadas en California pronostican el paisaje inglés que hoy vemos en su exposición. Nichols Canyon, pintada en 1980, es uno de esos espectaculares ejemplos.

Sin embargo, en Pearblossom Highway, un collage de 700 fotografías Polaroid disparadas en abril 1986, ya muestra su preocupación por el movimiento y explora la utilización de nuevas tecnologías. Aunque la imagen se ubica en el oeste americano, retrata la perspectiva de manejo británica, pues la visión del conductor se ubica en el lado derecho de la carretera. Esto implica que su atención se fija en las señales de tránsito de la derecha. No obstante, la mirada del espectador, como la del pasajero, es libre de observar en varias direcciones. Hockney invita a la audiencia a un espacio pictórico movedizo, aparentemente atraviesa el desierto californiano en un automóvil que no vemos.

Woldgate y el invierno de madera

“En el este de Yorkshire no existen muchos turistas. Cruzan la costa, pero que yo sepa nunca nadie viene aquí de turismo. El paisaje es más sutil, mientras que en el oeste de Yorkshire es más salvaje y dramático. Y mientras la gente conduce por los Wolds, ni siquiera se percata de los campos, no se fijan en ellos”, ha declarado Hockney.

El grupo de árboles que retrata en A Closer Winter Tunnel refleja el pintoresco paisaje del este de Yorkshire. Como había dicho que “para hacer una declaración con tu obra, debes pintarla en grande”, el cuadro lo conforman seis telas que permiten observar la escena desde diferentes puntos de vista, tal vez detener la mirada en el todo o escudriñar sus elementos individuales. Al igual que en Pearblossom Highway, esta imagen alude a la diversidad de la naturaleza y motiva al ojo a deambular por el lienzo. O incita a perderse entre los árboles. En Woldgate Wood, 21, 23 and 29 November 2006, se intensifica la variedad de perspectivas disponibles y la grandeza del paisaje. Al representar un grupo de árboles y tres caminos que se unen, desafía al ojo al escoger un solo punto focal. Hockney no logra controlar el gran tamaño del cuadro. Las ramas se extienden más allá del lienzo, la altura es abrumadora, los colores del otoño deslumbrantes.

En Winter Timber, 2009, un enorme cuadro compuesto por 15 lienzos,
Hockney rinde tributo al ciclo de la naturaleza. Sorprendentemente yuxtapone los troncos recién cortados contra el tótem púrpura y el gran número de árboles azules que protegen la madera muerta. El cuadro resume no solo el ciclo de vida del árbol, sino que insinúa nuestra propia mortalidad y la conexión con la tierra.

Un iPad y nueve cámaras

El gigantesco trabajo de The Arrival of Spring in Woldgate, East Yorkshire, 2011 y los 51 cuadros que lo acompañan registran la transición del invierno hasta la primavera. Con la utilización del iPad, Hockney busca la inmediatez y se apoya en su incesante interés por la new media. Mucho más rápido que pintar con acuarela, el iPad le permite realizarsketches veloces. Captura la luz y el color en cuestión de segundos. En el cuadro siguiente dibuja un día de invierno en vibrantes tonos de rosas y verdes, reflejando incluso la nieve derretida. El artista utiliza el estilo y la aplicación de brushes. En el siglo XIX los tubos de pinturas plegables permitieron a los impresionistas trabajar al aire libre. En el siglo XXI, el iPad ha cambiado la experiencia de caracterizar el mundo, a lo que Hockney añade el uso de nueve cámaras de video para mostrar el paso del tiempo y los efectos de la naturaleza.

En otro video muestra a bailarines, perros que se pasean, y Hockney mismo dirige la escena en un colorido espacio donde suceden muchas cosas simultáneamente. “La muerte te espera, aunque no fumes”, reza el cartel que tiene en sus manos. A pesar de que la escena es alegre, el sarcasmo inglés y el mensaje fatalista son temas inevitables. “Existe una carga de melancolía contenida detrás de sus imágenes, trazos de una consciente perturbación y soledad: el tronco estéril, el camino que nos lleva a un siniestro y misterioso horizonte. Las imágenes del video realizado con multicámaras muestran un mundo natural que parece un lugar prohibido visto desde una carroza fúnebre”, escribió Andrew Graham-Dixon. Sin embargo, el mismo artista dijo hace unos años: “Pinto cosas que considero bellas, siempre lo he hecho. Es bueno para la salud”. Paisajes imponentes, pero con una sutil y oscura tensión.

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