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Mundo Diners al día

Mauro Javier Cárdenas y el ‘sueño americano’ en tiempos de Trump

por Andrea Rojas Vásquez

Mauro Javier Cárdenas
American abductions, la novela del escritor ecuatoriano Mauro Javier Cárdenas ya tiene una edición en castellano, de editorial Perséfone.
TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS

American abductions, la novela que el escritor ecuatoriano Mauro Javier Cárdenas publicó en 2024 ya tiene una edición en castellano de la mano de editorial Perséfone. Aunque Cárdenas escribe su obra solo en inglés y desde Estados Unidos, en su última visita al país su habla ágil y risueña delató su corazón guayaquileño.

Secuestros estadounidenses, la edición es castellano de American abductions llega a Ecuador en un momento en que la deportación masiva de migrantes latinoamericanos adopta formas agresivas y alarmantes. Basta recordar el caso de Liam Conejo Ramos. Una escena real que parece propia del universo ficcional de Mauro Javier Cárdenas.

Esta no es una novela aislada: continúa el proyecto narrativo que Cárdenas inauguró con Aphasia, centrada en la figura de Antonio, el padre de esta misma familia. La nueva historia presenta un futuro cercano de Estados Unidos, gobernado por un jefe racista, en el que los latinoamericanos son expulsados, las familias quedan separadas y los niños terminan atrapados en el sistema de adopción. 

Secuestros estadounidenses

En ese contexto, a Antonio, analista de bases de datos, lo "secuestran", es decir, lo deportan, frente a sus dos hijas mientras las lleva al colegio. El relato presenta a las hijas de Antonio, Ada y Eva, quienes, después de la muerte de su padre, intentan reconstruir lo ocurrido a través de las grabaciones que él hizo al entrevistar a otros deportados. 

Entre esas voces está Elsi, Auxilio y Roberto Bolaño Junior. Figuras paranoides y voces delirantes que cuentan sus sueños con imágenes extrañas e impredecibles y ofrecen rastros de los recuerdos de su deportación y del miedo que los persigue.

cardenas

Detrás de esas voces hay un sistema de vigilancia hecho de algoritmos y centros de datos que recopilan imágenes, videos y llamadas de los latinoamericanos dentro y fuera de Estados Unidos. Es el mismo ente regulador que decide quién es deportado y que, a la vez, vigila el rendimiento laboral de los que se quedan. 

Antonio piensa y habla con la misma lógica condicional de una computadora, y llega a programar para sus hijas una máquina que reproduce frases de la escritora surrealista Leonora Carrington como una manera de seguir hablándoles después de morir.

En cuanto a la forma, Cárdenas se zambulle en la narrativa con soltura al crear capítulos que son un solo párrafo laberíntico y, como un nadador que conversa con las honduras del agua, se mueve con agilidad entre distintas asociaciones, sin miedo a cambiar de corriente. Sin duda, una prosa turbulenta que exige al lector adaptarse a una gramática anárquica. 

¿Qué detonó la ecritura de Secuestros estadounidenses?

Un escritor puede escribir de lo que quiera, pero tiene la enorme responsabilidad de investigar a fondo y ponerle límites a su imaginación para no asumir que todas las experiencias de migración o exilio son iguales. El peligro de no hacerlo es terminar creando caricaturas o puntos de vista racistas del otro.

El tema me interpeló de forma puramente emocional al ver un video viral de un padre siendo secuestrado por agentes de ICE frente a sus hijas pequeñas. Como padre de dos hijas, me dolió profundamente imaginarme en esa situación. 

¿Por qué estructurar la novela a través de oraciones kilométricas, llenas de interrupciones y diálogos?

Las interrupciones me encantan porque son sumamente humanas; reflejan cómo funciona la vida real. En cuanto al diálogo, lo elijo porque me permite situar a los personajes en un plano estático. En la literatura convencional me aburre muchísimo el andamiaje explicativo de "Antonio cruzó la calle" o "abrió la puerta". Prefiero eliminar esa estructura básica y enfocarme únicamente en la intimidad de dos mentes conversando.

En la novela hay una fuerte presencia de los sueños. ¿Por qué?

