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Mundo Diners al día

Tatiana Țîbuleac: "Hay que perdonar para escribir"

por Juan Camilo Rincón / Natalia Consuegra

Tatiana

La escritora moldava Tatiana Țîbuleac fue la invitada de honor a la FIL Guadalajara 2023. En esta entrevista habla de su nueva novela, 'El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes'.

Aleksy dice que su madre era bajita, gorda, tonta, fea y la “más inútil que haya existido jamás”. Así empieza su relato un pintor de renombre cuando, ante el bloqueo creativo producto de un accidente que lo deja estropeado, su terapeuta le aconseja escribir sobre el último verano que pasó con su mamá, catorce años atrás. 

Con esa crudeza la moldava-rumana Tatiana Țîbuleac nos entrega 'El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes' (Impedimenta), una novela dolorosa e incisiva entre malquerencias y asomos de luz en una relación llena de bruma.

El joven polaco y su madre enferma viajan juntos a un pueblo francés cerca al mar, donde el silencio es más pesado que cualquier ruido. Entre los rencores acumulados poco a poco se descubren de otros modos, reencontrándose entre las grietas de una relación deteriorada, escuchándose más e insultándose menos, pues Aleksy descubre al final que “los ojos de mi madre eran mis historias no contadas”.

Portada El verano en que mi madre
El último libro de Tatiana Țîbuleac.

¿Cómo surgió la historia de esta novela?

En ocasiones tengo muy pocas cosas claras en mi cabeza, pero creo que cuando comencé a escribir este libro había una acumulación de diferentes factores. Para entonces ya me había convertido en madre y de alguna manera estaba en un proceso de reparar mi relación con mi padre después de muchos años, por lo que empecé a verlo bajo una luz diferente. Estaba en París, lejos de Moldavia, así que supongo que comencé a escribir esta novela como una explicación para mis hijos -particularmente para mi primogénito- sobre cómo me siento como madre y cuáles son mis miedos. 

¿Cuáles son esos miedos?

Yo pensaba constantemente que no estaba haciendo lo suficiente, que tal vez no era una buena madre. Justamente por aquella época se dio la coincidencia de que Alexander y yo pasamos el verano con mi padre, y por primera vez lo vi de otra manera. Entonces regresé a casa y comencé a escribir; no me di cuenta de que lo estaba haciendo con una voz masculina pero me sentí cómoda, así que lo dejé. No sabía a dónde me llevaría esta historia porque al comienzo fue una especie de relato corto para un blog, pero seguí escribiendo hasta que se convirtió en un libro. 

La mayor parte de la novela transcurre en el verano, que asociamos con alegría y disfrute, pero usted crea una atmósfera sombría que es perfecta para la historia…

Eso surgió de manera natural, creo, porque yo misma no soy una persona alegre. Ese verano fue el escenario perfecto porque lo pasamos en un lugar para nada refinado ni parecido a las cosas exóticas que sabemos sobre Francia; no eran champaña y la Riviera sino un sitio en el campo, lo cual me gusta mucho, rodeado de naturaleza y con personas normales, así que no fue un entorno tan emocionante como para poner en una novela. Justo en ese verano empecé a pensar mucho sobre ciertas cosas de mi infancia; mi padre estaba con nosotros, lo vi interactuar con mis hijos y me preguntaba por qué él nunca se comportó así conmigo. 

¿Eso le permitió verlo de otra manera?

Lo descubrí bajo una luz diferente y así ocurre en la novela, cuando Aleksy descubre a su madre. Encontré que es un hombre maravilloso, sabe muchas cosas, es muy inteligente y divertido; le pregunté: ¿por qué no fuiste así cuando yo era niña? y él me dijo: yo no sería así si no me vieras así. Siento que fue una excusa, pero ahí estábamos, intentando forjar de nuevo ese vínculo. Convertirme en madre me permitió ver lo difíciles que son ciertas cosas en la relación con los niños, así que probablemente lo perdoné por ellas. Puedo decir que fue una historia que escribimos juntos.

