La idea de utilizar la literatura como medicina ha fascinado a la humanidad a lo largo de los siglos. Algunos autores han plasmado en sus obras los males cotidianos, ofreciendo recetas para conservar la salud mental, mientras que otros proponen que el simple acto de la lectura puede ser la medicina que todos necesitamos.
En 1916, en la revista bostoniana The Atlantic Monthly, Samuel McChord Crothers escribió “A literary clinic”, una historia en la que el narrador se encuentra con un viejo amigo, el Dr. Bagster. Se trataba de un hombre dedicado al trabajo social, que había creado un instituto bibliopático en el que trataba a sus pacientes utilizando libros como remedios. McChord refiere que le llamó la atención el letrero de la entrada, que anunciaba:
“Clases para cansados hombres de negocios. Las esposas de cansados hombres de negocios recibirán tratamiento individual. Las madres cansadas, que quieran leer por salud, pueden dejar a los niños en la guardería”.
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