Me fascina soñar y habitar esa dimensión, pero en la literatura estadounidense contemporánea existe un fuerte prejuicio contra los sueños; se los suele relegar a la comedia o se los incluye en malos libros. Para evitar caer en esa trampa, me impuse tres reglas: primero, el sueño dentro del relato debe ser sumamente corto; segundo, la interpretación o las vueltas que le da el personaje a ese sueño deben ser extremadamente largas; y tercero, el sueño, en última instancia, no puede ser interpretado de forma definitiva. De este modo, el sueño se mantiene como otra dimensión de la existencia del personaje.

¿Por qué escribir en inglés?

Al emigrar a los 17, mi español oral quedó congelado en la jerga de un adolescente. Para escribir en español con la riqueza léxica de Cristina Burneo (la traductora de American abductions) , necesitaría otros veinte años de práctica constante.

El inglés, me permite distanciarme y construir una sintaxis sumamente artificial y rítmica. No me interesa que mis personajes hablen como la gente real; me interesa crear un sonido artificial que exista bajo sus propias reglas poéticas, algo tan singular que ningún escritor estadounidense vivo hoy pueda replicar en su propio idioma. 

¿Cómo fue el proceso de traducción y la decisión detrás del nuevo título?

Durante meses debatimos opciones, incluyendo la palabra "abducción" por su tinte de ciencia ficción, pero no nos convencía. En inglés, los gringos se refieren de manera grandiosa a su país como "América", lo cual me molesta porque se apropian de un término que pertenece a todo un continente. En español tenemos la suerte de contar con la palabra "estadounidense", que es sumamente exacta, aunque en inglés no se utilice cotidianamente un equivalente. 

¿De qué manera influyó tu trabajo en el sector financiero en la paranoia tecnológica que impregna la obra?

Trabajo en un banco como programador de datos. En el pasado, parte de mi labor consistía en ver bases de datos que registraban consumos detallados para predecir necesidades comerciales, algo que parecía una película de espías. Al ver esos formatos, comprendí cómo la tecnología puede ser utilizada en nuestra contra.

Hoy en día, agencias como ICE compran esta información a empresas privadas para localizar a migrantes en cuestión de minutos usando subastas de datos. La hipervigilancia ya no es una fantasía de ciencia ficción; es una realidad asfixiante. Si un dictador decidiera perseguir a cualquier persona con una característica específica, la infraestructura tecnológica actual le permitiría cruzar bases de datos y cámaras de vigilancia para encontrarla de inmediato.

¿Es Secuestros estadounidenses un gesto de denuncia política? y ¿A quién va dirigida realmente esta novela?

Podría ser que sí sea un gesto político. No empecé el libro pensando: voy a escribir algo que va a impactar y cambiar las cosas; esto no se cambia así. Estos libros no están escritos para tratar de cambiar a los racistas nacionalistas que viven en Estados Unidos. Este libro es para nosotros, los latinoamericanos, para poder hablar sobre esto entre nosotros, y para los americanos que se interesan por estos temas. 

¿Cómo concilias hoy tu identidad con el desencanto frente a la idea del 'sueño americano'? 

Migré condicionado por la propaganda que nos pintaba a ese país como el mejor lugar del mundo. Iba con la idea de estudiar economía en Stanford para regresar a ser ministro en Ecuador. Con el tiempo, te das cuenta de que es una idea absurda.

Mi identidad real está en mi día a día: escribir por las mañanas, cumplir con mi trabajo corporativo de oficina, andar en moto escuchando hard techno y meterme a un cine en Berkeley a ver películas húngaras o japonesas. De hecho, mi quinta novela aspira a funcionar como un manual para los jóvenes latinoamericanos, para que entiendan que hay mejores futuros en Latinoamérica, Asia o África.

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Acerca de Andrea Rojas Vásquez

Escritora, Tcnlga. Agroindustrial y gestora cultural. Premio Nacional de Poesía Ileana Espinel Cedeño (2021). Autora de la plaquette Ay mi conejito era tan picarón en ritmo de raro adagio (Y punto, Loja, 2018), Matar a un conejo (El Quirófano, Guayaquil, 2020), Llévame a casa, por favor. (Libero Editorial, España, 2022) y Furia (Editorial Ruido Blanco, Quito, 2023). Actualmente estudia Lengua y Literatura en la UTPL y es freelance en trabajos editoriales. Ama a: una sábila bebé, una Almendra del Mar y un Gatito Bigotes.
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