
‘Ruido blanco’, de la ecuatoriana Paula Terán, es una novela ambientada en un mundo distópico; en las ruinas que ha dejado una ficticia Tercera Guerra Mundial. Como todo momento que viene después de una catástrofe, la historia está llena de horror y de esperanza.
¿Cómo imagina la vida en la Tierra después de la Tercera Guerra Mundial? Paula Terán ensaya, desde la ficción distópica, un posible escenario, a lo largo de las casi 500 páginas de ‘Ruido blanco’. Su narración es simple y contundente, como un aguacero y está hilvanada, como una de esas mantas que nacen de las manos de nuestras artesanas.

Cinco datos sobre Paula Terán
- Paula Terán Ospina nació en Quito en 1986.
- Su vida profesional se ha desarrollado entre la literatura infantil y juvenil, la ilustración científica y la comunicación sobre conservación y naturaleza.
- Ha escrito tres novelas infantiles: ‘El valle de los siete colores’, ‘Nuevo mundo viejo’ y ‘Drácula vampira’.
- También ha ilustrado más de treinta libros para diversas editoriales y entidades como Unicef y WWF.
- Toca instrumentos de viento y percusión en un ensamble de música celta
Un ruido blanco
El mundo poscataclísmico imaginado por Terán se ubica en las primeras décadas posteriores a la tan temida Tercera Guerra Mundial. Se trata de una Tierra sin espacios y sin tiempos; sin ciudades ni estructuras; sin carreteras ni iglesias ni centros comerciales; sin anclas ni monumentos que recuerden o hagan referencia a todo lo que existió antes.
Todo sucede en un planeta raro que se va llenando de comunidades dispersas, de ayllus conformados por personas que -como marmotas- se atreven poco a poco a dejar sus refugios subterráneos antinucleares y se arriesgan a vivir su día a día en la superficie.
Esta nueva existencia no está exenta de los aciertos ni de los males que le son atávicos al ser humano. A las personas que buscan la posibilidad de construir una nueva vida se suman los malandrines del mundo pasado: asaltantes, invasores, esclavistas y hasta caníbales; es decir un mundo ya bien conocido, con una gran excepción: los durmientes.
El país de los durmientes
Los durmientes son los personajes que marcan la novedad en la novela de Terán. Ellos son los que desdicen a ese estereotipo -casi axioma- expresado alguna vez por el científico alemán Albert Einstein: “la Cuarta Guerra Mundial se peleará con piedras y palos”.
Estos durmientes son parte de los sobrevivientes de la hecatombe; Su existencia estopa marcada porque de improviso y sin ninguna causa o razón aparente se quedan dormidos sin remedio; un sueño parecido a un coma cataléptico pero lleno de terribles pesadillas, que obliga a sus coterráneos a recluirlos en las cuevas oscuras y silenciosas de los refugios.
Aquí, la imaginación de Terán, con acierto casi cinematográfico, va desenredando lentamente la madeja de esa anomalía hasta el momento en el que el lector se sorprende descubriendo su origen, hecho que sucede al final de la novela. Una génesis con una actualidad que vuelve a asustar y a condicionar a los pocos residentes de esa nueva Tierra.
Un guiño shakesperiano
En medio de este mundo distópico, Terán incluyó una historia de amor al más puro estilo shakesperiano. No obstante, el tratamiento sencillo, preciso y nada ampuloso del romance no atenta contra el desarrollo normal del relato; es más, funciona como una pausa necesaria en una novela que corre sin descanso, con la vitalidad de un pura sangre.
En esta historia, también aparece Noa, una adolescente que pasa sus días en uno de los refugios. Su inteligencia, que es tomada por los aldeanos como locura, es capaz de descifrar y traducir textos, de encontrar la esencia de las plantas y hasta de ver más allá de la racionalidad que se impone. Su aporte a la sobrevivencia del grupo es vital.
El lenguaje claro, con imágenes definidas y precisas, hacen que la novela se lea con facilidad, a pesar de los tecnicismos y nomenclaturas -de estricta necesidad- que se utilizan para explicar ciertos procesos y desarrollos tecnológicos. Y aunque en principio se trata de un libro pensado para un público juvenil, ‘Ruido blanco’ es una historia para cualquier lector.

