
La extinción de Irena Rey, de la autora estadounidense Jennifer Croft, es una novela que recorre y disecciona las entrañas calientes de la traducción y la escritura. Una de las preguntas que rondan la historia es: ¿El traductor es realmente un 'traidor'?
En el ámbito literario es conocida la expresión italiana “traduttore, traditore”: “traductor, traidor”. Pero, ¿a quién estaría presuntamente traicionando el traductor: al autor, a los lectores que confían en tener una versión fiel y sin cambios sustanciales de la obra de su escritor amado y admirado, a la editorial al entregarles un producto, sin que ellos sepan, que no es fiel al material original?
Estas y otras preguntas aparecen mientras nos adentramos en La extinción de Irena Rey (Anagrama, 2025) de la escritora y traductora Jennifer Croft (Oklahoma, 1981).
Más sobre Jennifer Croft
Croft es traductora del español, el polaco y el ucraniano al inglés. Es autora, además, de Homesick (Serpientes y escaleras, 2021), unas memorias ilustradas con las que consiguió el Premio Internacional William Saroyan en la categoría de No Ficción.
Jennifer Croft tiene un PhD en Literatura Comparada de la Universidad de Northwestern (2013), y un MFA en Traducción literaria de la Universidad de Iowa.
Ha recibido las becas Cullman, Fulbright, PEN, MacDowell y Guggenheim. Gracias a esta última escribió La extinción de Irena Rey.
Sus críticas y traducciones han aparecido en revistas como The New York Times, Electric Literature, BOMB, Guernica, The New Republic, entre otros.
Su ensayo Why Translators Should Be Named on Book Covers (Por qué los traductores deberían figurar en las portadas de los libros), publicado en The Guardian, lanzó la campaña #TranslatorsOnTheCover, que ha conseguido visibilizar la naturaleza colaborativa de la literatura traducida.
Es cofundadora, junto a las escritoras Pola Oloixarac, Maxine Swann y la traductora Heather Cleary, de The Buenos Aires Review, una revista literaria bilingüe (inglés/español) en donde publican poesía, ficción, ensayos y entrevistas.
Ha traducido al inglés numerosas obras de autores argentinos contemporáneos, como Agosto, de Romina Paula; La uruguaya, de Pedro Mairal, y Un cementerio perfecto, de Federico Falco.

La extinción de Irena Rey
En La extinción de Irena Rey un grupo de ocho traductores se reúnen en Białowieża -un pequeño pueblo cerca de la frontera de Polonia con Bielorrusia- para trabajar en la traducción de la nueva obra de la aclamada y, candidata al Nobel, Irena Rey, la cual suele realizar ese tipo de reuniones cada vez que está próxima a publicar un libro nuevo.
Decir que los ocho idolatran a Irena Rey es quedarse corto: se refieren a ella como Nuestra Autora, no tienen permitido traducir a nadie más y entre ellos -al menos al principio- se identifican, no por el nombre de pila o el apellido, sino por el idioma que representan: alemán, francés, inglés, sueco, serbio, etcétera.
Cuando Irena Rey desaparece no saben qué hacer: si salir a buscarla, si contactar a alguien que los pueda ayudar o quedarse en su casa, en medio de sus extrañas pertenencias, traduciendo la nueva obra maestra, ya que cabe la posibilidad de que la desaparición sea alguna especie de performance o reto, así ellos no entiendan el motivo.
La frontera difuminada
La historia, la cual se nos advierte que está basada en parte en hechos reales, es contada por Emilia, una traductora al español, quien la escribe una década después de acontecidos los hechos. En un detalle que no deja de ser curioso, la encargada de traducir dicha historia al inglés es Alexis Archer, compañera de Emilia en las cumbres de traducción en Białowieża.
El inconveniente es que Alexis es también un personaje en la historia, uno que en la percepción de Emilia tiene un rol antagónico, lo que crea un juego narrativo en donde se ponen en duda muchas cosas. ¿Por qué le permiten traducir una obra en donde ella misma es un personaje que además queda muy mal parado? Habiendo semejante conflicto de intereses, ¿no tendrían que haber buscado a otra traductora? ¿Quién puede asegurar que ella no ha alterado o agregado detalles para mejorar su imagen?
Esta rivalidad entre antiguas colegas, ahora escritora y traductora, se evidenciada en notas al pie de página que son hilarantes y en donde Alexis no tiene más remedio que intervenir y corregir detalles y hasta acusar o burlarse de la mala memoria o ignorancia de su colega.
¿Fantasmas de la literatura?
Es bastante probable que Irena Rey sea un copia de Olga Tokarczuk (Polonia, 1962), la escritora y ensayista polaca ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2018 y a quien Croft se ha encargado de traducir al inglés en varias ocasiones, llegando ambas a ganar el Premio Booker Internacional por la traducción de la novela Bieguni (Los errantes).
Aparte de profundizar en la traducción como arte, misterio y forma de vida, la obra cuestiona el rol del creador y la de su entorno, que atestigua su creación y la diseminación de sus palabras, las cuales se esparcen como esporas y germinan igual que los hongos que pueblan el bosque milenario de Białowieża.
La extinción de Irena Rey también juega con todos estos elementos, y los trastoca, a la vez que dirige el foco de la historia hacia la presencia del 'intérprete traidor', que es más importante de lo que muchos han imaginado o llegado a reconocer.
En la vida real, la traductora de esta novela es Regina López Muñoz, española con un currículo de más de cien títulos traducidos del francés, el inglés, el italiano y el portugués, en su mayoría narrativa contemporánea, memorias y cómic. En 2024 ganó el Premio Sophie Castille a la Mejor Traducción por el cómic Alison.

