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Mundo Diners al día

La literatura latinoamericana se toma en serio a la locura

por Juan Camilo Rincón

Juan Gabriel Vásquez
El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez. Foto: Cortesía.

Los seres humanos habitamos el mundo entre la locura y la cordura, y la literatura latinoamericana ha sabido contarlo bien. Este es un breve recorrido por obras y autores que han hecho de la demencia y la lucidez parte de su narrativa.

Para sobrevivir en un mundo de lúcidos estándares muchos han escogido no reñir con la locura y hacer las paces con ella. Julia, una de las protagonistas de la novela 'Juntacadáveres' de Juan Carlos Onetti, eligió estar loca para seguir viviendo. 

En el cuento 'Un sueño realizado' el uruguayo nos cuenta que su protagonista comprendió que una mujer con la que él hablaba estaba loca y, entonces, se sintió más cómodo porque, además, ella tenía “su cosa razonable”.

La locura y sus metáforas

Algunos hablan de la locura como un alma hundida en la oscuridad “porque las tinieblas existen aunque usted no lo crea”, como lo dice el astrólogo en ‘Los siete locos’ de Roberto Arlt. En ‘Extracción de la piedra de locura’, la poeta, ensayista y traductora Alejandra Pizarnik la describe como un canto de niña perdida en una silenciosa ciudad en ruinas.

Es que el hombre moderno ha reconocido su propia voz en la palabra del loco, desde aquel momento en el que se dio cuenta de que podía romper los viejos moldes, quebrantar los límites de lo aceptado y lo conocido, e ir más allá de la racionalidad, dice la escritora y periodista Laura Restrepo.

En la literatura latinoamericana los locos han sido los sabios dueños de la verdad, que los sensatos se resisten a aceptar; han sido videntes, monstruos y brujas; aquellos malditos poseídos por demonios; los borrachos perdidos en su miseria; los anarquistas y los revoltosos; los que se burlan y cuestionan con sarcasmo las verdades que todos aceptan irreflexivamente. 

Son los extranjeros, los extraños, los intrusos, vagabundos y errantes de Cristina Peri Rossi de ‘La nave de los locos’. Son los quijotes que crearon una realidad propia y con ella suplantaron esa que todos “conocemos”.

Narrar y vivir el delirio

Restrepo, autora de ‘Delirio’, recuerda la demonización y al mismo tiempo la atracción morbosa que despertó durante décadas la histeria como forma femenina de ser, esa exhibición de mujeres con ataques y supuestas crisis que les eran exclusivas: “Las mujeres de La Salpêtrière comprendieron y usaron a su favor los privilegios que les daba el hecho de ser las que se desmayaban y convulsionaban”. 

También rememora la historia de Leonora Carrington, la pintora y escritora surrealista cuya osada y radical postura antibélica la llevó a ser encerrada en un sanatorio en España. Como castigo a su disidencia política y a su rebeldía, a muchas mujeres se las puso del lado de la locura.

A ellas se van sumando otros ejemplos, miles, en la literatura. A Agustina, la mujer enloquecida de ‘Delirio’, su esposo la encuentra un día transformada en un ser aterrado y aterrador al que apenas reconoce y cuya trastornada razón, dice él, “es un perro que me tira tarascadas pero que al mismo tiempo me envía en sus ladridos un llamado de auxilio que no atino a responder”. Así también se narra lo violentamente dolorosa que es, en algunos casos, la locura.

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La escritora colombiana Laura Restrepo. Foto: Cortesía.

La demente lucidez

Hay otras manifestaciones de la insania como una forma de lucidez que la literatura ha relatado como ambigüedad y con ironía: “No se trata de la abdicación de toda razón. Son, más bien, los personajes que se presentan como locos cuando en realidad son los únicos que ven las cosas con claridad y con verdad”, dice el escritor y traductor Juan Gabriel Vásquez.

Entonces encuentra la verdad de la locura de Hamlet o de los personajes de Onetti y su deseo de negar la realidad que les ha tocado, tratando de escapar hacia una vida imaginaria mediante el recurso de la ficción. De ahí que Javier Cercas afirme que don Quijote era un loco y, al tiempo, la única persona cuerda de toda España, el más sensato personaje capaz de pensar con lucidez sobre los asuntos más complejos.

La locura que se apodera del discurso del cuerdo y la cordura que habita en aquel socialmente estigmatizado como loco es uno de los intereses narrativos de la ecuatoriana Mónica Ojeda.

“La literatura más interesante es aquella que ha venido desbancando el estatuto social de la locura, atravesado de una u otra manera por la idea del monstruo o el paria que debe ser expulsado a la periferia, pues ocupa el lugar de la sinrazón o porque está lejos de la razón instrumental”.

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La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda. Foto: Cortesía.

La autora de ‘Mandíbula’ también habla de novelas más contemporáneas como las de Cristina Rivera Garza, quien ha repensado la locura como el lugar de la herida social que no se quiere ver, y una sociedad que no reconoce sus fallos, para terminar recluyendo -y excluyendo-. Apartar a los locos como solución.

En ‘El peligro de estar cuerda’ la escritora y periodista Rosa Montero hace un interesante recorrido por las manías, los temores infundados, las obsesiones y las parafilias de varios artistas y escritores. Y así van pasando la lucidez irónica de Clarice Lispector, León de Greiff, Alejandra Pizarnik o Gonzalo Arango, y de otros tantos a quienes se consideró que habitaban los márgenes de la prudencia. La locura también está fuera de las páginas y en quienes las escriben. 

El poeta chileno Nicanor Parra se preguntó: “¿Loco? No sé de qué se escandalizan tanto” y nos recuerda que “los locos hacen menos perjuicios que los cuerdos, unas pocas palabras verdaderas, mientras los señores sensatos nos amargan la vida con sus guerras, con sus idilios, con sus ecuaciones”.

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Acerca de Juan Camilo Rincón

Periodista, escritor e investigador cultural. Escogido entre las mejores crónicas de El Tiempo en 2014 y 2018-2020, y reseñista literario para ese diario colombiano. Libros publicados: Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Borges y Colombia, Viaje al corazón de Cortázar, Nuestra memoria es para siempre, y Colombia y México: entre la sangre y la palabra.
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