El Ecuador ha tenido visitantes de todo tipo y en toda época, entre ellos destacan los poetas por su capacidad de reinterpretar al mundo con su pluma. Esta es la historia de tres de ellos, quienes dejaron a su paso un puñado de versos que desnudan al país tanto en sus debilidades como en su grandeza.
El gitano de los Andes Pedro Atienza

La poesía es un oficio con tan poca precisión matemática que fácilmente puede llevarle a un hombre a confundir 604 kilómetros cuadrados con 130. Así le pasó al poeta español Pedro Atienza (1955-2014), quien dejó trabajo y familia en Madrid para ir en pos de un amor a Chambo. Este, por supuesto, tenía nombre, apellido y profesión: Vilma Vargas, artista.
La conoció entre las carcajadas de un congreso de caricaturistas en la Fundación General Universidad de Alcalá de la que él era director en 2006. Luego, ella volvió a los Andes, pero el español era de esos poetas que se rehúsan a dejar un verso inconcluso, así que, tras un asedio telefónico de 365 días, disparó la flecha definitiva: “¡Iré a visitarte!”. El viaje en realidad tuvo dos episodios: el primero solo de un par de semanas y el segundo, en 2008, de un año.
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