
Leer poesía no es fácil. La razón quizás es que se ha olvidado su relación con la música. ‘O_SEA_FRESK.O._’ el nuevo libro del poeta Pablo Flores vuelve a los orígenes y nos ofrece un ejercicio donde el hip-hop, el anime japonés y el verso se fusionan para contar una experiencia aterradora.
La poesía sale del paraíso, pero sobre todo del infierno. O de los infiernos porque hay muchos. Así le ocurrió al poeta Pablo Flores (Quito, 1988), quien un día fue al barrio de La Mariscal para encontrarse con un amigo y mientras esperaba, unos desconocidos lo abordaron, sumergiéndolo en el sueño de la escopolamina.
Desde ese instante, el mundo se hizo mucho más extraño de lo que es: adquirió los colores y las formas de una pesadilla, en los que el absurdo es lo único que tiene lógica. No hubo robo ni catástrofe porque la suerte o quizá la torpeza de los delincuentes salvaron al poeta, sin embargo, esa experiencia se convirtió en palabra y música.
¿Quién es Pablo Flores?
El poeta entró de lleno en la literatura con los talleres literarios de la Casa de la Cultura ‘Benjamín Carrión’ cuando la primera década del siglo XXI estaba a punto de precipitarse por el abismo de la segunda. Allí, en una sala con sillas medio desvencijadas se apilaban los aprendices de escritores experimentando con la palabra como en un laboratorio.
Flores, igual que la mayoría de los talleristas de ese tiempo, formó parte de un colectivo y trabajó con los versos de una manera distinta: como si fuese un juego, los mezcló con vídeos y exhumó prácticas del surrealismo para, junto con sus compañeros, llevarlas a los pasillos de la Universidad Católica y convidar la literatura entre los estudiantes.

En 2013, ya en solitario, ganó la tercera convocatoria del Premio Paralelo 0 con su poemario ‘Cesado el nombre’ por ‘una concepción profunda y refinada de la poesía y por su original y sugerente trabajo con las imágenes’, según consta en el dictamen que dieron los jurados Iván Oñate, Lucrecia Maldonado y Carlos Garzón. Todo quedó dicho desde ese instante y apenas un año después consiguió la residencia creativa de la Fundación Antonio Gala para trabajar en una obra de teatro.
Hoy como ayer, Flores sigue experimentando para llevar la poesía a sus límites y al preguntarle cómo es un ‘poeta del paralelo cero’ responde con tranquilidad:
“Un poeta de ‘la mitad del mundo’ es como cualquier otro: un referente simbólico de la vida, alguien que pretende salir del lugar común. Es decir, que no es una víctima de las circunstancias o las complicaciones derivadas del país”.
¿Qué es poesía?
Flores explica que su poesía implica “luchar contra las limitaciones propias, al estilo de Balzac, o con los prejuicios que se convierten en convicciones”. Opta por un “lenguaje experimental porque ofrece caminos liberadores: hay que ‘irse por la tangente’, correr el riesgo y no repetir fórmulas”.
En sus versos fluyen por igual manifestaciones populares al estilo del hip-hop o mucho más académicas como la filosofía. Más que un artista es un jugador que apuesta todo por la literatura, vertiendo su experiencia -libros, viajes, aventuras- en una poesía que no es la de los versos tradicionales, sino una que puede leerse de atrás para adelante o de arriba hacia abajo.
Además, nunca descarta la música ni otras disciplinas artísticas. Se lo puede encontrar rompiendo rocas para escribir con asfalto o invitando a sus amigos a transformar cada sílaba en ‘beats’.
‘O_SEA_FRESK.O._’

Desde el título, el libro provoca. Como escribe el poeta Juan José Rodinás, los guiones son ese “espacio en blanco donde el lector debe seguir el golpe con el pie, el bombo y la caja, pero también son señales de tránsito que piden a la mente que sea creadora de ‘beats’, que fabule un ritmo soterrado, que no lea el libro como si fuese un periódico”.
Así lo confirman las presentaciones de ‘O_SEA_FRESK.O._’en el Centro Cultural Benjamín Carrión de Bellavista en Quito y también en la Casa Patrimonial Municipal de La Lira en Cuenca, pues tienen mucho más de concierto que de recital poético porque los improvisadores de hip-hop y los cantantes aparecen mezclados entre los poetas, volviendo a una tradición antigua donde la música y la literatura eran una sola cosa.
Pero eso no es todo: el libro es una exploración de la mente de un artista que alucina por efecto de la escopolamina y, por eso, el texto es una sucesión que deja al lector casi sin aliento. Por allí aparecen recuerdos de un anime japonés visto durante la infancia o las imágenes distorsionadas de un Quito violento, incomprensible.

‘O_SEA_FRESK.O._’ es novedoso por la propuesta que no solo tiene que ver con el fondo, sino también con la forma: las letras en mayúsculas y acompañadas de rayas largas aparecen ordenadas en rectángulos perfectos que solo se cortan cuando, desafiante, surge una viñeta japonesa.
La poesía es uno de los géneros menos leídos. Es incomprendida. Y la razón probablemente se deba a que, en algún momento de la modernidad, se dejó de lado la música que contiene para transformarla en un ejercicio prosaico y de academia. Libros como el de Flores la devuelven a su origen.

