
‘La policía de la memoria’ es una novela de la escritora japonesa Yoko Ogawa que sus publicistas venden como distopía o ‘thriller’, pero ¿están en lo correcto o la obra es una metáfora mucho más compleja?
Hoy, buena parte de los libros y las películas retratan al hombre contemporáneo como un ser hundido en la angustia y la incertidumbre. Y es que en tiempos de crisis, el individuo y sus necesidades pasan a segundo plano.
Sin duda, esa es la preocupación central de Yoko Ogawa en su novela ‘La policía de la memoria’: el surgimiento de una sociedad donde la gente se consume poco a poco y sin resistencia porque su fuerza motora -los recuerdos de lo que amó, le hizo feliz o hasta lo entristeció- ya no existen.
El fin de la memoria

En las librerías, ‘La policía de la memoria’ suele estar escondida entre los volúmenes de ‘thrillers’ o distopías. Sin embargo, ninguna de aquellas etiquetas es precisa porque en esta novela ambos elementos son apenas un pretexto para hablar del olvido.
Yoko Ogawa nos encierra en la cabeza de su protagonista, una escritora, quien ya en el primer párrafo dispara: “vuelvo a preguntarme qué fue lo que desapareció primero en nuestra isla”. No hay una respuesta, aunque sí quedará claro muy pronto cuál es el daño colateral de tal evento.
Pero todo se esfuma por efecto de la desmemoria. Así, un día los pobladores despiertan sin el recuerdo de los pájaros, las flores o los barcos y, luego, sin una orden específica pero sabiendo que es su obligación, salen a las calles para incinerar cualquier cosa que pueda hacerlos recordar.
No está claro si existe un alimento dañino o si el olvido se detona por un decreto; el hecho es que un cuerpo de policía especializado se encarga de mantener el orden entre los desmemoriados y de perseguir a los pocos ‘fenómenos’ que se salvan de serlo. Entre ellos: el editor de la protagonista, un hombre al que ella termina ocultando en un cuartito bajo el suelo de su casa para tratar de protegerlo…
El relato no tiene el vértigo del ‘thriller’, quizá debido a sus imágenes y alegorías abundantes. Mas no aburre, aunque sí tiene un defecto: muchas veces la narradora habla de objetos que teóricamente no recuerda porque el relato mismo lo exige, metiéndola en un callejón sin salida.
En todo caso, esto puede pasar por alto ya que no se trata de una novela realista, sino de una metáfora tal vez del alzhéimer -enfermedad con episodios parecidos de lucidez- y que ilustra la tragedia de un ser humano cuando ha perdido el control sobre su mente.
¿Quién es Yoko Ogawa?
Ogawa nació en la prefectura de Okayama, al oeste de Kioto, en 1962 y tiene varios premios entre los que destacan el Tanizaki, uno de los más relevantes del Japón, y la Orden de las Artes y las Letras de Francia. Por otro lado, su producción no se circunscribe a la novela, sino que coquetea con la divulgación científica o el relato de corto aliento.
La escritora se declara lectora ferviente de Murasaki Shikibu, clásico de su país, Paul Auster y, en especial, ‘El diario de Ana Frank’, libro que la cautivó en la adolescencia y le permitió descubrir su pasión por la escritura, enseñándole que la palabra es una forma de ejercer la libertad.
Pero el parentesco literario con Ana Frank va más lejos: Ogawa cree que enclaustrarse sirve para encontrar respuestas y no solo para huir, de modo que ella y sus personajes no se agobian por el confinamiento, sino que se sienten arropados por él. Y aquí está la clave de su obra, pues en una época en el que todos desesperan por exponerse en la calle o en las redes sociales, ella prefiere tomar distancia y estudiarse.
Por eso, la obra de la japonesa no tiene mucho que ver con las distopías de Orwell, Huxley o Bradbury; su naturaleza no es política o social, sino filosófica y las desapariciones son síntomas del vacío de los humanos o, al menos, de su fragmentación.
Al final, la literatura ha convertido a Yoko Ogawa en una suerte de ‘policía de la memoria’, en el sentido de que ve en ese arte el medio más fiable para conservar la razón.
Su prosa delicada pero penetrante es capaz de dar expresión a los elementos más sutiles de la psicología humana.
Kenzaburo Oe sobre Yoko Ogawa.
La obra en español
Yoko Ogawa es una de las autoras japonesas más traducidas, sin embargo, tardó en llegar al español. Por ejemplo: ‘La policía de la memoria’ se publicó en Japón en 1994 mientras la versión para hispanohablantes apareció en la colección Andanzas de Tusquets en 2021.
Antes, en la primera década del siglo XX, la editorial Funambulista tradujo otras obras de Yoko Ogawa, pero había transcurrido casi una década desde su edición original. La demora quizá se explica en la dificultad que implicó verter al castellano una literatura cargada de imágenes y referencias culturales niponas.
Algunas de sus obras traducidas al español son:
- ‘Perfume de hielo’ (Funambulista, 2009).
- ‘La residencia de los estudiantes’ (Funambulista, 2011).
- ‘La niña que iba en hipopótamo a la escuela’ (Funambulista, 2011).
- ‘La piscina’ (Funambulista, 2012).
- ‘Lecturas de los rehenes’ (Funambulista, 2016).
- ‘Hotel Iris’ (Funambulista, 2017).
- ‘Introducción a la belleza de las matemáticas’ (Funambulista, 2017).
- ‘El museo del silencio’ (Funambulista, 2020).
- ‘La policía de la memoria’ (Tusquets Editores, 2021).
- ‘La fórmula prohibida del profesor’ (Tusquets Editores, 2022).
- ‘Venganza’ (Tusquets Editores, 2023).


