Para aclarar dudas están los epicenos

Epicenos

Es cierto que, por la costumbre, o de tanto hablar, algunos errores pasan inadvertidos, por ejemplo, “jueza”, “ministra”, “presidenta”. Pero si nos detenemos a verificar si lo que escribimos está bien o mal, nos llevaremos varias sorpresas.

Hay algunos sustantivos que son comunes respecto al género (el/la bebé, el/la juez, el/la presidente) y otros que requieren de precisión, como en el caso de los animales:

  • jirafa macho – jirafa hembra
  • pantera macho – pantera hembra
  • lince macho – lince hembra
  • ballena macho – ballena hembra (ballenato es la cría de la ballena y vallenato es la música proveniente del Caribe colombiano).
  • pingüino macho – pingüino hembra
  • delfín macho – delfín hembra
  • hipopótamo macho – hipopótamo hembra
  • avispa macho – avispa hembra
  • cocodrilo macho – cocodrilo hembra

Epiceno —etimológicamente proveniente del griego común—, según el Diccionario de la lengua española (DLE) se define así:

epiceno

[epiceno]
ADJETIVO

  1. Gramática
    Dicho de un nombre animado: Que, con un solo género gramatical, puede designar seres de uno y otro sexo; por ejemplo, bebé, lince, pantera, víctima. Usado o usada también como sustantivo masculino.
  2. Gramática
    En algunas gramáticas, dicho del género: Que se atribuye a los nombres epicenos.

Un ejemplo muy común de epiceno es “víctima”, que se emplea para describir animales o individuos de ambos sexos. Sin importar que el género del sustantivo sea femenino, se utiliza para designar a los afectados, ya sean hombres o mujeres.

“La víctima, un hombre de 89 años, vestía chaqueta azul… la víctima, una estudiante universitaria, fue alcanzada por las balas”.

Otro ejemplo es el de “personaje”, que igual sirve para designar a un hombre o a una mujer; a nadie se le ocurre escribir “la personaja”. El ejemplo vale también para “miembro”, siempre masculino, a no ser que a alguien le dé la gana de decir “la miembra”.

El principal peligro de la improvisación cada vez que hablamos o escribimos es caer en lo que se denomina la corrupción del lenguaje.

A propósito de esta advertencia, el presidente de la Real Academia Española, entre 1998 y 2010 (dos períodos), Víctor García de la Concha, citó al sabio de las letras Andrés Bello con su frase: “Por la corrupción del lenguaje empiezan muchas otras corrupciones”.

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