
Noche negra es la cuarta novela de Pilar Quintana, escritora colombiana que logró reconocimiento internacional por La perra. En el libro vuelve a explorar la selva, que también es un laberinto y un abismo. La historia transcurre en los convulsos años 80 en Colombia.
Rosa es una publicista exitosa en la ciudad de Cali, pero no está conforme. Quiere escapar de una realidad que la aburre y de un pasado que la golpea. Decide mudarse a una casa en la selva con Gene, su novio irlandés, pero las cosas no resultan como imagina.
Él, curtido aventurero, debe viajar, dejando a Rosa sola en la naturaleza salvaje del Pacífico colombiano, donde el lugar se vuelve hostil. Los vecinos hombres, al verla en apariencia vulnerable, empiezan a irrespetarla.

Noche negra (Alfaguara) es una novela que narra la selva en detalle y también ahonda en la naturaleza del miedo, en los peligros reales y en los que están en nuestra mente, los infiernos internos y externos.
Ya Pilar Quintana había retratado la selva en La perra, y ahora profundiza en su complejidad. La autora, nacida en Cali, vivió nueve años en Juanchaco, en un entorno similar al descrito en sus libros.
¿Qué la llevó a retratar la selva, no como un paraíso, sino como un laberinto lleno de amenazas, y cómo dialoga esto con su experiencia personal en el Pacífico colombiano?
En el mundo occidental tenemos a veces una visión idealizada de la selva y de la naturaleza. Soñamos con una vida tranquila, alejados de las exigencias del mundo capitalista, en una casa sencilla en las montañas o frente al mar. Cuando tenía 30 años, llevé a cabo ese sueño en la selva del Pacífico colombiano y me di de frente con la realidad. La selva es bella, pero al mismo tiempo espantosa, y para nada es un lugar tranquilo donde podemos olvidarnos de todo y dedicarnos a la contemplación.
Siempre está al acecho, esperando dar el zarpazo para convertirte en abono. La vida en la selva es una lucha constante y te lleva al límite; te enseña de qué estás hecho en realidad y saca a flote la criatura bestial que vive dentro de vos. Ha sido una de las experiencias más intensas de mi vida. Quería retratarla y hacer una ficción con ella.
Rosa, la protagonista de Noche negra, huye de la ciudad para construir una vida en la selva, pero se encuentra con una soledad profunda y con parte de su pasado.
En Noche negra, Rosa se enfrenta por primera vez al silencio de la naturaleza, que casi siempre es ruidoso. Su marido se va y la deja sola en una casa a medio construir, que todavía no tiene puerta ni las cubiertas de las ventanas. La zona está alejada de la ciudad, y su casa está apartada del pueblo y de los vecinos, en medio de la selva. Quería indagar en lo que nos pasa cuando estamos de verdad solos y en medio del estruendoso silencio de la naturaleza, cuando la civilización parece cosa del pasado y debemos luchar por nuestra supervivencia. Rosa se escucha a sí misma y encuentra sus miedos y sus dolores primigenios, esos que tanto evitamos afrontar.
En su novela, la selva también es un espejo de lo difícil que es la vida en una ciudad, sobre todo, para las mujeres.
Me parece que todas las mujeres nos hemos sentido como Rosa: amenazadas por los hombres y por el entorno. No tenemos que irnos a la selva para sentirnos así. Todos los días sufrimos violencias en nuestras casas y en las calles, en los sitios donde estudiamos y a los que vamos para recrearnos. Y, como Rosa en la selva, también en la ciudad nos mantenemos alertas y listas para reaccionar cuando la violencia se presente.
La soledad de Rosa en Noche negra se intensifica en la oscuridad de la luna nueva, un momento de gran simbolismo. ¿Qué papel juega esta oscuridad en la novela, y cómo se relaciona con las ideas culturales sobre lo femenino, como la vulnerabilidad o la fuerza?
Cuando llegué a vivir a la selva, me sorprendió la oscuridad tan espesa de las noches sin luna y la claridad impresionante en las de luna llena. Viví en carne propia los cambios por las fases de la luna y las mareas. El pelo y las uñas me crecían más en luna creciente. Lo mismo pasaba con el pasto y los árboles. La madera se tenía que cortar en la menguante para que fuera más duradera. Los bichos estaban más activos en ciertas fases de la luna, y así mismo las mareas crecían o disminuían. En los días previos a la luna llena, escribía como loca y me daba insomnio, y en la luna nueva caía rendida.
El ciclo menstrual de las mujeres es de 28 días, como el ciclo de la luna. Yo no veo ahí, y en todo lo que enuncié, una relación mística, sino natural. Tampoco pienso que la luna o la oscuridad se relacionen con “lo femenino”. Las mujeres y los hombres somos parte de la naturaleza. Somos animales. Es algo que sabemos, pero que parecemos no terminar de creer. Nos sentimos especiales, distintos o superiores. Yo no creo que seamos especiales, ni distintos, ni superiores, y he dedicado mi carrera como escritora a contemplar nuestra naturaleza y contemplarnos dentro de ella. Esto comprende las ciudades y la selva, nuestra oscuridad y la oscuridad de afuera.
¿Con qué escritores de la región siente Pilar Quintana que dialoga su obra?
Noche negra es heredera de una larga tradición de literatura selvática de América Latina. Incluyo allí María, de Jorge Isaacs, La vorágine, de José Eustasio Rivera, las obras de Horacio Quiroga y Álvaro Mutis, y Cien años de soledad, de García Márquez.
Me gusta también pensar en un diálogo de mi obra con autoras que exploraron la psicología profunda de sus personajes o pusieron a sus personajes en ambientes rurales o alejados de la civilización, como Elisa Mújica en algunos de sus cuentos, Sara Gallardo en Eisejuaz y Los galgos, los galgos, Tomás González, Laura Restrepo en Delirio, William Ospina con su trilogía de la conquista del Nuevo Mundo, Mariana Travacio en Como si existiese el perdón, Selva Almada, Samanta Schweblin en Distancia de rescate y Esteban Duperly.
¿Cómo influye el contexto de la guerra colombiana en la construcción de la selva como un espacio de evasión sin salida?
Tarde viene Rosa a comprender los versos de Kavafis: “No hallarás otra tierra ni otro mar. La ciudad irá en ti siempre”. Ella se fue a la selva, pero hasta allá la persiguen los miedos, los dolores y las violencias (todas, incluida la política) de las que intenta huir.

