
¿Ha escuchado de la ficción rara o weird fiction? Larvas, el segundo libro de cuentos de la escritora uruguaya Tamara Silva, es una lectura de cajón para adentrarse en este género literario cercano al terror, la ciencia ficción, la cultura popular y las películas B.
Larvas es un libro de cuentos perturbadores que encaja perfectamente en la ficción rara que están cultivando otras escritoras latinoamericanas como Fernanda Trías o Samanta Schweblin: una literatura donde los animales, el reino vegetal, todo lo vivo -e incluso lo inerte- son personajes que narran, inciden de manera decisiva en la vida de los humanos y trastocan el orden establecido.

En estos relatos encontramos una mujer que se convierte en roca, un niño-niña un poco marciano, una yegua que regresa de la muerte, un cementerio de animales que ejerce su influencia sobre los humanos cercanos y otros fenómenos que nos recuerdan que la vida es más amplia de lo que creemos, que está cerca de los sueños y que el orden racional cotidiano que pretendemos imponer a nuestras existencias es, en el fondo, ficcional.
Larvas es un libro que está lleno de deseo libidinal, instinto, animalidad y amores perrunos; nos muestra que estamos mucho más cerca de los animales y de la naturaleza de lo que pensamos, que somos sus hijos y que ella puede manipularnos a su antojo. Una vieja pregunta que circula por ahí -y que se le ha adjudicado a varios autores- dice: “¿Si Dios no existe, quién se está riendo de nosotros?”. En estos cuentos la respuesta parece clara: la naturaleza.
Mi piojito lindo
El libro consta de ocho cuentos. En el primero, Mi piojito lindo, un niño cría piojos, disfruta de su compañía y se convierte en el dios masoquista de un microcosmos que permite que los animalitos invadan su cabeza. Su padre y su hermana han desaparecido; su madre se aferra a la Virgen María y hace promesas. ¿Quién se los llevó? ¿Una entidad extraterrestre? El cuento se construye con vacíos y silencios, y al final resulta un poco incomprensible -quizá tenga demasiados huecos-, pero esa ambigüedad es parte de su encanto.
No acampar ni abordar
En No acampar ni abordar, la autora sigue a una mujer viajera que decide ir a Iruya, “una ciudad que se parece a un sueño, incrustada en la montaña”. Allí explora la naturaleza y descubre la suya propia, sin las máscaras de la vida urbana, guiada por otra mujer. El final trae un giro fantástico y poético. “Iruya muere a las siete de la tarde. El sonido de la montaña es hondo. Los colores también. Hay algo profundamente hermoso en este cielo. Algo distinto. Algo que me gustaría nombrar”.
La gallina ciega
La gallinita ciega es un relato en el que Silva explora la tragedia en un ambiente de juegos infantiles, el terror oculto dentro de los hogares y lo oscuro que se encierra en familias que solo quieren mostrar una cara amable a la sociedad. El final exige mucho esfuerzo para interpretarlo. Está bien que los cuentos no sean cerrados -como ocurre en los sueños o en una película de David Lynch, donde a veces no hay que entenderlos del todo, solo vivirlos-, pero no hay que abusar de la rareza: en un momento dado, cualquier cosa podría pasar por cuento.
Arena
En cambio, Arena, arena, arena es bellísimo: literatura fantástica que conmueve, donde la ternura -tan presente en la estética de la autora, como lo estaba en Julio Cortázar- brilla con fuerza. Dos hombres reciben la orden de un jefe vil de enterrar una yegua muerta (instrumento de trabajo), pero no pueden hacerlo y la hunden en el río. La yegua regresa de entre los muertos.
Más sobre Tamara Silva
- Tamara Silva Bernaschina nació en Minas, Uruguay, en 2000.
- Ha publicado el volumen de cuentos Desastres naturales (2023), galardonado con dos Premios Bartolomé Hidalgo (Narrativa y Revelación) y el Premio Nacional de Literatura en Ópera Prima; la novela Temporada de ballenas (2024), que obtuvo una Mención de Honor en el concurso Juan Carlos Onetti y el Segundo Premio Nacional de Literatura en Obra Edita; y el libro de cuentos Larvas (2025).
- Sus libros han sido reeditados varias veces y han recibido elogios en Uruguay y el exterior.
- Actualmente vive en Montevideo y es considerada una de las voces más prometedoras de la nueva literatura uruguaya.
Agua quieta
En Agua quieta aparecen de nuevo los niños y su universo imaginativo chocando contra el régimen de padres amargados que exigen orden y compostura. Hay un contraste recurrente en el libro entre el mundo infantil (lúdico, libre) y el adulto (lleno de responsabilidades y angustias). En este cuento, una niña sufre de los oídos; hay agua estancada, una voz que escucha y una relación con un acontecimiento familiar inesperado.
Jauría
La protagonista de Jauría es una perra salvaje que aterroriza a la gente, mata a un bebé y sigue con otras personas. Una mujer decide acogerla y se encuentra con su propia animalidad. El cuento habla de los instintos que reprimimos y del frágil orden -superficial, a veces aburrido, pero necesario y asombroso- con el que ocultamos nuestra ferocidad interior.
Larvas
El cuento que da título al libro, Larvas, es entrañable: dos chicas juegan libres en el río; una manipula a un pez sin mucha conciencia de su sufrimiento. Su amiga sufre extrañas consecuencias a partir de ese contacto intenso -y tal vez irresponsable- con la naturaleza. Tiene un giro fantástico que recuerda al mejor Cortázar y honra la tradición del cuento fantástico rioplatense.
La joven edad
La joven edad cierra el volumen como una novelita condensada que evoca a un Stephen King desangrado por insectos en algún paraje selvático de Latinoamérica. Una pareja huye de la ciudad para vivir en una comunidad rural idílica… pero hay un cementerio de animales que no permite que los habitantes sean los hippies que pretenden ser. Hay “pecados” de los que no escapamos tan fácilmente.
En su debut, Desastres naturales, Silva llenó sus relatos de un ritmo endemoniado, imaginación perturbadora pero tierna, capacidad poética y un espíritu salvaje, como el de un perro hambriento que quiere devorarnos. Esos cuentos eran sobre todo realistas, con ecos de Flannery O’Connor -ícono del gótico sureño- en su exploración del ambiente rural, su melancolía surrealista, sus injusticias y sus paisajes luminosos y avasalladores.
Larvas, en cambio, es más calculado, más pensado, más tradicional en la narración: parece una búsqueda consciente por explorar la estética de autoras que admira, como Schweblin. No alcanza el poderoso simbolismo que logra la argentina a través de sus giros fantásticos, pero Tamara boxea bien, sigue demostrando talento y, siendo aún muy joven, lo importante es que no pierda su autenticidad.

