
En los últimos años, en la calle Junín, del barrio San Marcos (Centro de Quito), se han abierto talleres, galerías, museos, bares y restaurantes. La nueva vecina del sector es Trapi Space, la librería que Camila Uquillas abrió a finales de febrero de 2026.
San Marcos es algo así como un oasis en medio del desierto; en este caso, es un oasis en medio del ruido y del caos del Centro Histórico. Para llegar a este barrio hay varias opciones, pero la más sencilla es llegar a La Marín y subir por la calle Almeida hasta el cruce con la Junín. Justo allí, en el primer piso de una casa amarilla, está Trapi Space.
La casa tiene 120 años de historia y, solo en lo que va del siglo XXI, donde está la librería, antes funcionaba un taller de cerámica, una salchipapería, un cibercafé y una peluquería canina. Ahora, en la entrada hay una pizarra de tiza, unos letreros donde se lee: "libros nuevos, libros preleídos y accesorios literarios", y una maceta con ruda de un verde intenso.

En el interior de Trapi Space
Lo primero que tiene que saber es que Trapi Space no es una librería especializada en un género literario en particular. Como a Camila Uquillas le gusta leer de todo, desde ciencia ficción y fantasía hasta los clásicos y ensayos de actualidad, decidió que lo mejor para sus clientes era darles una oferta literaria variada.
A unos pasos de la puerta, en un mueble de madera y en medio de paredes verdes y amarillas, están las novelas, ahí aparecen títulos como El amor en los tiempos de cólera, de Gabriel García Márquez; Los ojos de Mona, de Thomas Schlesser; El Hobbit, de J. R. R. Tolkien; Siberia, de Daniela Alcívar, o Quijote, de Salman Rushdie.

En el mismo mueble hay libros que hablan de la historia o la geografía de Ecuador. Son títulos -cuenta Camila- que por interesan mucho a los turistas extranjeros que se hospedan en los hoteles del barrio. Ahí está Elogio de las cocinas tradicionales del Ecuador, de Julio Pazos, o Los Andes y el Amazonas, de James Orton.
Como Camila también es creadora de contenido para redes sociales, sabe que a las personas les interesan los libros adaptados a películas o series. De ahí que reunió en uno de los muebles títulos como Frankenstein, de Mary Shelley; Inferno, de Dan Brow; Desayuno en Tiffany, de Capote; o Ensayo sobre la ceguera, de Saramago.
Al cruzar un pequeño arco se accede a la parte posterior de la librería. Allí, hay biografías, novelas gráficas, libros en otros idiomas, sobre mascotas, arte, arquitectura, autoayuda y libros usados. Para Camila, lo importante es que cada persona que visite la librería conecte con alguna de las historias.

Más allá de los libros
Trapi Space existe gracias a la complicidad de varias personas, una de ellas es Viviana Castro, la mamá de Camila. Desde antes de la pandemia del covid-19, las dos juntaron sus intereses: la lectura y el arte para crear booknooks, objetos hechos a manos que hacen alusión a libros o personajes de libros y que se pueden colocar en medio de los estantes de las bibliotecas.
Con estas piezas, que pueden ser personalizadas, comenzaron a participar en ferias de libros; ahí nació la conexión de Camila con editoriales locales y dueñas de librerías de barrio. Si va a Trapi Space por estos días, seguro se encontrará entre libros de H. P. Lovecraft y Bertrand Russell con un booknooks sobre Alicia en el país de las maravillas, el clásico de Lewis Carroll.

Y en medio de los booknooks y de los libros, a Camila se ocurrió que sería una buena idea colocar unos sofás. No de esos incómodos que hay en las cadenas de comida rápida, sino unos donde las personas puedan sentarse y hasta reclinarse para leer a sus anchas mientras deciden con qué libro volverán a su casa. Su toque personal son los forros con imágenes de gatos lectores.
Para la dueña de Trapi Space es importante que su librería no solo sea un lugar donde la gente compre libros, sino un espacio donde se construya comunidad. “Pensé mucho en cada detalle, porque quiero que las personas se queden. Si alguien no encuentra el libro que estaba buscando, que no se vaya sin escuchar alguna recomendación o una buena charla”.
Mientras se corre el boca a boca sobre su librería, Camila sigue trabajando en la corrección de textos, creando contenido para redes sociales y organizando presentaciones de libros, talleres y participando en ferias. Si se preguntó por el origen del nombre de la librería, tiene que ver con una anécdota colegial que ella encantada se la contará cuando visite San Marcos.

