La llamada “novela de no ficción” es un género ambiguo que se está imponiendo en la literatura. Son relatos de hechos reales que usan técnicas novelísticas, sin falsificar ni distorsionar lo sucedido. Por ejemplo, utiliza diálogos y lo expuesto no tiene que ser verificado necesariamente con métodos históricos, sociológicos o de cualquier ciencia. Por eso, a diferencia del ensayo académico, rehúye las citas textuales y las referencias bibliográficas. Las narraciones no son cronológicas, sino que se permiten juegos de tiempos, con retrocesos y anticipaciones. Y es que están más orientadas no a informar, sino a causar una sensación estética similar a la novela clásica. En esto estaría su clave.
Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958) ha escrito con mucho oficio varias novelas propiamente dichas, como La oculta, una historia inventada, eso sí hiperrealista, situada en contextos sociales y culturales concretos. Sin embargo, el libro que lo consagró internacionalmente es El olvido que seremos, una narración de la vida de su padre, un médico que se volvió activista de los derechos humanos y terminó asesinado en la violencia endémica de Colombia. Esta obra es un modelo, arquetipo y paradigma de la “novela de no ficción”. Y es en este género (¿o géneros?) que se inserta Ahora y en la hora, su más reciente publicación.
Memoria, confesión y crónica
El texto tiene una buena parte de memorias, referidas a las dos décadas transcurridas desde la publicación de El olvido que seremos. Abad Faciolince cae en cuenta de que ya ha vivido más años que su padre y que empieza a enfrentar la vejez. Ha sobrevivido a la covid-19, que lo dejó casi sordo y sin olfato, y a un infarto ocurrido poco antes de aceptar una invitación a Ucrania, para asistir al lanzamiento de su famosa obra.
Allá, a pesar del peligro que representaba, se empeñó en acercarse a la línea del frente, donde se libran los combates entre los invasores rusos y el ejército ucraniano. Fue con un grupo de cinco personas, entre las cuales estaba la activista ucraniana antirrusa Victoria Amelina, a quien el autor conoció en ese viaje. En la ciudad de Kramatorsk concurrieron a una pizzería que a esas horas solía estar llena. Allí los atroces rigores de la guerra se cruzarán en sus vidas.
Ahora y en la hora es apasionante e informativa, pero también es un alegato a favor de los derechos de un pueblo agredido y en contra de los crímenes de guerra cometidos cotidianamente por los atacantes. El escritor no escatima descalificaciones al referirse a Vladímir Putin, a quien considera el hombre más peligroso para la humanidad desde Adolf Hitler. Y de manera rotunda se proclama partidario de los valores occidentales.
Poseedor de una cultura literaria impresionante que pone al servicio de una prosa refinada y eficaz, nos proporciona un libro superior en un momento en que lo superficial y despreocupado acapara los anaqueles.


