Una asfixiante reclusión, vidas cargadas de obsesiones, un agotador vacío de sentido. En El monte de las furias está presente, aunque difusa y lejana, la impronta de Onetti. Claro, luego me enteré de que Fernanda Trías es uruguaya. Pero, mientras la narrativa del maestro es esencialmente urbana, huele a cemento y herrumbre, Trías nos propone un bosque nublado en un monte, palabra que significa montaña, pero sobre todo lo que crece sobre la montaña.
Pero no parece una historia de Uruguay, encontré algo más familiar en las descripciones del entorno, del clima y de la vegetación que la escritora parece conocer bien. Habla de frailejones y yarumos (guarumos en el habla ecuatoriana), de un bosque nublado andino. Y es que la autora vive desde hace una década en Bogotá.
La acción no se adentra en esa densa floresta, sino que se desarrolla en su periferia, en los linderos con una ciudad y pueblos de asentamiento irregular. La Montañera, como se llama a sí misma la narradora protagonista, vive cuidando “un alambre”, que señala la propiedad de alguien poderoso, de “la señora Gloria” o de “la cantera”, una explotación o una empresa dedicada a horadar el monte.
Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
Si eres suscriptor de la edición impresa solicita tu acceso.
Si no lo eres, elige tu plan
Revista digital
DESDE- Acceso ilimitado a todo el contenido digital de revistamundodiners.com
Revista impresa + edición digital
DESDE- Revista mensual impresa + acceso ilimitado a todo el contenido de revistamundodiners.com
- Envío incluído