Uno de los aspectos más poderosos son los matices de sus personajes. ¿Cómo logra crearlos?

No creo que en la vida misma puedas encontrar gente que sea solo buena o mala; todos somos buenos y malos al tiempo, y eso depende de las circunstancias. Yo no creo en los finales felices ni en ese tipo de felicidad hollywoodense. Rara vez en mi vida me he encontrado con una familia que es pobre o vive una tragedia o pasa por grandes dificultades y termina siendo muy rica y feliz. Vivo mi vida en una especie de ambiente muy modesto donde rara vez sucede algo extraordinario. 

… y eso alimenta la creación de sus personajes…

Y muchas veces me preguntan por qué soy tan cruel con ellos, ¡pero es que escribo la realidad! Para mí el objetivo de la literatura no es tener un final y un comienzo, sino simplemente echar un vistazo a la vida de alguien y hablar de eso. Creo que eso es lo que hago en mis dos libros: no necesariamente cuento una historia que te tienes que llevar contigo, tal vez solo estoy capturando unos segundos. 

¿Cómo trabajó narrativamente esos momentos tan crudos y a la vez tan hermosos donde nos revela lo más bello y lo más oscuro de cada personaje?

Supongo que siempre tengo miedo de que algo bueno suceda; siempre espero que algo malo llegue e invada así que, en mi experiencia, cada vez que algo es demasiado bueno, uno debería esperar algo muy malo. La relación entre Aleksy y la madre no es pareja porque hay demasiadas cosas que se encuentran entre ellos y por eso empiezo con una nota muy fuerte, con odio, aunque luego se va suavizando, y es porque de repente ellos dos se encuentran juntos sin nada más alrededor. 

De nuevo, los matices…

Eso es lo que sucede en la vida: necesitas un momento y un lugar para hablar con la gente de una manera diferente, incluso con aquellos a quienes odias, porque un día encuentras algo bueno. Creo que poder sentarse, hablar y permitir que la persona que está frente a ti lo explique, ayuda en la vida real. 

Dice que hay cosas de cada personaje en usted. ¿Cuál de ellos lleva más profundamente en su corazón?

Amo profundamente a la madre de este libro porque es una mujer que no sabe cómo ser feliz, no se le permitió esa oportunidad y además tiene un hijo a quien está haciendo infeliz porque no sabe cómo lidiar con él. Un trauma trae otro trauma, pero ella aún es una buena madre… ¡es que no hay solo una manera de serlo! Una madre sabe o debería saber exactamente lo que quiere un niño, que es más que comida y ropa. Creo que ella lo ama mucho y esa era mi idea de mí misma: tal vez no sea suficiente para Aleksy, pero es que tampoco sabe hacerlo mejor.

Para cerrar, ¿qué le gusta a Tatiana Țîbuleac de la literatura latinoamericana?

García Márquez es uno de mis favoritos, aunque ya es un clásico. Ahora estoy muy interesada en las voces nuevas y tengo un libro que me gusta mucho, 'La mano que cura'. He leído a Samantha Schweblin, a Fernanda Melchor; ambas me gustaron mucho. Encuentro extraordinaria la literatura en esta parte del mundo; hay muchas voces interesantes y diferentes que aún no han sido dañadas por los premios literarios. Creo que van a seguir ocurriendo cosas interesantes aquí porque, aunque hay mucha pobreza y violencia, al mismo tiempo hay gran diversidad y belleza. Debemos estar atentos a lo que está pasando de este lado.

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Autor

Acerca de Juan Camilo Rincón / Natalia Consuegra

Juan Camilo Rincón y Natalia Consuegra investigan, crean y escriben juntos desde hace quince años. Él es periodista cultural y escritor; sus crónicas fueron escogidas entre las mejores del diario El Tiempo en 2014 y 2018-2020. Natalia es pedagoga, creadora de contenidos culturales y correctora de estilo. Ha colaborado con la revista Publishers Weekly En Español.
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