Luego de abandonar la política activa, Rodrigo Borja se entregó de lleno a la escritura. Su obra principal es la Enciclopedia de la política, un trabajo que podría entenderse como el resumen de su vida, pues unifica sus conocimientos teóricos con la experiencia acumulada en el ejercicio del poder.
Según cuenta Jorge Enrique Adoum en su libro De cerca y de memoria, Rodrigo Borja y él coincidieron en un viaje a Tenerife para asistir a una exposición de Oswaldo Guayasamín. El expresidente no se despegó del computador portátil donde escribía su Enciclopedia de la política. “Solo mientras caminaba no trabajaba”, anotó Adoum. Y así fue casi hasta su muerte en diciembre de 2025.
Aunque el título de esa obra apunta a un diccionario con definiciones frías y académicas, en realidad las sobrepasa porque cada entrada se enriquece con el conocimiento de un hombre fogueado por años en el debate público. La Enciclopedia no solo es un trabajo que duró cerca de treinta años, sino la vida misma de Borja transformada en letras.
La política según Rodrigo Borja

Rodrigo Borja nunca abandonó su vocación de docente; un tiempo la ejerció desde las aulas y luego desde los libros. Y la Enciclopedia de la política justamente se dirige a los lectores que gustan de los estudios sociológicos, pero también a los que ingresan en la política convencidos de que esa carrera no solo requiere discursos de tarima, sino preparación.
Por los dos tomos de la obra aparecen en orden alfabético las revoluciones de Cuba o México junto con términos como “neoliberalismo” o “integración económica”. Hay historia antigua, contemporánea, ideales que alguna vez triunfaron y otros que fracasaron.
Aunque, en ningún caso, Borja se limitó a una sola explicación, esforzándose por exponer de forma sintética y clara el conocimiento de tiempos pasados así como de los modernos. La Enciclopedia de la política siempre estuvo actualizándose y, por eso, su autor decía que su condena era quedar inacabada.
Además, los años de recorrido político de Rodrigo Borja y sus convicciones aparecen en los dos tomos de aquel libro y los llenan de vitalidad. Por ejemplo, explica el escritor Raúl Vallejo, cuando el autor se cruza con posiciones teóricas contradictorias, no teme asumir una y criticar la otra.
Así, en la entrada sobre el "Estado de bienestar" se mencionan los ataques de las derechas, que lo acusan de impedir la autoregulación del mercado, y de las izquierdas extremas que lo consideran un engaño del capitalismo. Borja los contradice: aquella idea "vertebró la convivencia social, impulsó el progreso económico y fomentó la equidad. Fue el instrumento de ejecución de los derechos económicos y sociales de la población, que de otra manera hubieran sido letra muerta".
Y es que este trabajo de Rodrigo Borja condensa al hombre que ejerció la política y al teórico que creyó en el socialismo democrático como el mejor camino para el progreso de los pueblos.
En los ‘recovecos de la historia’

Fuera de la Enciclopedia de la política, Rodrigo Borja escribió otros libros como Derecho político y constitucional. Sus páginas están dedicadas al estudio de la sociedad y el Estado. Aunque su primera edición es de 1971, se detecta en ella la vocación pedagógica que lo acompañó a lo largo de su carrera.
En esa misma línea publicó Socialismo democrático, Democracia y populismo, Sociedad, cultura y derecho, entre otros textos. Sin embargo, esta labor académica hace que se pase por alto su talento narrativo.
En 2003 apareció Recovecos de la historia, un volumen en el que recoge anécdotas sobre su vida y sobre los personajes que se cruzaron con él. Allí cuenta, por ejemplo, sobre su primer libro, el mismo que nunca llegó a la imprenta. Titulado La isla ensangrentada, el tema era la dictadura de Rafael Trujillo en República Dominicana.
Borja iba a llevar el manuscrito a un mecanógrafo, pero hizo una parada para enamorar a una joven quiteña y dejó el texto en un maletín de cuero dentro de su camioneta. Unos ladrones rompieron el vidrio y se lo llevaron. El escritor lamentó la pérdida sobre todo porque el libro probablemente terminó en un tarro de basura.
Con humor, el expresidente también cuenta sobre los grafitis que le dedicaban los quiteños durante su presidencia o el aterrizaje frustrado de Pinochet en Ecuador. Las anécdotas fluyen con lenguaje elegante y alimentan la sospecha de que por las venas del político corría la sangre de un literato.
Rodrigo Borja tras bambalinas

Una vez terminado su mandato presidencial en 1992, Borja se alejó de la política casi por completo y trabajaba en la Enciclopedia hasta catorce horas diarias. A los periodistas y amigos les decía que su esposa llegó a pensar que era un loco por eso. Y es que rara vez aceptó invitaciones a comer o a pasear ya que le restaban demasiado tiempo.
Las nuevas figuras del partido que fundó, la Izquierda Democrática, solían visitar su casa de vez en cuando, pero nunca con la intención de recuperarlo para una votación: el expresidente rechazaba su vuelta a cualquier cargo público. Incluso cuando varios exmandatarios del continente lo eligieron como primer secretario de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), duró apenas unos meses y se marchó antes de que se firmase el Tratado Constitutivo.
Leía mucho, especialmente historia y política, materias útiles para la escritura de sus obras. Su trabajo intelectual solo se frenaba un par de horas en cada jornada para dedicarlas a su otra gran pasión: el tenis.
Siguiendo dicha rutina, entregó a la imprenta varias revisiones de la Enciclopedia de la política (la original data de 1997). Y luego, en 2014, subió esa obra al internet para alimentarla de modo mucho más rápido y para alcanzar nuevos públicos.
La literatura, académica o no, fue su último campo de batalla. Con ella pretendía estimular a las nuevas generaciones a involucrarse en la vida pública, seguro de que el conocimiento es lo único que puede devolver la fe en la humanidad.

